lunes, 30 de enero de 2012

Próximo acto del día 3 de febrero: EL PROYECTO 'OPCIÓN TRANSPARENCIA' COMO ALTERNATIVA DEL TENER AL SER.




El próximo viernes día 3 de febrero, tendrá lugar la presentación del proyecto 'Opción Transparencia' en Córdoba por invitación de la Asociación Padma y Terapeutas sin Fronteras de esta ciudad.

El acto tendrá lugar en el Centro Cívico Poniente Sur (junto a la plaza de toros de Ciudad Jardín) a las 19:00 horas, y será presentado por Francisco Almansa, Promotor del proyecto 'Opción Transparencia', Presidente de la Asociación Aletheia y editor de este portal.

Opción Transparencia es un proyecto global con pretensiones de un pensamiento y acción transformadores en todos los ámbitos de la realidad, al tiempo que potenciadores de lo mejor que ella, asimismo, haya podido legarnos. Tenéis más información en Opción Transparencia y Nuevos proyectos de actuación ante la situación actual.

¡Os esperamos!


viernes, 20 de enero de 2012

LA INOCENCIA

Marc Chagall, Florero delante de la ventana (1959)
Desde Aletheia pensamos que, en este erial de utopías y proyectos transformadores en el que vivimos, ha llegado la hora de reflexionar sobre la inocencia. Por ello, queremos dedicar unas palabras a reivindicar una inocencia que, en su pleno significado, no se limite a la pura pasividad (el no haber hecho, el no haber cometido falta), sino que aparezca como fuerza transformadora.
Ser inocente es ese estado de ser por el que los otros son presenciados como Fines esenciales. La inocencia nos revela la necesidad de todos y cada uno de nosotros. Y una de las principales consecuencias de ello es la no utilización ni percepción del otro como un medio, sino como un fin en sí mismo. El inocente ama el presente, el futuro y el pasado porque lo acepta como Presente (también en el sentido de regalo); ese Presente generador de Futuro. Es decir, que para esta persona el Presente es un Fin para todos. Pero no se trata de un Fin estático y rígido que nos condiciona, sino un fin que admite el cambio; un cambio en relación a lo que se es. Estamos hablando de este Fin tan necesario en estos momentos de crisis global, pues un Fin es un límite por el cual nos autolimitamos. El verdadero Presente es el que permite la libertad como Fin. De esta manera, por medio de la inocencia es como vivimos plenamente el presente, abandonando de él sólo su parte más contingente. 

La inocencia implica tanto el olvido como el comienzo. Y cuando se ama la originalidad del presente (“originalidad” en el doble sentido de ser origen y cambiante), son dos cosas las que se aman: este origen en sí mismo y la forma diferenciada en que se presencia (la Naturaleza, el arte ... o nosotros mismos). Por tanto, inocente es aquél que puede presenciarse como uno en todas sus diferencias y en todos sus cambios.
 
El inocente es el que nos descubre, pues él siempre nos afirma en nuestra singularidad al tratarnos como fines y no como medios. Pero, asimismo, también nos descubre en nuestro ocultamiento, ya que el que se relaciona con los otros como fines -y, por consiguiente, en relación a su singularidad-, nos puede descubrir también en nuestro estado de utilizadores, tanto de nosotros mismos como de los otros. La ontología y la ética se unen en la definición de Inocencia en este punto, pues cuando se presencia el otro como fin (“soy un presente que presencia y que tiene el poder de presenciar”) Original, lo presencia como libre.

La infancia de Iván, de A. Tarkovski.
Y, en relación a la libertad, también sería necesario desbancar la actual relación establecida entre justicia e inocencia. No es la justicia la que decide qué es la inocencia, sino que es ésta la que determina la justicia.  La Ley de la Inocencia es aquélla por la cual toda otra ley tiene que ser juzgada o evaluada, pues es la Ley de todas las otras leyes, ya que éstas legitiman la utilización, algo que debe ser desterrado en todo lo concerniente a la justicia. El hombre "culpable" (o, tal y como nosotros lo vamos a denominar a partir de ahora: “edípico”, pues “culpable” tampoco es lo que venimos denominando así) es el que nos presencia como medios utilizables.
Podemos concluir diciendo que Inocente es el que "quita los pecados", no sólo porque no nos utiliza, sino porque también trabaja para que no seamos medios. Con sus realizaciones nos presencia y contribuye a que seamos nosotros mismos. El "pecado" (por utilizar la terminología tradicional) es tomarte a ti mismo y a los otros como medios, lo que implica que el que "peca" no es plenamente él mismo. Eres “pecador” porque se vive en un estado, no porque se realice un acto aislado. Pero cuando te elevas a tu condición de Fin Original, se quita el pecado porque se es más uno mismo. Si uno mismo se utiliza, utiliza a los otros, pues no se piensa en ser uno mismo. Cuando vives en relación a fines que no son Originales, te utilizas, tú mismo te instrumentalizas y resulta que uno mismo es el patrón de utilización de los demás. 

viernes, 13 de enero de 2012

TERESA FORCADES: DIÁLOGOS PARA TRASCENDER LA DUALIDAD

Transcribimos a continuación esta interesante entrevista, que posee elementos que mueven a la reflexión, realizada por Hashim Cabrera a Teresa Forcades en el ciclo de Diálogos para Trascender la Dualidad que nos ofreció Webislam en los meses pasados.


Teresa Forcades es monja benedictina, doctora en medicina y en teología. Tiene un doctorado en salud pública y otro en teología. Entre sus escritos figuran Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas (Cuadernos CiJ 141), La Trinitat, avui (Abadía de Montserrat, 2005) y La teología feminista en la historia (Fragmenta, 2007). Actualmente está radicada en el Monasterio que la Orden benedictina tiene en Montserrat.

Tuve ocasión de saber de la existencia de Teresa Forcades durante la crisis de la pandemia de la gripe A, en la que jugó un importante papel crítico hacia las compañías farmacéuticas y puso en evidencia muchos de los males sociales que hoy nos atenazan con una fuerza y valentía que cautivó a muchos y que devolvió una cierta autoestima a una ciudadanía que estaba comenzando a sufrir los embates de la crisis económica. Más adelante compartimos reflexiones en un programa de TVE2 donde hombres y mujeres de creencias diversas hablamos de la realidad espiritual a partir de los elementos naturales tradicionales. A partir de entonces, la lectura de sus declaraciones y textos no ha dejado de sorprenderme.

Hashim Cabrera. Me sorprende, sobre todo, la naturalidad con la que abordas esas cuestiones difíciles de las que casi nadie quiere hablar. También me llama la atención la doble vertiente de contemplación y acción social que muestra tu trayectoria personal. Tu discurso sugiere una experiencia holística, integral, una superación de la vieja dialéctica entre lo sagrado y lo profano como ámbitos sin conexión alguna. ¿Qué te ha llevado a asumir una posición tan comprometida en temas considerados tabúes por las diversas instancias políticas y religiosas?

Teresa Forcades. Creo que es fruto del conjunto de mi experiencia: los estudios previos que me permiten evaluar críticamente con conocimiento de causa ciertos postulados en materia de sanidad pública o de investigación biomédica; la vida monástica que me ofrece espacios de silencio y soledad para tomar conciencia a diario de hacia dónde quiero dirigir mi vida y qué sentido le doy; las personas con las que comparto inquietudes y proyectos y la amistad con Dios que me da libertad interior.

Tu discurso nos invita a la unidad trascendente de las religiones tal y como preconizaba René Guenón. En tus palabras se presiente una profunda experiencia mística. Leo que tu tesis doctoral en teología trató el tema de la trinidad. ¿Cómo concibes la relación entre unidad y diversidad?

— La noción de la Trinidad me fascina porque sitúa la diversidad en el ámbito de Dios y no solamente la declara compatible con la unidad, sino que la convierte en su condición de posibilidad: solamente donde hay diversidad puede establecerse la maravilla de amor que llamamos unidad. Si no hay diversidad solamente tendremos uniformidad. La unidad implica distinción. La distinción, la diversidad, no son en este modelo subóptimas como en el pensamiento platónico, sino que pasan a pertenecer al ámbito de lo perfecto. Creo que si nos creyéramos esto muchas cosas cambiarían en nuestras comunidades y familias.

El pensamiento moderno, en su afán analítico y deconstructivo, reconoce y al mismo tiempo propone con toda claridad una división entre lo sagrado y aquello que no lo es. Guénon meditaba, hace ya casi un siglo, sobre la naturaleza de lo sagrado, sobre su papel en la conformación de las visiones tradicionales del mundo y su desenlace en una modernidad que había ido restringiendo y acotando su espacio progresivamente hasta reducirlo a un ámbito privado y casi testimonial en la vida comunitaria de los seres humanos. Ahora que la modernidad nos ha dejado en una tierra hasta cierto punto desacralizada ¿Es concebible una experiencia de lo sagrado, una experiencia de unidad, sin el concurso de las tradiciones religiosas?

— Creo que la iniciativa de la experiencia de lo sagrado siempre es de Dios y que se manifiesta en unas circunstancias y con un lenguaje distinto para cada persona. Las tradiciones religiosas son lugares privilegiados para que se produzca esta experiencia, pero no la agotan y, a veces, son incluso un contratestimonio. La experiencia estética o musical es para muchas personas motivo de conmoción profunda y de gozo secreto; muchas personas se sienten ante la belleza como si se les confiara un secreto al cuál deben la alegría de vivir aunque no puedan describirlo con palabras ni identificarlo con ningún Dios conocido.

Un fenómeno para mí muy significativo es el de la eclosión de las teologías feministas. Hace más de diez años era difícil imaginar una relación coherente entre el feminismo y las tradiciones de sabiduría. Sin embargo, el emergente feminismo islámico, por ejemplo, plantea la emancipación de la mujer en un contexto integral de género, atendiendo sobre todo a los valores, buscando en la Revelación claves teológicas para indagar en las relaciones humanas en general y en las de género en particular. Ahora, visitando la página de la Orden Benedictina de Monserrat, leo que actualmente eres vicepresidenta de la Asociación Europea de Mujeres en la Investigación Teológica (ESWTR) (www.eswtr.org/es), y que has desarrollado una amplia labor intelectual en el ámbito de la ‘teología feminista’. ¿Qué peculiaridades tiene esta teología? ¿Qué fines persigue?

— Para mí lo más importante de la teología feminista es comprender que Dios nos impulsa a trabajar juntos, mujeres y varones, para abrir espacios nuevos que ahora apenas imaginamos, espacios de relación interpersonal más allá de los estereotipos de género y de sus condicionamientos culturales; atrevernos a mirarnos los unos a los otros como si cada uno fuera ‘pieza única’. Salirse de los estereotipos de género en las relaciones concretas es difícil tanto para mujeres como para varones, pero creo que es lo que hacen las personas espirituales.

Tu conoces bien los problemas que ha planteado la teología, en el ámbito del diálogo interreligioso. A veces me da la sensación de que la teología ha servido más para fundamentar los asuntos de la economía y de la sociedad que para liberar al hombre de sus cadenas interiores. Y esto ha ocurrido y ocurre en todas las religiones históricas ¿Puede la teología, a tu juicio, contribuir a mejorar las relaciones entre creyentes de diversas tradiciones hasta el punto de que puedan superar las barreras separadoras que la historia y la propia teología han erigido durante siglos?

— Puede, mas con una condición: que no se tome demasiado en serio a si misma; que reconozca que Dios está por encima de cualquier palabra y por tanto de cualquier teología. Lo cual no significa optar por una religiosidad a la carta o de tipo oportunista. No. Mi compromiso debe ser radical con mi propia tradición, pero esto no debe privarme de pensar a Dios como el que está más allá de todo lo que me han contado de Él... o Ella.

Se habla cada vez con más frecuencia de unidad. Parece ser una palabra que va ganando terreno en las reflexiones cultas y en la vida cotidiana, como un talismán que abre la puerta a un nuevo paradigma, a una nueva edad, pero el diálogo interreligioso acaba frecuentemente con una exposición de similitudes y diferencias, sin una proposición clara de unidad en lo trascendente. ¿Qué otros medios se te ocurren que podrían servir a ese propósito de unidad trascendente de la humanidad contemporánea? ¿Compartir la acción? ¿Tal vez orar conjuntamente?

— Considero importante que no se construya la unidad a base del denominador común, como si solamente pudiera aceptarte en la medida que eres como yo. El ideal para mí es precisamente lo contrario: acercarme a ti con más gusto cuanto más distinto seas y decubrir en este acercamiento la propia transformación.

¿Cómo llevar esto a la práctica? En primer lugar, facilitando espacios de crecimiento personal, de soledad y silencio a los creyentes de todas las religiones, que se valore mucho este aspecto de experiencia personal de amistad con Dios. Orar conjuntamente es fundamental.

En el Reino de la Cantidad han comenzado a agitarse las almas de hombres y mujeres que lanzan preguntas y buscan respuestas trascendentes, en algunos casos de manera casi heroica, que practican la autoindagación, la meditación, el yoga, el recuerdo de Dios, la oración, el diálogo íntimo, la acción social, expresando con todo ello una apuesta clara por un cambio real, por la actualización de una conciencia integrada, de unidad, pero ¿Puede el ser humano de la sociedad de la información, abocado como lo está a una vida cada vez más individualizada y con una presencia creciente de la tecnología, recobrar y aún desarrollar vínculos significativos con sus semejantes, con la naturaleza, con Dios?

— Sin ninguna duda. No considero que nuestro entorno cultural y socio-económico sea menos conducente al encuentro con la Bondad y la Verdad que los entornos de épocas anteriores. Para las mujeres o para las personas homosexuales de ambos sexos, por ejemplo, hay una clara ventaja en cuanto a autoestima y posibilidades de desarrollar los propios talentos. Estoy de acuerdo en que el individualismo y el abuso tecnológico nos alejan de Dios, mas debemos evitar la crítica fácil. Me gusta la individualidad y me gusta la tecnología y creo que ambas son logros de la Modernidad que en ningún caso deben debilitarse. Más bien debemos fortalecer las relaciones comunitarias (subirlas de nivel, que no sean la obediencia al líder sino democracias verdaderas) y debemos aplicar la tecnología de forma inteligente, de manera que nos ayude a aprovechar y agradecer los dones de la naturaleza y no a menospreciarlos ni a sustituirlos.

Sagrado y profano son conceptos que surgen de una experiencia y una conciencia duales. La idea de lo sagrado que nos ha legado la modernidad trata de acotar ciertas parcelas de experiencia abiertas a la vida trascendente, junto a otras en las que lo trascendente está vedado en aras de lo pragmático, de lo materialmente objetivable y cuantificable. Más allá de esa delimitación y de esos conceptos ¿Qué es para ti lo sagrado?

San Benito nos dice en la Regla monástica que profeso que ‘el monje trate todos los objetos del monasterio como si fueran vasos sagrados del altar’. Para mí lo sagrado es lo que se ve en el mundo, en los demás, en una misma, cuando se mira con los ojos de Dios, es decir, cuando se ama.

Hablamos cada vez con mayor frecuencia de un cambio de paradigma que iría desde la visión dual y mecanicista hacia un marco de comprensión holístico e integrador. ¿Crees posible un cambio de esta naturaleza? Y, si es así, ¿Cómo imaginas a la humanidad que ahora está aflorando?

— En este punto no estoy segura de si se trata de un cambio de paradigma en el sentido de un ‘novum’ histórico, o bien de una tensión que ha existido siempre y que siempre existirá entre dos modos de situarse ante la propia existencia y ante los retos de la propia libertad. No me siento muy cómoda con los anuncios apocalípticos ni tampoco con los redentoristas. Quizás sí llegue un novum histórico, pero para mí lo importante no es eso, sino que Dios me llama cada día a vivir la vida con intensidad, con sencillez y haciendo honor a la verdad, tal como la concibo desde mi pequeñez.

jueves, 5 de enero de 2012

EL MISTICISMO DE UN FILÓSOFO RACIONALISTA




Bertrand Russell (1872-1970) fue un filósofo racionalista que, a pesar de todo, apostó por la fe en determinados ámbitos fundamentales. Extraemos aquí la cita y el comentario que sobre él hace Rita Levi-Montalcini en su libro El as en la manga. Los dones reservados a la vejez (Crítica, 2010, pp. 112-3):

Siempre quise encontrar una justificación a las emociones inspiradas por entidades que parecían hallarse fuera de la vida humana, y merecer sentimientos de temor reverencial….el cielo estrellado…la inmensidad del universo científico….el edificio de la verdad objetiva que, al igual que el de las matemáticas, no se limita a una mera descripción del universo contingente.

«En su libro Misticismo y lógica Russell define la “intuición mística” como un misterio desvelado, una sabiduría oculta…repentinamente clara, sin ningún género de dudas. El sentimiento de la certeza y la revelación llega antes que cualquier fe definida.

El misticismo de Russell se basa en tres principios fundamentales. El primero es la fe en la posibilidad de una vía al conocimiento, es decir, la revelación o el infinito que se opone a la razón. El segundo es la fe en la unidad, la negativa a admitir la oposición o la división. El tercer principio es la negación de la realidad del tiempo, que a su vez es rechazo de la división.»

sábado, 31 de diciembre de 2011

UN FRÍO LAISSEZ-FAIRE UNIVERSAL



Sebastiao Salgado, Minas.

«Y todavía me aventuraré a creer que en ninguna época, desde los orígenes de la sociedad, se haya dado una cantidad igual de trabajadores mudos, tan absolutamente insoportable, como la que se da en nuestros días. No es morir, o incluso morir colgado, lo que hace desdichado a un hombre; muchos hombres han muerto; todos los hombres han de morir; la última salida de todos nosotros será en el carro de fuego del dolor. Pero es vivir miserablemente sin saber por qué; trabajar penosamente y sin embargo no ganar nada; sentirse agobiado, cansado, incluso aislado, desconectado, atado a un frío laissez-faire universal: esto es morir lentamente a lo largo de toda nuestra vida, prisioneros de una sorda y muerta Infinita Injusticia, como en la panza atormentada y aherrojada de un toro de Phalaris. Esto es y permanece intolerable […].»

Cita que, aunque referida al siglo XIX, permanece penosamente incólume en nuestros días.

Thomas Carlyle, Past and Present. (Citado por George J. Stigler, El economista como predicador y otros ensayos, I, Orbis, 1988, p. 49).

lunes, 26 de diciembre de 2011

UN REGALO DE CONOCIMIENTO

Georges La Tour. La educación de la Virgen.

«La mejor ayuda que se puede dar es la ayuda intelectual, un regalo de conocimiento útil. Un regalo de conocimiento es infinitamente preferible a un regalo de cosas materiales. Hay muchas razones para esto. Nada viene a ser verdaderamente “de uno mismo” excepto sobre la base de algún esfuerzo o sacrificio genuino. Un regalo que consiste en bienes materiales puede ser apropiado por el que lo recibe sin ningún esfuerzo o sacrificio, y por lo tanto muy raramente se transforma en algo “suyo propio”, sino que es tratado como si fuese un fruto caído del árbol. Un regalo de bienes intelectuales, un regalo de conocimiento, es un asunto verdaderamente distinto. Sin un esfuerzo genuino de apropiación por parte del que recibe, el regalo no existe. Apropiarse del regalo y hacerlo de uno es la misma cosa y “ni la polilla ni la herrumbre lo corrompen”. El regalo de bienes materiales hace dependiente a la gente, pero el regalo del conocimiento la hace libre (por supuesto si tal conocimiento es correcto).»
 
E.F. SCHUMACHER, Lo pequeño es hermoso, Orbis, 1988, p. 203.

domingo, 18 de diciembre de 2011

ISAAC ROSA: LA MANO INVISIBLE O EL TRABAJO OMINOSO





ISAAC ROSA, La mano invisible, Seix Barral, 2011.


Es un dogma de fe afirmar que el trabajo dignifica. Que gracias al trabajo nos realizamos como personas, nos sentimos útiles, nos valoramos más a nosotros mismos. Que el trabajo da sentido a la vida, sirve para reafirmarnos, nos otorga un puesto de valor en la sociedad.

Sin embargo, en el marco del capitalismo, otras muchas realidades referentes al trabajo quedan ocultas. En este deshumanizador modo de producción, encontramos a mucha gente desempeñando trabajos mecánicos, físicamente duros, monótonos, manuales, inmersos en su propio infierno laboral que ocupa a diario la mayor parte de su tiempo.

Además se nos olvida que la única fuente de creación de valor es el trabajo humano y nos obstinamos en calificar a los dueños de los medios de producción como valientes emprendedores que arriesgan sus patrimonios. Nunca los contemplamos como detentadores de unos recursos sociales que les legitiman para sustraer a los trabajadores la plusvalía de su trabajo.

Estas reflexiones iniciales son las que afloran con la lectura del libro de Isaac Rosa La mano invisible, de reciente publicación. Los protagonistas del relato serán mecánicos, albañiles, limpiadoras, costureras, carniceros y teleoperadoras. Con estos, el autor pretende simbolizar a los millones de trabajadores y trabajadoras que realizan trabajos exentos de los valores anteriormente calificados como dogmas de fe.

Estos trabajadores y trabajadoras se encuentran «sometidos a su rutina laboral cotidiana con resignación, soportando muchas veces la humillación, otras la violencia o la explotación. Sufren dócilmente trabajos repetitivos y nada estimulantes, soportan sin rebelarse la deshumanización que el desempeño diario de una labor monótona puede producir. Son conscientes de su situación, pero también saben que necesitan el dinero que obtendrán con su trabajo

A menudo la literatura y el cine obvian este asunto, las novelas no suelen hacer referencia a los trabajos de sus protagonistas y, si lo hacen, se trata casi siempre de trabajos muy poco habituales y de enorme prestigio social. «Isaac Rosa con "La mano invisible" utiliza el medio literario para hacer reflexionar y abrir debate social sobre la faceta oculta del trabajo, la cara invisible, la que no queremos ver. Debido a la situación económica actual tener trabajo es casi un privilegio; no obstante "La mano invisible" no pretende centrarse en las condiciones actuales que atraviesa el mercado laboral, sino en la naturaleza del trabajo. El foco que enciende Isaac Rosa sobre el trabajo alerta sobre su significación social. El lugar concreto que ocupamos en la cadena productiva se ha convertido en nuestra seña de identidad, a menudo es el sustantivo que usamos para autodefinirnos. Se nos valora según el prestigio del trabajo que desempeñamos y esto nos deshumaniza».[1]

En definitiva, recomendamos la lectura de este libro del joven autor sevillano por suponer un ejemplo de literatura comprometida, en el mejor sentido del término, esto es, aquella que, consciente de los males de su tiempo, trata de hacer despertar las conciencias de todos nosotros.

Introducimos aquí un breve fragmento:

«No sólo en las oficinas; también en las casas fantaseaba de vez en cuando. Lo comentó con su compañera de limpieza aquel día, tras casi una hora hablando sin parar, a la espera del guardia que las sacase de allí, quedaron en silencio, sentadas en el porche, bebiendo agua en vasos anchos y pesados, con los pies sobre una silla, la vista perdida en el amplio jardín y la piscina iluminada, hasta que se miraron y les entró la risa porque las dos estaban pensando lo mismo: parecemos las señoras de la casa, aquí tomándonos el gin-tonic de antes de cenar y hablando de nuestras cosas. Rieron con una risa cansada, más bien esforzada, y les dio pie para una última confesión. Ambas reconocieron que alguna vez, en una casa donde se habían quedado solas para limpiar, jugaron a que la casa era suya, a que eran las señoras, se sentaron en un sillón del salón para ver cómo se veía todo desde su nuevo estatus, abrieron el armario para elegir un vestido que no llegaron a ponerse pues a tanto no llegaba su atrevimiento, curiosearon los estantes de baño para comprobar lo cuidada que tendrían la piel, caminaron por el pasillo hacia la cocina no como quien arrastra un cubo para cambiar el agua sino como quien recorre su casa y piensa en los preparativos de la cena, y de alguna manera se sentían audaces, aunque al final también ridículas. Y tú en esos momentos, siendo la señora, pensabas en contratar a una como nosotras para que te limpiase la casa. Anda, claro, y además yo iba a ser una señora cabrona, te ibas a enterar tú si caías en mis manos.
            Como se esperaba, el carnicero ha dejado todo sin recoger, tras su conversación en el baño ha dado por firmado el contrato de sus nuevas condiciones, y ha decidido no retirar ni siquiera los restos del último despiece, para que ella lo haga desde hoy mismo y ya no pueda arrepentirse, sabedora de que cuando una limpiadora hace algo un día, ya tendrá que hacerlo toda su vida, le pasó en alguna casa donde tuvo la iniciativa de recoger algo que no le habían pedido, y la primera vez se lo agradecieron, pero cuando días después no lo hizo se lo reprocharon, educadamente pero se lo reprocharon, y aquello que nadie le había pedido se convirtió en una obligación más. Retira con asco los restos húmedos y pegajosos de lo que parece un despiece de pollos, lo echa todo al saco de basura y humedece una bayeta para refregar la sangre de la tabla. Después aclara los cuchillos y los coloca en los huecos que la mesa tiene para alojarlos, y toma la fregona para empujar hacia el sumidero los charcos rosados y espumosos. Se remanga la bata y mete medio brazo en el desagüe para retirar los trozos de carne y piel que lo obstruyen, y con otro fregado ya con agua jabonosa termina.» (pp. 172-3).

Juan Escribano Gutiérrez.

Relacionado con este tema recomendamos la entrada en nuestro blog: LA REPRESIÓN DEL TRABAJO LIBRE.


[1] La mano invisible (http://trabalibros.com/libros/i/3968/55/la-mano-invisible)

jueves, 15 de diciembre de 2011

DIEZ PUNTOS FUNDAMENTALES DE EDUCACIÓN (VÍDEO)

Os proponemos la visualización de este sugerente vídeo que propone una serie de principios generales que aspiran a recoger aspectos esenciales de un deber-ser del proceso educativo. Con música de Schubert (Ave María). Os lo recomendamos por su belleza.



Autoría del montaje: Encarnación Almansa Pérez y Álvaro Arrans Almansa.

viernes, 9 de diciembre de 2011

NUEVAS PERSPECTIVAS DE LA CIENCIA (VÍDEO).

Prepárate para acercarte a descubrimientos que nunca hubiéramos imaginado...

Autoría del montaje: Encarnación Almansa Pérez.

martes, 6 de diciembre de 2011

LAS PREOCUPACIONES ÉTICAS DE UN ECONOMISTA


E.F. Schumacher
Volvemos a traer a este blog una nueva cita del economista alemán Schumacher (1911-1977) por su gran lucidez en el tratamiento de la economía con prioridades humanas. De hecho, su libro Lo pequeño es hermoso, que citamos aquí, lleva el subtítulo Tratado de economía como si la persona importara.

«Las ideas más potentes del siglo XIX, como hemos visto, han negado o al menos oscurecido enteramente el concepto de “niveles del ser” y la idea de que algunas cosas son más altas que otras. Esto, por supuesto, ha significado la destrucción de la ética, que está basada en la distinción del bien y del mal, proponiendo que el bien es más elevado que el mal. Otra vez los pecados de los padres recaen sobre la tercera o cuarta generación, que ahora se encuentra creciendo sin instrucción moral de ningún tipo. Los hombres que concibieron la idea de que “la moralidad es una tontería” lo hicieron con una mente llena de ideas morales. Pero las mentes de la tercera o cuarta generación ya no están equipadas con tales ideas, lo están con ideas concebidas en el siglo XIX, es decir, que “la moralidad es una tontería”, que todo lo que parece “más elevado” no es nada más que algo vulgar y mezquino.

La confusión es realmente indescriptible. ¿Qué es [...] la imagen que guía, de acuerdo con la cual la gente joven puede tratar de formarse y educarse? No hay ninguna, o mejor, hay tal confusión y mezcla de imágenes que ninguna guía puede emerger de ellas. Los intelectuales, cuya función sería la de solucionar estas cosas, dedican todo su tiempo a proclamar que todo es relativo, o tratan los asuntos éticos en términos del más desvergonzado cinismo.

Daré un ejemplo al que ya he hecho alusión anteriormente. Es significativo porque proviene de uno de los hombres más influyentes de nuestro tiempo, el extinto Lord Keynes. “Por lo menos otros cien años”, escribió, “debemos aparentar con nosotros y con los demás que lo bello es sucio y lo sucio es bello, porque lo sucio es útil y lo bello no lo es. La avaricia, la usura y la previsión deben ser nuestros dioses por un poco más de tiempo todavía.”

[...] Que la avaricia, la usura y la previsión (la seguridad económica) deben ser nuestros dioses fue una brillante idea de Keynes; él seguramente habrá tenido dioses más nobles. Pero las ideas son las cosas más poderosas en la tierra y no es una exageración decir que los dioses que él recomendó están ocupando sus tronos en nuestra época.

Sandro Botticelli, La calumnia de Apeles (1495)
En cuestiones de ética, como en muchos otros campos, hemos abandonado nuestra gran herencia clásico-cristiana y lo hemos hecho voluntariamente. Inclusive hemos degradado las palabras imprescindibles para el desarrollo de la ética, palabras tales como virtud, amor y templanza. En consecuencia, somos totalmente ignorantes, sin ninguna educación en un tema que, entre todos los concebibles, es el más importante. No tenemos ideas con las que pensar y, por lo tanto, estamos dispuestos a creer que la ética es un campo donde el pensamiento no hace ningún bien. [...]

¿Qué es lo que ha de tomar el lugar de la metafísica destructora del alma y de la vida que hemos heredado del siglo XIX? La tarea de nuestra generación, no tengo ninguna duda, es la de una reconstrucción metafísica. No es nada parecido a tener que inventar nada nuevo ni tampoco consiste en acudir a las formulaciones de antaño. Nuestra tarea, y la tarea de toda educación, es comprender el mundo presente, el mundo en el cual vivimos y tomamos nuestras decisiones.

Los problemas de la educación son meros reflejos de los problemas más profundos de nuestra época. Esos problemas no pueden resolverlos la organización, la administración o la inversión de dinero, a pesar de que no negamos la importancia de todas estas cosas. Estamos sufriendo una enfermedad metafísica y la cura debe ser por lo tanto metafísica. Una educación que no consiga clarificar nuestras convicciones centrales es meramente un entrenamiento o un juego. Porque son nuestras convicciones centrales las que están en desorden y mientras la presente actitud antimetafisica persista, tal desorden irá de mal en peor.»

E.F. SCHUMACHER, Lo pequeño es hermoso, Orbis, 1988, pp. 102-104.

Del mismo autor en este blog: SCHUMACHER: LA HUMANIZACIÓN DEL TRABAJO y EL TRABAJO DESHUMANIZADOR: E. F. SCHUMACHER.
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