Mostrando entradas con la etiqueta afirmacionismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta afirmacionismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de mayo de 2023

PRESENTACIÓN LIBRO: ECONOMÍA DE LA VIDA

Muy bonita presentación del libro Economía de la vida en Córdoba, de Francisco Almansa.

¡Muchas gracias a la editorial Utopía por apoyar y creer en este proyecto y a nuestro amigo Paco Acosta, profesor de Historia contemporánea de la Universidad de Córdoba!


 





miércoles, 27 de julio de 2016

LA FILOSOFÍA Y LA BELLEZA


Rafael Sanzio, Escuela de Atenas (detalle), 1509-11

Francisco Almansa González.

La filosofía tiene como objeto de análisis la Verdad, que es la Belleza del Ser. Así pues, es el pensamiento que tiene como fin embellecer la vida, que es ni más ni menos que hacerla transparente en el cambio. Por tanto, resulta deseable que cada ser humano sea un filósofo, cuyo fin sea el de embellecer su propia vida y procurar también un mundo bello. Esa vida bella implica asimismo sabiduría, ya que supone establecer una serie de prioridades vitales, es decir, tomar decisiones conforme a una jerarquía de necesidades. En definitiva, la filosofía busca una visión unitaria del todo, holística; en consecuencia, siempre ha de remitirse a una referencia última, como es el Ser. Esto no lo hace la ciencia.

La filosofía constituye, pues, el metalenguaje más universal. Es, ante todo, búsqueda de sentido que trasciende toda particularidad y todo planteamiento utilitario. Tiene como meta comprender aquello que necesariamente hay que comprender para llegar a ser plenamente aquello que somos. Y aunque se la ha acusado con frecuencia de alejarse de la realidad con sus laberintos conceptuales y sus construcciones abstractas, lo cierto es que es la única ciencia que se ha esforzado por comprender la esencia de lo real en tanto que tal. Asimismo, la filosofía como razón nos permite el distanciamiento crítico de cualquier praxis científica o espiritual, lo cual contribuye a una mejor comprensión de ambas, y por lo mismo, a una relación mutuamente enriquecedora.

El filósofo nos brinda, a través de su obra, una vida de búsqueda de la autenticidad. Porque la filosofía es ansia de Verdad. Ese intento callado de muchos que pretenden vivir de forma auténtica es, en mayor o menor medida, filosofía. Con solo abrir unas páginas de alguna gran obra podemos tener constancia clara de esta lucha. La filosofía también es sabiduría, en el sentido tradicional de este término. Además, desde un punto de vista más práctico, nos ofrece un vínculo dialogal para establecer pautas fundamentales de comunicación o de relación, algo tan necesario en nuestro mundo.

Solo la filosofía, en la medida que es la más radical descontextualización del pensamiento de cualquier objeto determinado de la ciencia, permite observar las lentes con las que se observan comúnmente dichos objetos. Esto quiere decir que solo desde la filosofía podemos ser realmente críticos.

La filosofía, en tanto que pensamiento que se autorreferencia y que, como tal, reivindica la soberanía que le es propia, no posee objeto alguno, limitándose a exhibir una distancia "aristocrática" en relación a esos sistemas de pensamiento que giran servilmente en las órbitas de sus objetos. El pensamiento filosófico es realmente la forma más libre de pensamiento, porque es la forma de pensamiento más consciente de sí. Si hay algo que el filósofo le interese es precisamente el sentido de aquello que es. 

Al no plantearse actualmente la problemática sobre el Ser (el planteamiento más universal), puede decirse que tampoco existe filosofía. Se habla sobre lo que otros hablan, sobre el ente (la ciencia, el lenguaje -toda forma determinada de ser-).

Erection- Atenas (407 a. C.)
Los griegos fueron el auténtico origen de un pensar que se sitúa más allá de cualquier exigencia práctica, y justo por ello nos sirve de referencia universal para todas ellas; aunque, como todo lo universal, actúa siempre como trasfondo silencioso que permite encauzar la tumultuosidad del devenir de lo contingente. Ahora bien, los griegos, aún siendo los descubridores más consecuentes de dos referencias necesarias para nuestra autohumanización (el arte y la filosofía), sin embargo, no podían entender la trascendencia de sus propios descubrimientos porque carecían de conciencia histórica, lo cual solo es posible en relación a una utopía, que, situada en un futuro indeterminado, sirva de patrón para medir las carencias del presente.

La filosofía del sujeto inaugurada por Descartes, y que se prolonga hasta los existencialistas del siglo XX, donde el sujeto ha perdido toda certeza, ha sido tanto o más estigmatizada por la filosofía estructuralista y postmoderna que las filosofías antigua y medieval. Es por esto que, perdido el horizonte del pensar los objetos propios de la filosofía, como son el Ser, el ser del ente, los entes ideales, el sujeto -sea éste trascendente o no- como fundamentos de la Ética y de la Estética, se ha perdido la filosofía misma. Con esto se nos dice que nos hemos liberado de esas fantasmales abstracciones que nos apartaban de la contemplación de lo real, pero resulta que después de dichas "abstracciones", lo "real" no merece ser mirado, porque se ha vuelto abstracto. Todo aparece como un puro medio para otra cosa. Porque el medio, en tanto que tal, es la suprema abstracción, ya que no es nada por sí mismo.

En una auténtica obra de arte lo feo puede ser un elemento constitutivo de ésta, y, sin embargo, no por eso la obra deja de ser bella. El secreto está en que la negación en la obra no viene de afuera. Es inherente a la unidad de la misma. Lo contingente debe perecer porque sino no sería contingente. Ahora bien, solo en relación a lo contingente propio se tiene el derecho tanto de hacerlo nacer como de hacerlo perecer. ¿Por qué? Porque por lo contingente la Nada produce el devenir, y éste es nacimiento y muerte en relación a ella misma como Unidad de toda diferenciación. Estamos en presencia de la Vida en su máxima expresión, que es la de reconocerse como una y la misma identidad en todos sus cambios y diferencias.

Relacionados con estos temas le recomendamos el texto de nuestro blog: UTOPÍA

domingo, 3 de enero de 2016

TALLER: LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD


El próximo día 16 de enero (sábado), se celebrará en Sevilla un TALLER que tendrá por tema central: La instrumentalización de la sociedad. La actividad está organizada conjuntamente por las asociaciones 'Iniciativa Cambio Personal, Justicia Global' de Sevilla y por Aletheia. El taller constará de dos ponencias introductorias, a cargo de Francisco Almansa (filósofo y conferenciante) y de sesiones de debate abiertas a los participantes.

Adjuntamos el esquema de la actividad más abajo. Los interesados en acudir pueden escribir para ello, hasta el día 8 de enero, al correo de Iniciativa (personayjusticia@gmail.com) o al correo de Aletheia (aletheia@asociacionaletheia.eu). 

Su realización tendrá lugar en la sede de Iniciativa: 
Avda. Cristo de la Expiración, s/n - Bajo del Puente del Cachorro.- 41001 Sevilla  




TALLER «LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD».

HORA DEL ENCUENTRO: 10.00 HORAS DE LA MAÑANA.

ESQUEMA:

Iª PARTE:

10:15 h.-11:45 h.: Exposición

1. Qué es un instrumento y qué una realidad viva.

2. Diferencia entre sociedad instrumental y sociedad libre.

3. La evolución natural y social como control objetivo de la instrumentalización.

11:45-13:45h.: Debate

IIª PARTE:

16:00 h.-17:30 h.: Exposición

1. Un ejemplo de sociedad instrumental: la sociedad capitalista.

2. Formas de trascender la sociedad instrumental y el sujeto social para llevarlo a cabo.

17:30-19:30: Debate



domingo, 6 de diciembre de 2015

DOS LENGUAJES INSTRUMENTALISTAS DEL SISTEMA: FILOSÓFICO Y ECONÓMICO.


Hemos querido traer aquí varios ejemplos de lenguaje actual que nos instrumentaliza, tanto en el ámbito de la filosofía como en el de la economía. El primero corresponde al de la filosofía postmoderna, que más que filosofía es ideología instrumentalista de mercado capitalista, que rige actualmente nuestras vidas, y cuyo destino está ligado a los intereses del capital. El autor es el ¿filósofo? francés J.F. Lyotard, y la cita corresponde a su obra La condición postmoderna. Por cierto, y para sorpresa nuestra, participantes de las concentraciones del 15M sentían verdadera admiración por dicho autor:

El Estado y/o la empresa abandona el relato de legitimación idealista o humanista para justificar el nuevo objetivo: […] el poder […].
La cuestión es saber en qué puede consistir el discurso del poder, y si puede constituir una legitimación […] el juego técnico, donde el criterio es eficiente/ineficiente. La «fuerza» no parece derivarse más que de este último juego, que es el de la técnica. (P. 98).
.
A partir del momento en que el saber ya no tiene un fin en sí mismo, como realización de la idea o como emancipación de los hombres, su transmisión escapa a la responsabilidad exclusiva de los ilustrados y de los estudiantes. (P. 107).  

Lyotard, La condición postmoderna, Barcelona, Planeta, 1993. (Las cursivas son nuestras)

Hablan los economistas:

           El economista Ludwig von Mises, en su libro Liberalismo, expone de una manera bien clara cómo la libertad y, por tanto, otros valores, están subordinados a la productividad del trabajo. Y no se nos debe olvidar que quien aquí habla es un “liberal”:

Quienes propugnaban la abolición de servidumbre, aduciendo argumentos de tipo humanista, quedábanse dialécticamente desarmados cuando se les probaba que, en muchos casos, la institución favorecía e interesaba también a los pobres seres esclavizados. Lógica era la perplejidad puesto que un solo razonamiento válido hay contra la esclavitud […], a saber, que el trabajo del hombre libre es incomparablemente más productivo que el del esclavo. (P. 39). 

L. Von Mises, Liberalismo, Barcelona, Planeta, 1994.

Aquí se expone bien a las claras que la mayor o menor libertad del trabajador dependerá de la productividad de su trabajo en relación a quien posee la propiedad de los medios y recursos necesarios para el trabajo; y será el Estado de los propietarios, se supone, el que en cada momento regule el grado de libertad necesaria para incrementar la productividad.

En el artículo de Hernández Iglesias «La remuneración de los factores II», incluido en la Enciclopedia práctica de Economía (Orbis, 1987), hay un apartado que se titula «Inversiones de capital humano». En él se nos dice:

La escuela es, sin abuso de lenguaje, una verdadera factoría de capital humano. En esta actividad productiva, los trabajadores son los maestros que enseñan a los alumnos que aprenden. En muchos casos, el capital físico complementario con las tareas educativas representa una parte menor del coste total de la enseñanza. En este sector productivo sucede también, como el resto del sistema económico en su conjunto, que la mayor parte del coste corresponde a la retribución del capital humano […].

Aquí se expone de una manera palmaria, aunque eso sí, “sin abuso de lenguaje”, cómo el instrumento capital, pues el capital no tiene sentido por sí mismo, como cualquier otro instrumento, ha vampirizado hasta lo que puede considerarse la principal institución social, que, complementaria a la familia, no tiene o no debería tener otro fin que motivarnos y enseñarnos a ser lo que somos: humanos que no se comprenden sino con los “otros”, y los “otros” siempre somos todos. Y las habilidades técnicas o de cualquier otro tipo que han de ser enseñadas no pueden tener otro fin que reforzar y desarrollar nuestros sentimientos originales de sociabilidad.

Además, como sucede con la totalidad del lenguaje actual de la economía, carga “la mayor parte del coste”, cómo no, a la retribución del «capital humano». Pero se ha quedado corto, pues, en definitiva, todo coste puede ser reducido a retribución del trabajo humano. Que sepamos, a los lápices no les pagamos para que trabajen; y, asimismo, de igual manera que todo gasto es, en última instancia, una retribución de trabajo humano, aunque algunos no lo merezcan, todo lo producido en sociedad es también producto del trabajo humano, directa o indirectamente. 

La separación entre costes de capital físico y costes en retribución de “capital” humano puede tener sentido solo a efectos de una técnica: la contabilidad; pero, como diferenciación científica, en absoluto, pues no hace sino enmascarar la fuente de todo valor: el trabajo, a la vez que nos presenta a éste como “la mayor parte del coste”.

Conforme a todo lo expuesto hasta aquí, vemos cómo el lenguaje filosófico, por llamarlo así, otorga toda la legitimidad a la técnica y, como se sabe, la técnica es hoy el instrumento fundamental del capital, tanto para competir entre sí como capitalistas, como para competir entre sí como trabajadores para conseguir un puesto de trabajo. Es de sobra conocido esta última competición que lleva inexorablemente a la devaluación del trabajo, lo cual significa lo mismo que la devaluación del trabajador.

Como contrapunto a lo anterior, vamos a transcribir dos citas de los “tiempos oscuros” (como se suelen denominar, en contraste con la “luminosidad” de los tiempos actuales, a la Edad Media), donde de una forma breve se define a la mayoría de la clase trabajadora, que en aquel tiempo eran los campesinos; así como de dónde sale lo necesario de la vida y cómo realmente sale:

El código de Las Siete Partidas de Alfonso X El Sabio define a los campesinos como «los que labran la tierra et facen en ella aquellas cosas porque los homes han de vivir y mantenerse». Indispensables, vamos. 
 

Asimismo, se dirá, en el siglo XIV, en una reunión de Las Cortes de Castilla y León, refiriéndose al origen de las rentas de la corona: «Todo sale de cuestas e sudores de labradores». ¡Y eso que faltaban cinco siglos para que naciese K. Marx!

Por último, citaremos a G. W. F. Hegel, filósofo de los siglos XVIII y XIX, que ha sido estigmatizado como “totalitario” por los postmodernos como Lyotard o los liberales como el citado L. von Mises: «Este es el infinito derecho del sujeto: que se encuentre satisfecho de sí mismo en una actividad y trabajo». Claro está, está pensando en el sujeto social, ya que para Hegel el trabajo es tanto universal como singular, a diferencia del individuo abstracto del totalitarismo instrumental del capitalismo, para el cual el trabajo siempre es abstracto.

Francisco Almansa González

domingo, 13 de septiembre de 2015

¿ESTAMOS ANTE EL FIN DE LA TRANSICIÓN?

W. Turner, El barco encallado (1828)

Francisco Almansa González.

"Hay que articular un nuevo sujeto político". Esta es la frase que figuraba en el titular de un periódico pronunciada por el parlamentario y dirigente de Iniciativa per Catalunya Verds, Joan Herrera. Asimismo, en un espacio no muy lejano de dicho titular, se mostraba una frase de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, y considerada como la cabeza más visible de un «nuevo sujeto político» constituido por una panoplia de grupos que se dicen comprometidos social y políticamente con la regeneración de la vida política de este país.

La susodicha frase iba dirigida a los empresarios para transmitirles tranquilidad, pues por lo visto el sedante para la inquietud empresarial es la declaración explícita de no ser comunista. Si tenemos en cuenta la proximidad de "sensibilidades" ideológicas entre el dirigente catalán y lo que él representa, con los grupos que apoyan a la alcaldesa, y la alcaldesa misma, también a nosotros nos surge una incertidumbre que tememos nadie de ese mundo nos va a disipar; pues, a decir verdad, la única declaración sin ambigüedad de este nuevo sujeto político que dice estar articulándose, en cuanto a su ubicación ideológica, es precisamente esa: "no soy comunista". 

Por lo demás, ya se sabe: "somos los de abajo, la centralidad, pero más bien socialdemócratas, estamos con la gente, lo importante es la democracia participativa...", y así un largo etcétera. Todo un récord de fraseología hueca y ambigua para pretender ser un «sujeto político» que dice haber roto con el pasado. Pero si algo caracteriza a un nuevo sujeto político es precisamente la claridad de su lenguaje y sus fines, así como la novedad en relación al contenido de unos valores que ya habían sido vaciados de contenido. Los continuistas, y por ahora todas estas nuevas formaciones lo son, se conforman con meros ajustes cuantitativos que restablezcan un equilibrio social que consideran alterado por la irresponsabilidad de unos pocos. De ahí términos como el de casta, que tanto éxito electoral ha cosechado momentáneamente, pero con el cual se enmascara al verdadero sujeto económico-político, responsable en última instancia de la crisis global que se está padeciendo. 

Este sujeto no es otro que una clase social, y muchos candidatos para incluirse en la misma, que detentan el monopolio de los medios y recursos necesarios para la libre realización mediante el trabajo de la mayoría. Como a dicha clase social se la ha sacralizado como los "creadores de riqueza", lo que se les pide -no como clase, claro está, sino como individuos responsables de una función social- es precisamente eso: "crear riqueza". O sea, que cumplan escrupulosamente con su función social, a todas luces imprescindible, si de lo que se trata es precisamente de conservar el capitalismo. Sin embargo, este sujeto político que se pretende emergente evita pronunciarse sobre la naturaleza del mismo, al cual evidentemente, con su silencio, le otorga legitimidad. Aunque tan clamoroso silencio pretende ser neutralizado presentándose continuamente como adalides de la democracia. 

Curiosamente se desgaja la superestructura política de un sistema de su base económica como si ambas pudiesen ser realidades autónomas. Ahora bien, esto solo es posible si se naturaliza la economía, y dándose por sentado que la economía de mercado, entiéndase el capitalismo, es el desideratum económico por excelencia. La economía, por tanto, no se debe ni se puede cambiar, pero sí actuar sobre los resultados del cuerno de la abundancia, que supuestamente se atribuye a la eficiencia del paradigmático modelo económico existente.

Calle de Shanghai

La política, pues, se reduce a ofrecer diferentes propuestas a la "ciudadanía" sobre cómo distribuir una parte de la riqueza producida -¿por quién?- para mantener el espejismo de la existencia de una justicia social. El sujeto político originario del sistema actual, la burguesía, creía que su sistema económico era el definitivo, dada la racionalidad comparada del mismo en relación a la economía feudal, como referencia más inmediata de economía existente. De igual manera creían que la igualdad formal, denominada democracia, de los miembros de las clases propietarias, era también la expresión más racional del orden político. Con lo cual no hicieron sino identificar el sujeto del poder económico con el sujeto político. Siendo el estado nacido de tal clase social un estado vigilante y protector de los intereses generales de la misma. Con la lucha de clases, la igualdad formal se hizo extensiva a todos los ciudadanos, pero el verdadero sujeto político siguió y sigue siendo indisociable del auténtico sujeto económico, que no es otro que el colectivo social propietario de los medios y recursos económicos necesarios para la vida y su plena realización, y que no es sino una clase social con un poder real muy superior al resto de los miembros de la sociedad.

No se trata, por tanto, de ciertos individuos o grupos empresariales que no juegan limpio sus propias reglas de juego, sino de las propias reglas de juego que se dicen legitimadas democráticamente, pero que son las que permiten unas diferencias de poder que tras la desaparición de los países socialistas no han hecho sino crecer.

Desde luego, si los sedicentes nuevos sujetos políticos se distinguen por algo no es por su claridad. Sin embargo, se podría pensar que son nuevos en relación a los objetivos marcados por la transición del régimen autocrático personalista de Franco hacia la democracia formal de mercado. Pero, a nuestro entender, tampoco es así, porque la esencia de la transición fue conseguir hacer abjurar de los principios que suponían una amenaza para el sujeto económico-político de mercado a los dirigentes de aquellos partidos de izquierda que aún los mantenían en sus estatutos. Para estos dirigentes, como Carrillo o González, lo que llevaron a cabo fue una "modernización" del socialismo. Pero cuando se habla de "modernización de la izquierda", lo que sucede siempre en realidad es un reforzamiento del sujeto económico-político del capital. 

Lo anterior, que es lo que para nosotros constituyó la médula de la transición, sigue tan vigente en los antiguos como en los "nuevos sujetos políticos", y por tanto, no son tan nuevos como ellos se creen ni hay verdadera ruptura con aquel pacto vergonzante que llamaron Transición Democrática.

Solamente si se posee realmente el poder económico entonces el sujeto político es realmente sujeto. Ahora bien, si esta coincidencia de poderes perteneciese al sujeto del trabajo real, y no al sujeto del capital, entonces estaríamos en la Democracia del Trabajo Libre.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...