sábado, 8 de octubre de 2011

MIREN ETXEZARRETA: CAPITALISMO SENIL



Miren Etxezarreta
Catedrática emérita de Economía Aplicada de la UAB
Ilustración tomada de http://jalaparevealed.wordpress.com

Los medios de comunicación nos inundan con temas financieros: deudas, evaluaciones de agencias, tipos de interés, primas de riesgo, las probables consecuencias de todo ello, etcétera. Intentemos mirar más allá de estas apariencias y probemos a detectar algunos aspectos de lo que realmente significa el sistema económico en el que vivimos. Fundamentos que son iguales desde la consolidación del capitalismo, pero que ahora se muestran en toda su crudeza.

En primer lugar, aparece con fuerza la idea de que el sistema es totalmente tributario del crédito. No se debe olvidar que el crédito supone que se gasten en el presente los recursos del futuro. El capitalismo actual no puede subsistir, no tiene capacidad de reproducirse a sí mismo más que utilizando más y más recursos del futuro, dando saltos adelante hacia el vacío. Es también un sistema dirigido por unos agentes que controlan lo que llaman mercados, cuyo único objetivo es obtener el máximo beneficio para ellos. Esto siempre ha sido así en el capitalismo, pero ahora se hace explícito y adquiere la máxima legitimación. No les preocupa el crecimiento, la producción o el empleo. El mayor o menor bienestar para la población que el sistema pudiera generar subsidiariamente ha de estar totalmente subordinado a los fines de estos agentes.

Quienes dominan los mercados –unos pocos agentes financieros de enorme poder–, y quienes trabajan para ellos –unas agencias de evaluación cuyo carácter arbitrario y especulativo está ampliamente demostrado– parecen ser quienes controlan el mundo. Tres grandes agencias oligopolísticas dictaminan las decisiones del capital, estructurado en muy pocos pero imponentes conglomerados financieros. El resto de poderes están difuminados, debilitados, incapaces de controlar a estos grandes operadores mundiales. En todos los casos, los mercados y sus agentes dictarán la política que consideren adecuada, que consiste esencialmente en dar todas las facilidades al capital global. Muy pocas personas con inmenso poder someten al mundo.

Las estructuras políticas que llamamos democráticas y por las que los países más ricos se rigen desde hace 200 años están siendo cada vez más marginadas. Esta crisis está desvelando con claridad el papel instrumentalizado y subordinado de la política. El poder económico dictamina la política. Los poderes políticos se encuentran impotentes para domeñar estos poderosos agentes, para regular la vida económica, mucho más para dirigirla. Los mercados imponen la orientación económica y la vida política está cada vez más supeditada a sus indicaciones. Es cada vez más dictatorial y está alejada de cualquier objetivo relacionado con el bien común. Las contradicciones entre distintos tipos de capital aumentan. El capital financiero cada vez deja menos espacios para el ámbito de lo real. La producción de riqueza real, la capacidad de producir bienes y servicios, tiene cada vez menos importancia en los objetivos de quienes toman las decisiones, se ha convertido en mero instrumento de la acumulación financiera. No importa si cumplir los objetivos financieros supone deteriorar grave y permanentemente la capacidad de producir riqueza. El único objetivo es el de aumentar la riqueza financiera, el dinero del que se pueden apoderar, aunque esta impresionante acumulación de riqueza consista en poco más que en complicadísimas anotaciones contables de capitales ficticios. El capital financiero fagocita a las fuentes reales de producción de riqueza y en el proceso se devora a sí mismo, pues sólo se produce riqueza en la esfera de lo real.

Este capitalismo es cada vez menos capaz de distribuir la riqueza que se genera de forma que proporcione unos niveles de vida adecuados. La explotación de muchos por muy pocos es cada vez mayor y a su vez genera contradicciones que dificultan el mantenimiento del sistema. La población cada vez puede esperar menos que el empleo le proporcione niveles de vida adecuados, no puede hacer un proyecto para su vida: vivirá cada vez peor y más subordinada a la riqueza de unos pocos. Ni económica ni ideológicamente se legitima el sistema, y de ahí que intensifiquen el recurso a la represión.

Es la dinámica de un sistema insaciable que necesita devorar más y nuevos recursos –humanos, naturales, financieros– cada día. Todas las medidas son insuficientes. Controladas las periferias, tratan ahora de apoderarse del centro del sistema: se hunde la periferia europea más débil, después van a por España e Italia, se comienza a mencionar a Bélgica e incluso a la potente Francia. Por primera vez se pone en cuestión la fortaleza de Estados Unidos. Algunos afirman que son los síntomas de un importante cambio de poder: la decadencia del poder del hasta ahora centro a la consolidación del poder de los países emergentes. En cualquier caso, el sistema es cada vez más inestable, cualquier cambio lo altera, las turbulencias son crecientes y no cesan. Las crisis, más frecuentes.

¿Puede mantenerse, sobrevivir, un sistema de estas características?, ¿o asistimos más bien a la inviabilidad del capitalismo, fagocitado el poder por sus mismas fuerzas? ¿Es Saturno devorando a sus hijos por miedo a perder el poder? Lo que está muy claro es que toda está dinámica es muy perjudicial para las poblaciones y los países. Llevamos años asistiendo a una enorme reestructuración del poder que ha conducido a la última crisis, de la que no está nada claro que se esté consiguiendo salir. Nada podemos esperar del capitalismo senil que está dispuesto a las mayores crueldades para mantenerse. Estamos en la cubierta del Titanic plenamente conscientes del hundimiento. La única posición lógica es trabajar para lograr cuanto antes un sistema alternativo. Muy pocas personas con inmenso poder controlan el mundo.

Aparecido en el diario Público el 20 de agosto de 2011.

sábado, 1 de octubre de 2011

RESUMEN DE LA CHARLA-COLOQUIO: NUEVOS VALORES PARA UN NUEVO TIEMPO.

C. D. Friedrich, En un barco velero. 1818-20.


Córdoba, 20 de septiembre de 2011.
Ponente: Francisco Almansa González, Presidente de la asociación Aletheia.

A la hora de hablar y tratar de clarificar el significado de viejos y nuevos valores, parece importante reflexionar, en primer lugar, acerca de lo que entendemos por tales. Parece plausible entender un valor como aquello que al afirmarse y ser afirmado, nos afirma; y al ser negado nos niega. Tales afirmaciones y negaciones pueden ser tanto directas como indirectas. En cambio, los antivalores serían aquellos que, al afirmarse, nos niegan, y, al negarse, nos afirmamos. Un ejemplo muy claro de estos últimos serían, por ejemplo, las drogas: nos hacen sentir bien en un primer momento, pero, a la postre, acaban negándonos.
Hemos definido tres grandes conjuntos de valores, que pueden enunciarse como sigue:
A) Valores objetivos: son aquellos que nos afirman dentro de determinados límites cuantificables o medibles (por ejemplo, la salud). Suelen ser los propios de la ciencia.
B) Valores esenciales o subjetuales (que no subjetivos): Son aquellos que no son determinables porque por ellos somos lo que somos, y, en tanto que tal, libres. Es por ello que pueden también denominarse valores de la libertad. Son, pues, los que nos afirman como aquello por lo que inmediatamente nos reconocemos o identificamos como nosotros mismos. En relación a lo anterior, pues, podemos afirmar que la libertad no consiste en otra cosa que en la afirmación de la propia singularidad, de manera que nos podamos diferenciar de aquello que no somos relativamente. Es, por tanto, lo que nos permite ser nosotros mismos.
Estos valores son patrones en su género; por lo tanto, no pueden ser medidos. Cada persona es única; y medir lo que en ella es única es una contradicción, puesto que una medida supone una determinación de lo que es sí mismo; lo que significa forzarla a no ser sí mismo.
El verdadero patrón de la mismidad es aquel que la ama, y, por lo tanto, busca únicamente afirmarla. O sea: que cada uno llegue a ser el patrón de sí mismo. En la medida que una conducta es determinable, lo que se mide es la falta de mismidad, y esto implica una identificación excesiva con lo que no se es.
En estos valores se incluyen, por tanto, el pensamiento, el amor y la voluntad. En efecto, se produce la coincidencia con nosotros mismos cuando amamos, pensamos o nos afirmamos debidamente. Cuando no ocurre esto, por el contrario, no logramos sentirnos ya plenamente nosotros mismos. Ahora bien, ¿cómo conocemos si esa afirmación de los valores esenciales es la debida? ¿Cómo sabemos si no se encuentra impregnada de subjetividad? Fundamentalmente, a partir de las posibilidades que puede realizar. Y, efectivamente, son precisamente los valores esenciales los que más potencialidades poseen para ello. Así, un amor muy localizado podrá realizar, asimismo, muy pocas posibilidades, al mismo tiempo que tenderá, por su propia localización excesiva, a deformar o desequilibrar otros valores esenciales (un amor fetichista, por ejemplo, tenderá a focalizar asimismo en demasía al pensamiento y la voluntad, convirtiéndolos en buena medida estériles). Por el contrario, cuanto más universal sea un amor, más afirmará, asimismo, a otros muchos seres -posibilitando que sean más sí mismos-, y más creativos y llenos de posibilidades podrá conformar al pensamiento y la voluntad asociados a él; y viceversa.
René Magritte, Le Retour (1940)
C) Valores Fin: Son aquéllos en los que la Libertad se hace presente, por lo que las realizaciones de los mismos se hacen por sí mismas. Se trata, por tanto, de realizaciones libres. Son, podemos decir, los límites de una realización. Mientras que las realizaciones libres son un fin en sí mismas, las que se realizan por un fin que no les pertenece son realizaciones relativas, y por tanto no libres.
Que la libertad se hace presente significa que la realización de un Valor Fin no necesita compensación, por lo que es un regalo en sí misma. Pero también quiere decir que la libertad se nos hace presente. O sea, que adquiere una forma objetiva. Sin embargo, su objetividad o determinabilidad depende de la Libertad o Mismidad. Es un mundo que posee, por tanto, sus propios límites, al contrario del que se manifiesta en los Valores objetivos, en los que se revela la autolimitación1 del ser; mientras que en los Valores Fin el ser es autopresencia o autoapertura, pues en ellos la Libertad es un presente.
Los Valores Fin son, como presentes abiertos, los que sugieren nuevas posibilidades de realizaciones por sí mismas, pues ellos mismos son valores por sí mismos. Por lo tanto, el fin de todo futuro es siempre el Valor por sí mismo.
Mientras que los valores esenciales tienen que exteriorizarse, poseer un objeto, los valores Fin son, como se ha dicho, son aquéllos donde la Libertad se hace presente. Son los valores por sí mismos, y, por tanto, la negación de la relatividad. Los esenciales son expresión de nosotros mismos, pero si no se exteriorizan o se proyectan no nos sentimos plenamente realizados. Esa expresión constituye, precisamente, los Valores Fin. Un ejemplo es el arte, el cual es expresión u objetivación de la propia libertad. Una obra de arte ya no determina, sino que inspira. Así ocurre también, por ejemplo, con un gesto bello, que supera los límites más o menos constrictivos de la moral, convirtiéndose, pues, en puramente gratuito. Los Valores Fin constituyen, pues, los valores a alcanzar, porque no imponen, sino que inspiran, esto es, sugieren posibilidades, sin determinar.
El conflicto entre valores.
-Valores relativos / Valores Fin.
Mientras que los primeros exigen compensación, los segundos son por sí mismos, por lo que expresan gratuidad. Los Valores Fin poseen su compensación en su propia realización; no se realizan, por tanto, por otra cosa.
En consecuencia, un mundo realmente libre es aquel en el cual los objetivos supremos vienen constituidos por aquellos que se realizan por sí mismos, mientras que los que se hacen por un objeto externo a ellos mismos se subordinan a los primeros. Puede afirmarse, pues, que cuando todo se hace por otra cosa se vive en una sociedad que fácilmente podríamos calificar de mercenaria.
Sandro Botticelli, Alegoría de la primavera (1478-82)
-Valores laicos / valores religiosos.
Los primeros son relativos a la convivencia social en relación al Tiempo presente; los segundos a la moral en relación a fines últimos. El verdadero conflicto que se presenta entre ambos no es otro que el de la localización de las verdaderas fuentes de la moral: ¿dónde situarlas? ¿por qué hemos de hacer lo que debemos hacer? Es evidente que aquí, en última instancia, no pueden ni deben situarse valores pragmáticos, los cuales, por una parte, no pueden constituirse verdaderamente en fuente de valor, y, por otra, pueden dar lugar, como de hecho ocurre, a frecuentes abusos.
Nuestro planteamiento aquí es que ambos pueden ser compatibles a través de un valor superior: el valor de la Inocencia. Entendemos al inocente como el que, presenciándose, presencia al otro como un fin en sí mismo y no lo utiliza nunca como un medio. No se trata de un estado pasivo, sino plenamente activo de afirmación de la singularidad del otro. Por lo tanto, es también negación activa de todo aquello que como institución o persona utilice a los otros como medios. Es, por tanto, una ley de leyes. En la historia no dejamos de tener ejemplos de ello: Jesús, Buda, Marx, Einstein, etcétera. Todos ellos se caracterizaron por presenciar a otros antes ignorados y prácticamente invisibles, devolviéndoles la dignidad que les corresponde, o bien entregando por sí mismo el fruto de su trabajo para elevar nuestro nivel general de conciencia, a fin de ampliar también nuestras posibilidades de todo tipo.
Así pues, desde el punto de vista del valor de la inocencia, no tiene porqué existir conflicto entre los valores laicos y los propiamente religiosos. El problema surge cuando tanto la sociedad laica como las propias instituciones religiosas utilizan a los seres humanos, e incluso a ellas mismas, para fines externos a los que les corresponden, como ocurre también desgraciadamente con demasiada frecuencia.
-Valores del individuo / valores sociales.
Como es bien sabido, los primeros persiguen fines particulares, la exaltación de las cualidades personales y el reconocimiento del éxito, mientras que los segundos aspiran a bienes tales como la cooperación, la solidaridad, el cuidado por lo público, etcétera, por lo que inevitablemente entran en conflicto. No obstante, ambos pueden ser conciliados por lo que denominamos como Singularidad solidaria. Efectivamente, el inocente, tal y como queda entendido más arriba, es el que, afirmándose en su propia vocación, que constituye una gratificación por sí misma (y que, por tanto, toma sólo lo justo para poder continuar con su labor), afirma a su vez a los demás. Es ésta, pues, la que entendemos como singularidad solidaria. Así pues, el fin es que las realizaciones personales puedan constituir un presente para los otros, de la misma manera que recibimos siempre, a través de la solidaridad social, los presentes de los demás. La singularidad solidaria constituye, pues, el fin social capaz de conciliar los dos polos de la individualidad y los valores sociales.
-Valores de la eficacia / valores ocio.
Los primeros afirman el trabajo racionalizado en relación a la productividad; los segundos el disfrute pasivo de lo realizado. Es el propio carácter externo del primero el que conduce a la pasividad no creativa del segundo. Ambos pueden ser superados por el trabajo libre (creativo o vocacional) y la contemplación inspiradora, ya que el primero constituye una realización por sí mismo, por lo que su ocio no será pasivo, sino activo, inspirado a su vez por las realizaciones de otros.
Marc Chagall, Ángel azul
Resumen.
-Transparencia o Inocencia: Actuar para que los otros sean valores en sí mismos y no medios2.
-Gratuidad: Que lo que se realice tenga valor por sí mismo; por lo tanto no implica más compensación que la energía real consumida en su realización.
-Justa compensación: Se tiene derecho solamente a la restitución de lo consumido tanto para reproducir en condiciones óptimas la fuerza de trabajo gastada en la conservación de la misma, como de toda la energía necesaria para la realización de lo que tiene un valor por sí mismo.
-Trabajo libre: Es el trabajo que se realiza por sí mismo. Es aquélque implica vocación, y en el que lo realizado y la realización más coinciden. En el trabajo libre concurren: a) la realización personal; b) la creatividad; c) la eficacia; y d) el bien social.
-Singularidad solidaria como Valor Fin humano: Es la clave educacional para la construcción de un nuevo mundo, pues supone que la afirmación de la singularidad de cada uno implica la afirmación de la singularidad de los demás. Asimismo, tal concepto vale para otras diferencias esenciales del ser. Por ejemplo: que la afirmación de la singularidad humana en tanto que tal ha de afirmar a su vez la singularidad de la Naturaleza; etc.
1Limitación es aquí límite a la presencia o límite como presente.
2Un medio carece de transparencia porque en la medida que es, es para otra cosa diferente a él mismo, luego visto en sí mismo es absurdo. Su valor es para ser utilizado.

Relacionado con estos temas le recomendamos: LOS VALORES DEL SER.

domingo, 25 de septiembre de 2011

SOBRE ALETHEIA


Aletheia nace como grupo abierto destinado a articular a personas y colectivos comprometidos con una transformación profunda de valores y praxis sociales, con el objetivo de situar como referente de los mismos a patrones de auténtica realización humana. Adjuntamos una muy sucinta caracterización del mismo:

¿Qué somos?
Somos un proyecto global. Con esto queremos decir que tenemos la pretensión de un pensamiento y una acción transformadores en todos los ámbitos de la realidad, al tiempo que potenciadores de lo mejor que ella, asimismo, haya podido legarnos. Y entendemos por lo mejor aquello que contribuya a hacernos más humanos, en el sentido de respetar más la unidad y la singularidad de nosotros mismos y de los otros seres que pueblan con nosotros el mundo.
Como seres humanos, afirmamos que nuestra realidad esencial es la conciencia, cuyas dimensiones universales son el amor realizador (que quiere la libertad del otro), el pensamiento creador y el yo como afirmación de la diferencia.

¿Dónde nos encontramos?
Nos encontramos en una encrucijada fundamental en la historia humana, puesto que la mayor parte de las instituciones tradicionales que conformaban el universo social se encuentran hoy en una aguda crisis de legitimidad, y con ellas muchas de las certezas que durante mucho tiempo han dado consistencia a la existencia humana. Se ha generado así una situación de caos que provoca inevitablemente mucho sufrimiento, pero también una enorme esperanza, puesto que sólo del caos puede nacer un nuevo orden, más elevado -en el sentido de respetar y potenciar más la singularidad de sus partes- que el anterior.

¿Qué pretendemos?
Pretendemos que los seres humanos logremos reconocernos por fin como nosotros mismos, lo cual significa nuestra plena realización como seres singulares y solidarios, teniendo presente, de esta forma, que nuestra singularidad o condición de seres únicos es irrealizable completamente sin la dimensión solidaria, y viceversa. Lo anterior, además de constituir una meta universal, pensamos que constituye también un fin que siempre ha estado implícitamente presente entre los seres humanos, presentándose de forma más transparente en unos y más oscura en otros. De tales principios se deduce, a su vez, que toda nueva construcción social ha de realizarse bajo la premisa universal de que todo ser humano es un fin en sí mismo, y que por tanto no debe ser utilizado nunca como un medio.
Pretendemos, asimismo, que, como seres esencialmente conscientes que somos, podamos alcanzar la plenitud de nuestra conciencia. En coherencia con lo anterior, aspiramos a que el ser humano sea el patrón esencial de todas las realizaciones, lo cual significa que siempre pueda reconocerse en las mismas en la plenitud de sus dimensiones conscientes. Y pretendemos, pues, por último, crear una conciencia de cambio en relación a estos fines, así como una acción social, política, económica, cultural, etcétera, que la acompañe, y que se irá perfilando con el desarrollo del propio proyecto.

Aletheia participa, junto a otros colectivos y personas, en este proyecto que pretende la potenciación de la transparencia por varias razones:
-Porque, con él, trata de ponerse en cuestión las nociones tan comúnmente empleadas actualmente respecto a la transparencia. Transparencia no es hacer pública la declaración de la renta de los políticos, ni que estos sean elegidos según un sistema más o menos representativo. Transparencia es vivir como el otro, con sus mismas preocupaciones, trabajos, angustias y alegrías. Nadie puede representarnos realmente si no vive en su piel como vive el otro.
-Porque la transparencia es lo que afirma la presencia de los otros para que se puedan realizar. Es lo que saca a la masa del anonimato y devuelve al ser humano su dignidad. En ella no hay competencia.
-Porque la transparencia es lo que nos permite ver, y por tanto relacionar las cosas. Así pues, es lo que acaba con las mediaciones opacas que nos impiden que nos afirmemos como los que somos, que no nos remitamos a fines externos a nosotros mismos, como ocurre con el dinero, el gran mediador universal. Rescata, pues, la dignidad del hombre, que consiste en tomar lo justo para, sobre todo, poder dar.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

LA POLITICA DE LA INTERDEPENDENCIA: PETER COYOTE


 





(En AA.VV., Política con conciencia. La alternativa buddhista para hacer del mundo un lugar mejor, Kairós, 2010).1

«Habitualmente, la palabra política significa la "competencia entre distintos grupos o personas con intereses rivales en busca de poder y liderazgo". Ésta es, de hecho, la cuarta entre las ocho definiciones de la palabra recogidas en la tercera edición del diccionario internacional Webster. La primera definición, que me parece más útil, define la política como el "arte de regular y ordenar las relaciones entre individuos y grupos en una comunidad política". Las palabras regular y ordenar enfatizan la idea de relación e interdependencia, mientras que competencia implica dominación y jerarquía.

Las relaciones y la interdependencia "surgen en dependencia mutua", el núcleo de la comprensión del Buddha. Esta comprensión central implica ciertos procedimientos y objetivos en cuanto al ejercicio de la política que podrían modificar de forma beneficiosa nuestra forma actual de entenderla y, por lo menos, nos ofrece la oportunidad de considerar el ejercicio de la política desde la perspectiva del Buddha.

El primer principio podría expresarse de este modo: las acciones y las soluciones políticas deberían ofrecer a todos los seres la mayor oportunidad de realizar sus destinos evolutivos (en este contexto, por "seres" debería incluir a los insectos, las plantas, los animales y la tierra misma). En la práctica, ello comporta tener en cuenta las necesidades de todos los seres al evaluar los objetivos y las estrategias de la política. Decir: «No puede haber más fábricas en tal y tal lugar», es una negación categórica que genera conflicto, puesto que habrá gente que necesitará el trabajo y otros que necesitarán los productos. Un tipo de afirmaciones alternativas e inclusivas sería el siguiente: «Necesitamos fábricas y centrales eléctricas, pero tendrán que construirse de un modo que no sea dañino. Además, deberán ubicarse allí donde los intereses de las plantas, los animales y los seres humanos no se vean afectados de forma negativa, y sus productos deberán venderse a un coste que no oprima a aquellos que los necesitan para su supervivencia». Esto comporta un mayor grado de complejidad y resolución de conflictos, lo que, a su vez, comporta una mayor participación.

El segundo principio podría ser el siguiente: si no hay individualidad, no hay diferencia. Nuestro "oponente", por muy desagradable que sea, está destacando un aspecto de la mente que puede resultarnos difícil de aceptar, pero un aspecto que debe comprenderse y afrontarse si queremos avanzar. Sólo podemos acercarnos a la situación desde la intimidad. La resistencia aumenta la fuerza (como sucede en el gimnasio) y sólo endurece la posición de nuestro adversario. Por el contrario, la consideración detenida del primer principio sacará a la luz y pondrá de manifiesto los "intereses" y los deseos contrarios del defensor. Estos intereses deben reseguirse hasta sus raíces en nuestra propia psique hasta que podamos encararlos sin el enfado y el juicio de valor que infravalora a nuestro oponente. Si actuamos de este modo, como mínimo obtendremos el respeto de aquéllos con los que nos enfrentamos y este respeto incrementa la intimidad y el sentido de relación, el objetivo profundo de todo ejercicio político. 

El tercer principio podría ser éste: los procedimientos y las soluciones que comprometen la dignidad (el "valor intrínseco") de nuestro oponente comportan dominación y jerarquía, no relación. En consecuencia, deberían ser excluidos del discurso político.

Resulta difícil imaginar que pueda producirse mucho daño con una práctica concienzuda de estos principios. Nada funcionará en todas las situaciones y un corolario de cualquier ejercicio político debe ser: "Nadie gana siempre". Puesto que los efectos están fuera de nuestro control, lo que sí podemos controlar son nuestras intenciones y nuestra propia conducta. Si cumplimos con estos tres principios, configuraremos el mundo que deseamos construir a través de la política y esto jamás puede considerarse como una derrota.»

(pp. 137-139)

1 Peter Coyote es escritor, actor, buddhista comprometido y autor de Sleeping Where I Fall.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

NUEVOS VALORES PARA UN NUEVO TIEMPO: CHARLA COLOQUIO


El próximo día 20 de septiembre celebraremos en Córdoba la charla-coloquio "Nuevos valores para un nuevo tiempo", introducida y moderada por Francisco Almansa. Se tratará en ella de reflexionar sobre valores alternativos al individualismo y al gregarismo rampantes del capitalismo, que coexisten, paradójicamente, en perfecta armonía en la fase terminal de este sistema, y de buscar una plasmación práctica de tales valores.

Os esperamos.

lunes, 12 de septiembre de 2011

RESUMEN DEL AFIRMACIONISMO O TEORÍA DE LO UNO (III): EL TODO ES PERFECTO


 La revista digital Avalon ha publicado en su número de septiembre de 2011 la tercera parte y última del artículo "Resumen del Afirmacionismo o Teoría de lo Uno", de Francisco Almansa González, que se ecuentra también completo a través del siguiente enlace de nuestro blog: http://aletheia-informa.blogspot.com/2010/09/resumen-del-afirmacionismo-o-teoria-de.html. Con ello se puede consultar por fin en toda su extensión este texto que trata de extractar, con un gran esfuerzo de síntesis, esta exposición general del sistema afirmacionista, que obtiene su nombre del principio según el cual toda negación es en última instancia inherente a una afirmación. Se sitúa, pues, de esta forma, totalmente frente al absurdo existencialista y postmoderno, según los cuales "lo relativo es lo absoluto", lo cual constituye una contradicción en sus propios términos. Y, como cualquier contradicción que se afirma como absoluta, constituye una parte que se afirma abusivamente sobre el todo, contribuyendo a la visión deformada de este último.

El pensamiento afirmacionista es un pensamiento muy joven (aún no ha afrontado su primera publicación de conjunto, si bien esperamos que ésta acontezca pronto) que pretende aportar claves para el cambio de paradigma que aún está por forjarse completamente.

El enlace para la lectura de la tercera parte del artículo, que redirecciona directamente a la revista Avalon, es http://revista-avalon.es/I-03.htm

viernes, 9 de septiembre de 2011

CUENTOS DE ARTE: WILLIAM BLAKE


El poeta y pintor inglés William Blake es la fuente de inspiración para un nuevo Cuento de Arte mediante el cual nuestra colaboradora Encarnación Almansa pretende que niños y jóvenes se acerquen a los intemporales dibujos de este místico inglés del siglo XIX.
Podéis visualizar o descargar este cuento, acompañado por la música de Franz Liszt, en el siguiente enlace:
¡Que lo disfrutéis!

lunes, 5 de septiembre de 2011

LA OPORTUNIDAD DE UNA REFLEXIÓN

William Blake, Glad Day o la Danza de Albión
La confusión actual en torno a lo que es el Espíritu es quizás mayor que nunca. Se imponen el sincretismo y la desvirtualización de prácticas y enseñanzas largo tiempo inspiradoras, orientándolas en demasiados casos a finalidades muy particulares. En otras muchas ocasiones, venimos asistiendo a un reduccionismo de lo “espiritual” a la mera práctica o técnica que trata de aplicarse (sea ésta cual fuera), o concibiéndolo como un dominio que debe preservarse de las contaminaciones del mundo secular, creando, pues, entre ambos supuestos ámbitos -el secular y el espiritual- una profunda disociación. Una dicotomización que, precisamente, se halla obviamente en contradicción con el lema, tantas veces pronunciado en determinados círculos, de que “todo es uno”.
Estas concepciones tan unilaterales del espíritu (por ejemplo, nos hemos llegado a encontrar con la aseveración de que el hecho de que se instalaran tiendas para la meditación durante las acampadas del 15M convertían por ese hecho al movimiento en “espiritual”) nos parecen sumamente empobrecedoras. Es por ello que hemos querido rescatar aquí la cita de Leonardo Boff en su libro Iglesia: Carisma y poder (Sal Terrae), y que es la que reivindicamos aquí:

«La realidad del Espíritu, por el contrario, se inscribe en el ámbito de la creatividad, de lo no convencional, de la irrupción de lo nuevo, al nivel individual.» (p. 250)

Y, efectivamente, el Espíritu no puede ser otra cosa que lo que enriquece lo que ya verdaderamente somos a nuestro nivel más esencial -amor realizador (que quiere la libertad del otro), pensamiento creador y 'yo' como afirmación de la diferencia. Y es ello lo que hace al silencio, en última instancia, subordinado a la palabra. En este sentido, deben, pues, considerarse espirituales todas aquellas personas que -independientemente de su carácter o no creyente, incluso en la espiritualidad misma-, han promovido y promueven esas facetas esenciales, contribuyendo así a nuestro reconocimiento. Y, al contrario, puede entenderse como opuesto a lo espiritual a todo aquello que nos empobrece, negando, pues, la unidad que afirma nuestra propia singularidad, que es lo que, nos atrevemos a decir, constituye el Espíritu.

lunes, 29 de agosto de 2011

STEFAN ZWEIG: EL MISTERIO DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA.



 «Estoy convencido de que ningún deleite artístico puede ser perfecto mientras sea sólo pasivo. Nunca comprenderemos una obra con solo mirarla. Donde no preguntamos, nada aprendemos, y donde no buscamos, no encontraremos nada. Ninguna obra de arte se manifiesta a primera vista en toda su grandeza y profundidad. No sólo quieren ser admiradas, sino también comprendidas. Cada obra de arte quiere ser conquistada, como una mujer, antes de ser amada. Más aún, llego hasta a decir que no tenemos ningún derecho moral a contemplar cómoda y tranquilamente la acción sacrosanta y más apasionada de otro hombre. Donde el artista estaba más agitado y ha dado lo mejor de sí, para hacernos accesible su visión, ahí nosotros también debemos brindar lo mejor para comprenderle. Cuanto más nos esforzamos por penetrar en su misterio personal, tanto más nos acercamos al arcano de su arte. Y, créanme ustedes, cuando seguimos, aunque sea a un solo artista, humildemente, a través de todas las etapas de sus obras, este esfuerzo nos enseña más, con respecto al carácter del arte, que cien libros y mil conferencias. Pero, sobre todo, no teman ustedes que al procurar introducirnos en el misterio más íntimo de la creación artística se pierda por ello nuestro respeto por ese misterio. La belleza de las estrellas no ha sufrido mengua porque nuestros sabios hallan procurado calcular las leyes de acuerdo con las cuales aquéllas se mueven, ni la majestad del firmamento ha perdido nada de su grandeza porque procuraran medir la velocidad de los rayos con que su argentino brillo llega hasta nuestros ojos. Al contrario, esas investigaciones nos han hecho aparecer más maravillosos todavía los milagros del cielo, el sol, la luna y las estrellas. Lo mismo reza para el firmamento espiritual. Cuanto más nos esforzamos por profundizar en los misterios del arte y del espíritu, tanto más los admiramos por su inconmensurabilidad. No tengo yo noticias de deleite y satisfacción más grandes que reconocer que también le es dado al hombre crear valores imperecederos, y que eternamente quedamos unidos al Eterno mediante nuestro esfuerzo supremo en la tierra: mediante el arte. (44)

Aun la paciencia puede ser genial, aun la minuciosidad y el método pueden expresar lo extraordinario. Por eso repito: el método no es nada, la perfección lo es todo […]. Todo camino que conduce a la perfección es acertado, y cada artista no debe ir más que por uno de esos caminos, el suyo propio. Debe ser creador y maestro de su propio arcano. (41)

Para él [Toscanini] no cuenta en el arte sino lo perfecto: he aquí su grandeza moral, su carga humana. Para su tenacidad de artista no existe -o sólo existe en el sentido de la adversidad- todo lo demás: lo bastante loable, lo casi perfecto, lo aproximativo. Toscanini odia la conciliación en todas sus formas. Desprecia tanto en el arte como en la vida la gentil conformidad, el compromiso, el mísero darse por satisfecho.

Es inútil hacerle ver, recordarle, avisarle que lo absoluto no es, en verdad, accesible dentro de nuestra esfera terrestre y que aun la voluntad más grandiosa no alcanza sino la extrema aproximación a la perfección, la que es atributo únicamente de Dios y no del hombre […]. Pero toda voluntad que se obstina continuamente en alcanzar lo inalcanzable y en hacer posible lo imposible, logra en el arte y en la vida un irresistible poder. (65)

Y todo el que venera el arte en sus formas más elevadas como manifestación de lo moral, percibe cual inolvidable lección el asistir a esa manera de transformar, por asimilación, una multitud en unidad, y de elevar lo informe, con fuerza tensísima, a la perfección. Pues únicamente a esas horas compréndese la actividad de Toscanini, no sólo como obra artística sino también como acción ética. (69)

Nunca se alcanza la suprema grada del arte si lo más difícil no impresiona como lo más natural y lo perfecto como normal. […] Como quizá ningún hombre lo sabe este gran impaciente, siempre disconforme: el arte es una lucha eterna, nunca es un fin, sino siempre un comienzo. [...] (75)

Tal severidad moral del concepto y del carácter es un acontecimiento dentro de nuestro arte y de nuestra existencia. […] Nada hay más peligroso para la dignidad y el ethos del arte que lo untado y cómodo de nuestra actividad artística ordinaria, que la ligereza con que, por obra del fonógrafo y de la radio, se pone lo más sublime al alcance aun del más despreocupado, a cada hora: pues esa comodidad hace olvidar a los más el esfuerzo de la creación y los induce a asimilar el arte sin tensión y sin respeto, como la cerveza y el pan. Es, por lo mismo, una bendición y un goce espiritual ver en este tiempo a un hombre que por la potencia de su personalidad, recuerda que el arte es una labor sacra, una misión apostólica por lo inalcanzablemente divino de nuestro mundo, y no un regalo del azar sino una merced justa, no un placer tibio, sino también una penosa creación. […] Sólo el hombre extraordinario reconduce siempre a los demás hacia el orden la subordinación, y nada nos inspira más respeto por ese gran abogado de la fidelidad para con la obra, que el hecho de que haya logrado enseñar a una época confusa e incrédula el respeto por los valores más sagrados.» (76, 77)

(Ed. Sequitur, 2010).

jueves, 4 de agosto de 2011

NUEVOS PROYECTOS DE ACTUACIÓN ANTE LA SITUACIÓN ACTUAL


Ante la presente situación de general agravamiento sin precedentes de las desigualdades y las injusticias a nivel global, y de desconcierto y acelerada pérdida de derechos de la ciudadanía, no se trata ya de exigir a «nuestros políticos» que moderen la codicia de unos pocos, ni de continuar legitimándolos pidiéndoles soluciones que no pueden ofrecer, puesto que sus presupuestos de actuación política y económica continúan siendo los mismos que han dado lugar a esta debacle generalizada, humana, económica, política y ecológica.
Se trata de que seamos los ciudadanos mismos quienes tomemos las riendas de la actual situación, organizándonos y definiendo entre todos un nuevo fin que vincule al mayor número de personas posible. Porque sin fines comunes no hay verdadero cambio. Y ese fin no es otro que la restauración de una Utopía que se nos ha escamoteado, entendiendo por utopía la representación ideal, pero realizable, que busca una forma de organización social en la que el ser humano encuentre la armonía consigo mismo y con la naturaleza.
Aspiramos a que no sea necesaria la caridad, que procura, en uno u otro ámbito, restaurar o mitigar daños producto de un engranaje global esencialmente injusto. Atrevámonos a actuar lo más globalmente posible. En una palabra: hay que ir, de una vez y definitivamente, a por todas.
Una nueva sociedad debe basarse en un nuevo tipo de relaciones humanas en las que se potencie y afirme lo mejor de cada uno de nosotros, sin excepción. Nunca ya más en el gregarismo de muchos y en el elitismo de unos pocos. Por el contrario, resulta imprescindible que la afirmación de la libertad de cada uno sea condición de la afirmación de la libertad de todos los demás. Se trata, pues, de plantear un nuevo sentido de la libertad: la libertad solidaria, verdadera expresión de la singularidad humana.
Así, pues, hay que trabajar por acabar con todo aquello que limite o agoste nuestras legítimas posibilidades, expresión misma de nuestra libertad. Es decir, con todo aquello que no considere al ser humano un fin en sí mismo, tomándolo, por el contrario, como un medio. Y sáquense todas las conclusiones posibles de esto.
Se hace urgente definir nuevos valores y redefinir los antiguos. Porque no queremos más de lo mismo, sino otra cosa, a la vez que mejorar lo que sea mejorable. Queremos ser disidentes reales, no ficticios, empleados para renovar, con su supuesta apertura, la propia legitimidad del sistema.
Aspiramos seria y decididamente a poner en marcha y ampliar este movimiento que nace con una vocación clara y decidida. Queriendo dar contenido a lo que hemos definido como utopía, estamos en proceso de constitución de una red de personas y grupos dispuestos al compromiso en torno a estos fines. Si quieres más información puedes ponerte en contacto con nosotros en el correo electrónico asociacionaletheia@yahoo.es, a través de nuestro blog o en nuestra cuenta de Facebook.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...