Escribe Ingmar Bergman en uno de los diálogos de la película Sueños, de 1955, una reflexión en torno a la perfección que hemos querido rescatar aquí porque nos parece sin duda certera, además de dotada en sí misma de hermosura. A propósito de un collar de perlas, dice el personaje en cuestión:
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jueves, 20 de octubre de 2011
LA PERFECCIÓN
lunes, 18 de julio de 2011
La actualidad de "Sacrificio" (A. Tarkovski)
Trascribimos a continuación unas palabras de Andrei Tarkovski acerca de su última obra: Sacrificio. Consideramos que su reflexión es de una tremenda actualidad y su contenido nos ayuda a reflexionar sobre el momento que vivimos y nuestra actitud frente al crucial punto de inflexión histórico que nos ha tocado vivir.
“Desde que comencé con las notas iniciales de Sacrificio, y durante todo el tiempo que trabajé en el guión, me sentí constantemente preocupado por la idea del equilibrio que esta implícito en todo acto sacrifical -el yin-yang, por así decir, del amor y de la personalidad individual-. Me movía el tema de esa armonía que sólo puede surgir del sacrificio. No quería hablar del amor mutuo, del amor en dos direcciones, sino del amor como entrega unilateral, total y desinteresada. Para mi, cualquier otra forma no es amor o, al menos, no la manifestación suprema de esta experiencia humana.
El personaje de Sacrificio busca participar en la vida, influir en el destino de sus contemporáneos y de su país, sin dejar que sean los políticos profesionales los que decidan por él. Este individuo quiere introducirse en la corriente de la vida y cambiar su curso. Y eso es posible sólo cuando se da cuenta de que nadie hará nada por él, mientras él mismo no tome la iniciativa. Si no queremos vivir como parásitos en el cuerpo de la sociedad, disfrutando de los beneficios de la democracia; si no queremos convertirnos en conformistas y estúpidos consumistas, tenemos que aprender a renunciar a muchas cosas. Y, sobre todo, cualquier reforma que propongamos debemos empezarla por nosotros mismos.
Yo me enfado cuando la gente hace responsable de todo lo malo que ocurre en el mundo a los demás, pero nunca a sí mismo. ¡Cuántos gastan gran parte de su energía en culpar a los demás, sin dirigir la mirada primero sobre ellos mismos! Empezar por uno mismo, eso es lo que deberíamos hacer todos desde el primer momento. Pero nos hemos acostumbrado a que todo lo paguen el esfuerzo y el trabajo de los otros, y no el nuestro propio.
Esta situación que yo percibía en mi país, comprobé para mi sorpresa que también se repetía en occidente, aunque en una atmósfera de mayor bienestar material que me entristecía aún más. También en Europa occidental existen sueños colectivos, amparándose en los cuales la gente se hace irresponsable en su actuación individual. Basta mirar a Suecia, por ejemplo; ninguna vida espiritual, ningún interés por nada en ese país. Esa idea de que son todos iguales: el barman, el cineasta, todos semejantes frente a los impuestos, etc. Somos iguales solamente ante Dios, no ante los demás.
| Fotograma de la película |
Vemos, pues, cómo en todas partes, con el pretexto de que estamos unos junto a otros, es decir, en tanto que la humanidad está en proceso de construir una suerte de civilización, constantemente nos desviamos de nuestra propia responsabilidad y, sin darnos cuenta, descargamos sobre los demás nuestra responsabilidad histórica. Pero ninguna estructura social puede funcionar en parte alguna del mundo si no arraiga en cada individuo singular.
Por eso resulta de extrema importancia restablecer la participación del hombre en su propio futuro, conseguir que éste vuelva a creer en su alma y en el sufrimiento de ésta, y que ligue su actuación a su propia conciencia. Estoy convencido de que todo intento de restablecer la armonía en el mundo sólo puede tener éxito a partir de la renovación de la responsabilidad individual. Y esto no lo haremos sin renovar nuestra actitud respecto a la fuerza que nos ha creado y que nos hace vivir.”
Del mismo director le recomendamos en nuestro blog: STALKER (1979) DE ANDREI TARKOVSKY.
viernes, 8 de abril de 2011
STALKER (1979), DE ANDREI TARKOVSKY.
En un país indeterminado, la caída de un meteorito tiempo atrás dio lugar a la aparición de un espacio geográfico conocido como la Zona. Se considera que en este lugar se dan fenómenos extraños y existe un cuarto que concede deseos a sus visitantes. Por todo ello se encuentra custodiado por militares y se impide la entrada al mismo.
Sin embargo, la figura del Stalker (Alexander Kaidanovski), una especie de guía de intenciones misionales, se encarga de conducir a la Zona a quienes estén interesados a cambio de dinero.
El rodaje de Stalker, uno de los filmes más logrados del genio ruso, estuvo plagado de incidentes. En un principio la película debía rodarse en el desierto de Tayikistán, pero continuos temblores de tierra provocaron que se filmara finalmente en una región de Estonia. Además, entre 1977 y 1978, Tarkovsky filmó la película entera, pero un error (acaso intencionado) provocó que las imágenes no pudieran utilizarse, lo que obligó al creador de Offret a rodar todo desde el principio, con el inconveniente de que el presupuesto con el que contaba se redujo bastante.
La película es una adaptación del relato Picnic a la vera del camino de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski, que escribieron el guión junto con Tarkovsky, quien se preocupó por reducir al máximo los elementos de ciencia-ficción de la obra, ya que este género no le agradaba.
Como resultado nos encontramos ante una de las películas más fascinantes de la historia del cine, una especie de parábola acerca de la falta de fe del hombre moderno.
Tarkovsky manifestó en una ocasión que no entendía el suicidio espiritual al que estaba abocada la sociedad moderna. Esta preocupación se volvió cada vez más intensa en su interior, y se refleja fundamentalmente en sus tres últimas películas.
La filmografía de Tarkovsky, al contrario que en la de Bergman, raras veces se cuestiona la existencia de Dios, y sí en cambio la capacidad de creer del ser humano. El que vea a Tarkovsky como un simple intelectual escéptico jamás comprenderá la profundidad, el misterio y la búsqueda de la verdad que emanan de su obra.
La película supone la definitiva consolidación y madurez del lenguaje cinematográfico tarkovskyano, que se construye a partir de largas y lentas secuencias que atrapan la realidad del tiempo, al que se desposee de toda artificialidad derivada del montaje, presentándose en su más pura esencia. La puesta en escena en profundidad resulta sublime, y la dirección de cada una de las secuencias pone de manifiesto que estamos ante la obra de un maestro.
La cinta alterna el tono sepia de la realidad con el color de La Zona destacando la labor fotográfica de Alexander Kniajinski, que realza la textura de los materiales y la naturaleza. Este realce de la textura de los elementos es una característica muy común en el cine de Tarkovsky, al igual que la importancia del sonido, a cargo en este caso de Vladimir Sharun, que nos permite percibir desde el movimiento de la naturaleza (sobre todo el sonido del agua) hasta la respiración de los personajes.
Es necesario hacer mención a la excelente interpretación de los tres personajes principales, que son, además del Stalker, el Escritor (Anatoli Solonitsin) y el Profesor (Nicolai Grinko). Y es que ninguno tiene nombre propio, sino que se denominan por su profesión. El escritor y el profesor son los arquetipos del intelectual y el científico respectivamente, incapaces de creer en aquello que no se puede demostrar. Todo lo contrario le sucede al Stalker, un individuo marginal que cree porque es más humilde y ha sufrido mucho más que sus compañeros de viaje. El sufrimiento y el sacrificio son necesarios en Tarkovsky para que el hombre alcance su parte trascendental.
Como conclusión al comentario, haré referencia a la última escena de la película, que ha sido mal interpretada por muchos, al tildar lo que sucede en la misma como un milagro o una muestra del poder sobrenatural de la hija del Stalker. En realidad no ocurre nada de eso, sino que Tarkovsky nos muestra lo que acontece a través de los ojos de la niña, que al igual que su padre, tiene la “extraña capacidad de creer, aunque el suceso en sí no entrañe ningún misterio, ya que es muy similar a uno que se produce en los primeros minutos del filme.
Stalker es una de esas escasas obras cinematográficas que demuestran por qué el cine debe ser considerado como la gran manifestación artística del siglo XX.
Autoría: Ricardo Pérez en Esculpiendo el Tiempo.
Del mismo director le recomendamos de nuestro blog: LA ACTUALIDAD DE "SACRIFICIO" (A. TARKOVSKI)
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