lunes, 14 de marzo de 2011

LAS CUATRO VIRTUDES (TEXTO TAOÍSTA)


C. D. Friedrich, El árbol solitario, 1822

«Cuando alcanzamos la verdad sutil y universal, podemos llegar a comprender todos los aspectos de nuestra existencia. Al darnos cuenta de la constancia y firmeza de nuestra vida nos hacemos conscientes de la profunda naturaleza del universo. Dicha realización no depende de ninguna condición transitoria externa o interna, sino que se trata de nuestra propia naturaleza espiritual inmutable.

Existen cuatro virtudes cardinales que nos pueden ayudar a alcanzar dicha meta. La primera de ellas es la piedad natural e incondicional. La piedad natural es símbolo del amor y el respeto hacia nuestro propio ser. Es muy diferente de la piedad ciega o artificial defendida por las religiones; se trata de un estado de profunda reverencia hacia la vida natural. Los individuos de las generaciones futuras tendrán que restaurar dicha reverencia natural, alcanzable si rechazamos todas las imágenes y conceptos falsos.

Cuando liberamos la mente de ataduras respecto a la ilusión nos damos cuenta de la verdadera naturaleza sagrada de nuestra propia vida en el universo. Y ya no hay necesidad de componer una creencia exterior como objetivo para nuestras reverencias, ya que nuestro propio ser y todo lo que nos rodea adquieren un valor divino dentro y fuera de ellos mismos.

La segunda virtud es la sinceridad natural. Ser sincero con naturalidad es lo mismo que ser genuino, honesto e incondicional. También quiere decir ser libre de todo engaño hacia uno mismo. Ser sincero con naturalidad es lo mismo que ser genuino, honesto e incondicional. También quiere decir ser libre de todo engaño hacia uno mismo. No engañarse uno mismo es lo mismo que abrazar la divina naturaleza de la vida. La naturaleza integral del universo es aquella virtud universal existente entre la gente natural.

Ser sincero con naturalidad es lo mismo que mantener nuestra mente íntegra, centrada e intacta. La mente distorsionada siempre sufre, ya que es común que cree dicotomías y escisiones, impidiendo la entrada de la paz universal. Mantener nuestra mente intacta y relajada no sólo es una garantía de paz interior para que podamos trascender cualquier trivialidad, sino que también nos ayudará a reconectar con la profunda y constante naturaleza del universo.

La tercera virtud es la amabilidad. Cuando somos maleducados, nos volvemos agresivos, desconsiderados y antipáticos con los demás. Sin que lo podamos evitar, dicha actitud se vuelve contra nosotros y nos perjudica. Siendo maleducados también somos insensibles hacia la sutil verdad del universo. La mala educación nos conduce hacia la destrucción de nuestra conexión con el ámbito espiritual, pues el nivel de nuestra amabilidad es el mismo que el de la purificación de nuestro propio espíritu. Cuanto más amables somos y más sutil es nuestra energía, más posibilidades tendremos de unirnos a la sutil verdad del universo.

La cuarta virtud es la de ofrecer nuestro apoyo de manera natural. Esto significa no utilizar la mente sólo en busca de nuestro propio beneficio y también quiere decir que hemos de dejar de ofrecer nuestra ayuda a los demás sólo en el tiempo libre. Para ser un maestro espiritual hay que ponerse a disposición de los demás de manera incondicional. Dicha virtud puede tardar varios años en desarrollarse, y se puede manifestar por medio de una habilidad, un talento o una posesión, hasta el punto de que podamos ofrecerlos sin necesitar de esperar nada a cambio. Ayudando a los demás podemos hallar la dignidad y el verdadero significado de la vida.

Estas cuatro virtudes no son un modelo estándar externo ni responden a un dogma; son más bien atributos de nuestra propia naturaleza, a la que nos referimos como Chen o 'sinceridad natural'. Estas cuatro virtudes pueden dar a luz a otras virtudes, las mejores de las cuales son: jen, amor incondicional hacia todos los seres vivos; i, decencia, rectitud y sinceridad expresadas por medio de la amistad natural; li, moderación, autocontrol y no-agresividad; tse, sabiduría; y sheng, honestidad y confianza.»

Hua Hu Ching, Océano, 2004, pp. 218-219.

jueves, 10 de marzo de 2011

LOS REFERENTES DE LA EDUCACIÓN


Fotograma de la película de Francois Truffaut Los 400 golpes (1959)

¿Se puede educar, o sea, transmitir los códigos básicos que hacen a un individuo apto para convertirse en un sujeto consciente de la doble responsabilidad de la autoeducación –o compromiso consigo mismo- y de la participación activa en aras del perfeccionamiento de la vida social –o compromiso con el Nosotros más universal- en una realidad social en la que los valores compartidos están en gran medida despojados de contenido? Pues resulta que el supuesto de un destino común –sea éste religioso, nacional, de clase, de etnia, etc.- y por tanto de una meta a alcanzar, ha sido abandonado en nuestro mundo postmoderno por lo que se ha dado en llamar un “futuro abierto”, que no es otra cosa, según algunos, que la incertidumbre inherente a unas sociedades cuya alta complejidad no permite sino atender a las disfunciones de las partes, pero nunca orientar la marcha del todo social. Los totalitarismos serían intentos fallidos de conseguir tal objetivo, por cuanto tratan de imponer como universal lo que no es sino una diferencia de un determinado grupo humano, que como diferencia no puede sino ser relativa y, en tanto que tal, impotente para constituirse en la identidad capaz de articular la unidad del Todo.

Quizás los totalitarismos se encuentran más extendidos de lo que creemos, pues, como se desprende de lo anterior, sólo la parte puede ser “totalitaria”, pero no así el Todo, que en el supuesto totalitario de la parte sólo se podría decir de él que es “partidista”, puesto que constituiría un “todo relativo”. El que un grupo humano imponga como universales unos intereses cuya presencia o ausencia nada tengan que ver con lo que entendemos como plenitud humana implica que ésta está siendo limitada de alguna manera y, por lo tanto, estamos frente a unos intereses totalitarios. No importa, pues, la multiplicidad de credos religiosos, partidos, etcétera, que estén presentes en una realidad social, si al fin y al cabo lo realidad que rige el devenir social es ajena y hasta antagónica a lo que a nuestro entender constituye la plenitud de la identidad humana: el de ser una singularidad solidaria

Y la clave de tan paradójica síntesis es la estructura de su ser consciente, por cuanto se revela como el doble poder de reconocer nuestra diferencia tanto personal como en relación a los otros seres, como asimismo el poder de trascenderla reconociéndonos en una unidad indisoluble justo con aquellos seres con los que nos podemos diferenciar. Dicho en otras palabras: la auténtica solidaridad –que nosotros denominamos ontológica- potencia en el individuo la diferencia que lo distingue (en el doble sentido de diferenciar y de poseer distinción), y por la cual se reconoce como único, siendo además ésta la garantía por la que la persona adquiera la plena conciencia de su pertenencia a la esencia solidaria del ser.

El individualismo hoy imperante no es sino una ideología que al negar la dimensión solidaria como constitutiva del ser en una supuesta defensa de la irreductible individualidad del ente, en cualquiera de sus modos, lo que en realidad ha conseguido es uno de los ejemplos más acabados del hombre-masa. Éste, a la vez que exhibe un profundo extrañamiento hacia el “otro” se acaba moviendo, sin embargo, bajo el imperio de los mismos estímulos. Asimismo, los totalitarismos “clásicos”, acentuando una forma unidimensional de la solidaridad como es la raza o la clase, llevan igualmente al mismo callejón sin salida del hombre-masa, en el que la solidaridad original queda reducida a una feroz competencia en relación a las ventajas que de la “fidelidad” al grupo puedan obtenerse.

Fue el primero de su clase...
 El proceso educativo, pues, habría de construirse sobre la dialéctica de la relación unitaria entre la afirmación de la singularidad inherente a la diferencia humana del Ser, y la afirmación de la singularidad de cada uno de sus miembros. Sólo de esta manera en la que la relación entre sujetos supera el extrañamiento de la competencia por “lo mismo”, propia de lo que no ha llegado a la plenitud de la diferencia que lo singulariza como uno mismo, se pone de manifiesto a su vez la exigencia del respeto por nuestro Ser Natural. Éste no es ni un simple medio para nuestros intereses egoístas ni tampoco una ley absoluta a la cual nos debemos humillar y, por lo tanto, abdicar en relación a nuestra esencia consciente que, en cuanto a tal, es a su vez esencialmente creadora. Se trata en este caso de una relación de recreación amorosa, por la que cuidamos/diversificando y obedecemos/reconociéndonos como los seres por los que el Ser Natural inconsciente tiene sentido. Vemos, por lo tanto, que el proceso educativo implica una relación que busca que, en la medida que el educando se encuentre a sí mismo, se reconozca como uno con todas las diferencias del Ser.

En base a lo anteriormente expuesto, las objeciones que al actual paradigma educativo se pueden hacer son numerosas, pero vamos a destacar sólo una en este caso. No porque creamos que es relativa a su defecto más importante –pues a nuestro entender posee otros mucho mayores-, sino porque se trata de un caso claro por el que el educando se ve obligado a compararse con los “otros” para valorarse a sí mismo. Lo cual implica que el fracaso o el éxito lo hace depender más de la posición relativa que posee en relación a un proceso determinado de aprendizaje, y por el cual se percibe como más o menos que otros, que de la percepción de lo que es el verdadero éxito: el del poder de diferenciarnos como únicos. Ni más ni menos.

Lo que hace por tanto el actual sistema de evaluación es perjudicar tanto al que va “mejor” como al contrario. El primero puede pensar que es único simplemente porque obtiene más en algo, pero por el más nunca se llega a lo único, sino todo lo contrario, mientras que el segundo puede perder su autoestima por no ser como el “otro”, que es justo aquello por lo que se justifica la autoestima. Los “primeros”, pues, corren el riesgo de percibir débilmente la solidaridad del ser por la que son lo que son, y con ello no sentirse tributarios sino de sí mismos, en tanto que los segundos optarán, en la mayoría de los casos, por el conformismo de lo inevitable. 
Nunca fue bien en la escuela...
          Conforme a lo anterior, pensamos que el educando debe recibir una evaluación personalizada y, por lo tanto, relativa a su relativa evolución –o involución- respecto a los aprendizajes que necesariamente constituyen el núcleo que posteriormente permite acceder a los saberes de mayor nivel, y en relación a los cuales él sea el protagonista esencial de su evaluación. Sólo el que sabe autorreferenciarse adecuadamente puede dar lo mejor de sí a los demás, como asimismo sabrá tomar lo mejor de los otros con la gratitud del que recibe un fruto que admira y ama, pero que no desea, puesto que el otro no es su competidor. Cada uno da sus frutos, y la alegría de vivir consiste en compartirlos.
        En cuanto a la medida “objetiva” de sus conocimientos, que es lo que el método clásico de las notas pretende reflejar, pensamos que en tanto que las diferencias entre unos educandos y otros suponen una determinada ratio –establecida en base a unas desviaciones mínimas, siempre dependientes de factores aleatorios y por lo mismo siempre imponderables-, el fracaso de aquellos que no han superado el nivel de destreza suficiente para acceder a los saberes superiores ha de ser atribuido exclusivamente al Sistema Educativo. Y entendemos por Sistema Educativo no solamente al centro escolar, sino al sistema de relaciones que vincula al conjunto de los educadores, tanto directos o esenciales –padres y profesores- como asimismo indirectos – medios de comunicación, entorno social, Iglesias, profesionales de la psicología, políticos, etc. O sea, todos aquellos que, tanto por su papel social como por constituir un entorno humano de fuerte presencia orientadora en la vida de los niños, han de asumir una responsabilidad frente a los mismos. Por todo ello, pensamos que un axioma que todo educador no debería olvidar nunca en relación al proceso educativo es que Un niño nunca fracasa. Los que fracasan son los adultos.
Francisco Almansa González, filósofo.
Publicado en la revista Athanor, nº 77, septiembre-octubre de 2009.

lunes, 7 de marzo de 2011

HACER O NO HACER

El tema de la acción o no acción es cada vez más recurrente entre ciertos grupos y círculos comprometidos con la vía espiritual. Hemos traído aquí algunas citas, rescatadas de la tradición oriental -concretamente hindú-, que demuestran que ambas facetas no son contradictorias, sino profundamente coincidentes, y que considerarlas como incompatibles puede conducir a un dualismo que perjudique a ambas:



Radhakrishna, La concepción hindú de la vida:

«Cuanto más elevado es el hombre, tanto menores son sus derechos y mayores sus deberes».

«La postura más inteligente es la de mantener los pies en el suelo y los ojos fijos en las estrellas. Los ideales se deben realizar con el material común del que se compone la naturaleza humana, del que se compone tanto el hombre espiritualmente elevado como el mezquino, el sabio como el loco».

Bhagavad Gita:

«El que sabe que el camino de la renuncia y el camino de la acción son uno solo, es el que realmente sabe».

Zimmer, Mitos de la India:

«La “realidad” es un acto del individuo. Es un resultado de las virtudes y limitaciones concretas de la conciencia individual».

miércoles, 2 de marzo de 2011

CONFERENCIA SOBRE LA FILOSOFÍA DEL AFIRMACIONISMO EN SEVILLA

El próximo sábado día 5 de marzo, tendrá lugar, a las 19:00 horas, en la sede del Círculo Mercantil de Sevilla (C/ Sierpes, 65), la conferencia Exposición de la Filosofía del Afirmacionismo a cargo de su creador, Francisco Almansa González, filósofo y presidente de la Asociación Aletheia, gracias a la invitación de los círculos Sierpes y Comparte de Sevilla. Tanto la Asociación Aletheia como el Círculo Sierpes pertenecen a la Red Consciencial de Andalucía.

El texto completo de la conferencia, así como su índice, pueden solicitarse a través de nuestro correo electrónico (asociacionaletheia@yahoo.es) o bien a Emilio Carrillo, que se ha encargado de distribuirlo entre los miembros de ambos círculos. No obstante, no nos resistimos a traer aquí un brevísimo fragmento que esperamos os anime a asistir:

«Es el momento de poner a la nada como ausencia absoluta en el rango ontológico que le corresponde, pues en las últimas décadas se ha constituido en el fin absoluto de todo ser; se ha entendido la muerte como ley de la vida, o la entropía como ley alfa y omega de todo devenir.

Tal empresa se puede llevar a cabo desde diferentes planos, pero en todos ellos se han de respetar como mínimo tres condiciones:

1. Que, se haga lo que se haga, ha de reforzarse la solidaridad entre las partes en las que el ser se diferencia. Ésta no es posible sin el amor a la unidad.

2. Se haga lo que se haga, se ha de respetar y afirmar tanto la singularidad del ser consciente como la del ser natural. Esto no es posible sin el amor a lo singular.

3. Se haga lo que se haga, el que lo hace se debe respetar a sí mismo. Esto, a su vez, tampoco es posible sin el amor a Uno Mismo.

Y es que la fuerza motriz de toda realización auténticamente diferenciadora entre lo que es y lo que no es reside en el Amor, porque sólo por él podemos fecundar tanto lo que recibimos como lo que somos.»

Estáis todos invitados.

lunes, 28 de febrero de 2011

LA FALTA DE TRANSPARENCIA DE OBAMA Y SU ADMINISTRACIÓN

Hemos querido llamar aquí la atención sobre una noticia, publicada en el diario El País del pasado día 25, según la cual ha concluido con un «rotundo fracaso» la última ronda de conversaciones sobre la cuestión palestina con Israel -que ni siquiera han llegado a iniciarse. Una noticia que se hacía también eco de «la decepción palestina con Barack Obama tras el veto de EE UU a una resolución (redactada con frases del propio Obama y de Hillary Clinton) que condenaba la construcción de asentamientos israelíes en los territorios ocupados». Una resolución que había sido auspiciada por más de cien países y en cuyo veto los Estados Unidos se quedaron solos en el Consejo de Seguridad. Y ello a pesar de sus intentos de evitar, hasta el último momento, dicho aislamiento, incluyendo una «medida alternativa» que habían propuesto a los palestinos para que retiraran dicho proyecto de resolución, y que éstos rechazaron.

Parece que va siendo hora de que se disuelva por fin el espejismo mediático Obama, una penosa y ficticia creación de los estertores del sistema capitalista que ha tenido hechizada al menos a una parte de una izquierda bastante ingenua. Su falta de transparencia -que no es sino la (en este caso abismal) diferencia entre lo que se dice y lo que se hace-, ya que la resolución llegó a redactarse, como queda subrayado, con sus mismas palabras, debe poner de manifiesto definitivamente la inautenticidad del personaje y su política.

Fuentes:
http://www.elpais.com/articulo/internacional/OLP/elimina/oficina/negociacion/Israel/elpepuint/20110225elpepiint_10/Tes
http://es.noticias.yahoo.com/9/20110218/twl-ee-uu-impide-la-condena-de-la-onu-a-e1e34ad.html

jueves, 24 de febrero de 2011

INCIDENCIA DE LA IDEOLOGÍA DEL CAPITALISMO EN PENSADORES ANTICAPITALISTAS: GIANNI VATTIMO Y PROUDHON.

Gianni Vattimo (1936)
Traemos a colación aquí algunas citas que pueden ilustrarnos acerca de la penetración de la ideología de la competencia (que no de la solidaridad) en pensadores que se autocalifican como anticapitalistas, como son los citados. Valen para reflexionar acerca de su incidencia a todos los niveles y para ilustrar la conocida sentencia de Marx de que la ideología dominante es la de la clase dominante. Ahí van:

«Una sociedad justa no es una sociedad perfecta, sino más bien lo contrario; es una sociedad en la que los conflictos se gestionan como opiniones diversas sobre qué caminos deben tomarse; en la que todos los intereses no son necesariamente iguales.» G. Vattimo, Ecce Comu, Paidós, p. 144. Y nos preguntamos ahora: la explotación o el sexismo: ¿son “opiniones diversas”? Y, ¿qué es lo que hace imponerse un determinado interés cuando todos se toman como legítimos?

  «No se trataría, pues, aquí de destruir la competencia, cosa que es tan imposible como destruir la libertad; se trata de encontrar su equilibrio o, como yo diría gustosamente, su policía. (Proudhon, Filosofía de la Miseria. Citado por K. Marx, Miseria de la filosofía, Jucar, 1974, p. 220).

 Proudhon (1809-1865)
   «La competencia y la asociación se apoyan entre sí. Bien lejos de excluirse, no son siquiera divergentes. Quien dice competencia, supone ya una finalidad común. La competencia no es, pues, el egoísmo.» (Proudhon, Filosofía de la Miseria. Citado por K. Marx, Miseria de la filosofía,... p. 224). Mientras que el propio Marx afirma: «Las únicas ruedas que la Economía Política pone en movimiento son la codicia y la guerra entre los codiciosos, la competencia.» (K. Marx, Manuscritos: Economía y filosofía, Alianza, 1970, p. 104).

viernes, 18 de febrero de 2011

ALÍ BABÁ Y LOS CUARENTA LADRONES


Introducimos a continuación un extracto del artículo publicado por Ignacio González Faus en la revista Noticias Obreras (enero de 2011, pp. 11-13) con el título arriba reseñado, y que supone una crítica al planteamiento actual de la crisis. Hemos escogido los siguientes fragmentos:

[…] en realidad no hay mercados agitados sino especuladores que agitan. Ni son sensibles los mercados sino manipulables, como fichas de ajedrez, por fuerzas escondidas que saben bien lo que quieren conseguir.
[...]
Encantadora ingenuidad la de esa expresión [«estamos haciendo los deberes»] que evoca un colegio infantil, unos niñitos deseosos de aprender y unos educadores bondadosos. ¿Qué tal si dijéramos que la economía española no corre peligro «porque estamos mandando a la miseria a millones de españoles»? Ya sé que así tampoco saldríamos de la crisis económica, pero al menos sabríamos a qué atenernos y de qué ralea son ésos que nos imponen «los deberes»: cada vez que los políticos agreden a los más necesitados, respiran los mercados.
[…]
De este modo conseguirán los mercados su meta final: […] negar vigencia política a todas las veleidades igualitarias y de justicia social que amenazan a la libertad individual. Porque vale: «todos los hombres son libres» pero… «unos más que otros», como decía aquella famosa novela.
[…]
«Recortar gastos y no dilapidar» es una receta que suena muy bien y muy razonable. Pero si entendemos correctamente lo que significa dilapidar, parece que debería referirse a recortar gastos militares, por ejemplo, o gastos faraónicos como los del alcalde de Madrid. Y he aquí que no: se trata más bien de recortar gastos sociales. Ésos sí que son unos dispendios suntuosos que sólo benefician a unos muertos de hambre. Y encima, extranjeros muchos de ellos. En resumen: esos inocentemente llamados «mercados» lo tienen todo tan «atado y bien atado», que hemos asistido a la imposibilidad de luchar contra ellos: huelgas, manifestaciones y algaradas en Grecia, Francia, Inglaterra,

Irlanda o España resultan sacudidas tan pequeñas que no les hacen ni tambalearse: porque las reglas del juego las marcan ellos y no los políticos. Pero, más allá de las especulaciones de la Banca norteamericana, lo que está pagando hoy Europa son también los pecados originales cometidos en el proceso de su construcción: pacto de estabilidad, reglas de la OMC, primacía del Banco Central Europeo, adopción de criterios del FMI, el timo de la llamada Constitución europea que, cuando se vio en peligro, fue retirada de las manos (o del voto) de los ciudadanos, para pasar a las manos de los parlamentos; ampliación irracional a los 27 por la obsesión de tener más mercados, cuando Europa no era todavía más que un feto de pocos meses que no podía soportar aquellas dimensiones… Todo eso corriendo; pero otras medidas como la «reestructura de la deuda pública, obligación de que cada banco posea una parte de la misma, control cambiario, gravar las rentas financieras por lo menos al mismo nivel que las rentas del trabajo, la imposición del capital y del patrimonio, la subordinación de los flujos comerciales a normas sociales y ecológicas, tasas globales» (1)… y hasta nacionalización al menos temporal de la Banca, de todo eso ni hablar. Y de aquellos polvos se traga ahora Europa estos lodos. Dije en otra ocasión que, durante el siglo pasado, asistimos a un nuevo «rapto de Europa», pero esta vez no por mano de Júpiter, como en el mito antiguo, sino por obra de los mercados mucho más temibles que aquel dios tonante. Creo que los grandes padres del sueño de Europa (Adenauer, Schumann y de Gasperi), maldecirían hoy lo que hemos hecho con su ideal.

Antaño se discutía si el capitalismo era intrínsecamente injusto (Helder Camara) […] Hoy, en cambio, ya no se discute nada de aquello; y sin embargo ya no estamos en un capitalismo de producción sino pura y simplemente de especulación: un sistema en el que los inversores pueden mandar a la miseria a miles de ciudadanos, no para producir ningún tipo de riqueza sino para que su dinero les produzca más dinero. Y además de una manera anónima: porque nunca verán la cara ni conocerán la historia de sus víctimas; y la injusticia no la cometerán ellos inmediatamente, sino a través de sus esbirros que resultan ser los políticos.
[…]
«Ay, Ignacio Ellacuría –digno de una emperatriz–»: acuérdate de repetirnos aquello que tanto decías: que este mundo no tiene solución más que en una «civilización de la pobreza». Entendiendo por pobreza no la necesidad auténtica sino la sobriedad compartida.

(1) Bernard Cassen en Le Monde Diplomatique, noviembre de 2010, p. 29.

lunes, 14 de febrero de 2011

¿QUÉ HACER?


Presentamos aquí un extracto de la reflexión realizada por Aletheia acerca del planteamiento, trayectoria o nuevo rumbo -como se prefiera denominar- que pueda tomar la recién creada Red Consciencial de Andalucía, tras su encuentro el pasado día 19 de enero. Es el siguiente:


[...] Una red viene definida por el Diccionario como «Aparejo hecho con hilos, cuerdas o alambres, anulados o entrelazados, trabados en forma de mallas…». ¿Puede tal imagen trasladarse a la relación entre conciencias? Pensamos que es ideal, pues por ellas, en primer lugar, podemos visualizar perfectamente el hecho fundamental de la identidad sustancial de todas las conciencias. En segundo lugar, tenemos que cada nudo es una singularización, vinculada solidariamente con todas los demás. Esto es, cada conciencia es una singularización de Lo Uno, tan necesaria como cualquiera de las demás. Si un nudo se rompe, la red acabará por rasgarse. Aquí, la multiplicidad no deviene en conflicto o caos, ya que cada nudo está en la posición que le corresponde. Llevado esto al plano consciencial, cabe decir que la singularidad de cada conciencia no es independiente de la singularidad de las demás; y por ser ella la que es, las demás también son las que son.

¿Qué es, pues, la conciencia definida desde el punto de vista de la Red? Es, evidentemente, una Singularidad Solidaria. Como afirmación de su singularidad, es libertad; como vínculo que une a las demás conciencias, es unidad, y, por último, como afirmación de la singularidad de los otros nudos-conciencias, es amor. Pues el amor afirma la singularidad del Otro: es un querer desinteresado que el otro sea el que es.
[...]
Vemos, conforme a lo anterior, que la Red es una relación entre las conciencias que escapa a todo tiempo, y aunque, confundidos por el espejismo del aislamiento subjetivo, luchemos y compitamos unos con otros –pues en este mundo invertido se busca ser uno mismo impidiendo que los otros lo sean-, sin embargo, aun el peor enemigo es una conciencia necesaria para la afirmación de las demás.

Si la Red Consciencial es, en última instancia, la relación intemporal entre conciencias, y, ésta, a su vez, puede definirse como aquella relación en la que la afirmación de la singularidad de cada conciencia implica la afirmación de la singularidad de todas las demás, hemos formulado simultáneamente una relación ontológica y un imperativo ético. De tal manera que el Ser y el Deber Ser coinciden plenamente. Para los que ya son lo que son, la guía ética se ha convertido en meta vivida espontáneamente, porque su ser es al mismo tiempo un dar. Son para sí, en tanto que son para los otros. Viven, pues, en la inocencia, que no es otra cosa que la forma en la que la Transparencia se singulariza en cada conciencia. Pero para las conciencias que aún no se reconocen en la plenitud de lo que son, ha de ser un imperativo categórico que guíe su relación con las otras conciencias.

Si la Conciencia es, por otra parte, la realidad esencial de Lo Uno, tendremos que, como Red Consciencial, constituye la superestructura determinante de toda otra realidad. Quiere esto decir que esa otra realidad es relativa a la relación intemporal entre las Conciencias. Sin embargo, no basta reconocer esta verdad, pues como lo intemporal es ley de lo temporal, habrá de ejercer como tal. El sufrimiento es la prueba de la contradicción que supone el tomar lo temporal como ley de lo intemporal, así como de vivir en el aislamiento cuando nuestra condición es la solidaridad ontológica.

Conforme a lo anterior, somos, en primer lugar, una Sociedad espiritual, que, como tal, es eterna, pero que tiene una plasmación temporal en lo que entendemos comúnmente por sociedad humana. Y es en este espacio-tiempo de relaciones condicionadas donde se pierde la visión de nuestra auténtica unidad, fundada en la libertad y el amor. Ahora bien, si lo que realmente somos es Unidad en la Libertad y en el Amor, ¿no consistiría el auténtico dualismo en disociar lo temporal de lo intemporal? Si todo es Uno es porque lo temporal es relativo a lo que no lo es. Por lo tanto, todas las relaciones condicionadas por lo social contingente –o aquello que entendemos por relaciones económicas, políticas, lúdicas, etc.- deben ser relativas a nuestras relaciones trascendentes, que, como venimos diciendo, están fundadas en la Unidad, la Libertad (entendida como la afirmación de la propia Singularidad), y el Amor. Éstas constituyen la tridimensionalidad trascendente en relación a la cual todo ha de ser realizado.

Eludir, por tanto, el compromiso con lo social inmanente, o bien mantenerlo en un plano estrictamente personal, es, a nuestro entender, ignorar que cada uno es el que es por sí mismo y por los otros, y, como tal, ha de actuar. Dentro de la unidad del Proyecto de Ser Nosotros Mismos, o sea, el de reconocernos como Uno afirmando las singularidades que nos distinguen, ha de desenvolverse todo hacer en lo social inmanente. Y es precisamente en la lucha contra los condicionamientos de lo social temporal donde más se necesita la solidaridad espiritual, la presencia alentadora de la constelación de las Conciencias solidarias -y que son conscientes de ello-, para que cada uno acierte con el rumbo adecuado y lo mantenga con la seguridad de que también él forma parte de dicha constelación, y que su posición es a su vez necesaria para la mejor orientación de los demás.
[...]
La pregunta de qué hacer queda, por tanto, respondida: 1º) Descendamos a la inmanencia con la seguridad de que ésta nos espera para ser fecundada, pues los hijos del pasado, que son todos los que actualmente nos representan legalmente, tanto en las instituciones políticas, religiosas o económicas, han mostrado sobradamente, ante la crisis que estamos padeciendo, la esterilidad de su imaginación para encontrar nuevas soluciones, la falta de voluntad para iniciar un nuevo proceso de distribución real del poder temporal, así como su esclavitud a un pragmatismo, que siendo asumido como el único recurso inteligente para la realización de lo posible, acaba siempre reduciendo lo posible a cero. Presos de unas instituciones que no sirven sino para cosificarnos, pues qué es si no un mercado de trabajo: clasificarnos en solventes/insolventes; valorarnos como emprendedores o empleadores/subsidiados, pasivos, perezosos, etc., y que, por lo mismo, no hacen sino exacerbar el aislamiento subjetivo, tanto para los considerados triunfadores como para los presuntos perdedores. Todo esto constituye una espesa sombra que oculta el auténtico vínculo solidario que es el alfa y omega de la evolución espiritual.

2º) Clarifiquemos nuestra posición ante cuestiones cuya legitimidad se da por supuesta, puesto que son opciones abiertas a todos. Por ejemplo: la utilización de los hombres como medios para el enriquecimiento privado.

3º) Cómo hacer compatible nuestro concepto de Red Consciencial, que implica un destino compartido en la Libertad, el Amor y la Unidad, con la idea actualmente dominante de que nuestro destino es irreductiblemente individual, debido al libre albedrío. Una evolución espiritual no significa ser mejores de lo que éramos, sino ser en gran medida diferentes, porque, y he aquí la paradoja, llegamos a ser más Nosotros Mismos. Cuando las relaciones entre los hombres están mediadas esencialmente por las relaciones económicas, éstos acaban relacionándose unos con otros como medios para sus fines particulares. Pero ¿hay algo más alejado de la esencia de la Conciencia que ser un medio? Evolucionar no consiste de esta manera en no vernos “tanto” como medios, sino en absoluto vernos como tales.

4º) Como no queremos cansaros más, pues la enumeración de tareas y problemas puede parecer interminable. Y además estéril si antes no se asume decididamente lo que con Buda nosotros calificaríamos de «Camino intermedio»: ni transcendencia absoluta, pues ésta, a nuestro parecer, es siempre modeladora de la inmanencia espacio-temporal, ni por supuesto, inmanencia a secas; pues en su actual autofagocitación no nos es dado contemplar sino su hambre de espíritu. Lo Intemporal como Ley y Fin de lo Temporal. El Cuerpo como Templo del Espíritu.

jueves, 10 de febrero de 2011

RESUMEN DEL AFIRMACIONISMO O TEORÍA DE LO UNO (II): LA JUSTICIA CÓSMICA.



La revista digital Avalon ha publicado, en su número de enero de 2011 (nº 15) la segunda parte del artículo El Afirmacionismo o Teoría de lo Uno, que lleva por título La justicia cósmica, y cuya autoría pertenece a Francisco Almansa González, filósofo y presidente de Aletheia.

El texto completo del artículo puede consultarse en nuestro blog a través del enlace: http://aletheia-informa.blogspot.com/2010/09/resumen-del-afirmacionismo-o-teoria-de.html.

Aportamos aquí también el enlace a la revista al tiempo que invitamos a su lectura, continuación de la primera parte (diciembre de 2010, nº 14, pp. 90 y siguientes) que ya se anunció también aquí.

Es el siguiente: http://revistadigitalavalon.es/?p=3769 (a partir de la página 88).

Incluimos aquí un brevísimo fragmento que pueda animar a la profundización en el mismo:

«Luego en Uno, en tanto que sólo es relativo a sí, se da un equilibrio inalterable entre su ser contingente y su ser necesario, tal que la afirmación del primero sólo es inherente a la afirmación de la singularidad del segundo. Esta relación entre las dos formas de ser de Uno es lo que denominamos Justicia inherente a lo Uno.
Conforme a lo anterior, vemos que, a nivel de la totalidad, la injusticia y, por tanto, el pecado, son imposibles, ya que la injusticia sería afirmar la identidad de lo contingente en detrimento de la singularidad de lo esencial. Y esto, como ya hemos visto, no puede ser.»

Imagen: Fotograma de El Séptimo Sello, de Ingmar Bergman (1957), que ilustra el artículo bajo el rótulo de "Lo justo es que la vida gane a la muerte".

miércoles, 9 de febrero de 2011

LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN FRENTE A LA CRISIS DE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL

El pasado día 3 de febrero tuvimos ocasión de tener con nosotros a Benjamín Forcano y escuchar su conferencia La teología de la Liberación frente a la crisis de la globalización neoliberal. Reproducimos aquí algunos fragmentos de la misma que nos han parecido especialmente bellos e ilustrativos. Son los siguientes:

El capitalismo no tiene soluciones:
Todo un pensamiento pseudocientífico pretende enmascarar la realidad del problema de la pobreza. La pobreza sería efecto de una desigualdad natural irremediable, ajena al funcionamiento interno de la economía y, en todo caso, habría que considerarla como un mal menor, pues frente al capitalismo no hay otro sistema mejor.

Sobre este punto, conviene afirmar sin ninguna ambigüedad que la realidad histórica expresa todo lo contrario: 1º) Una economía que no sirve al hombre, es un error. 2º) Una economía de mercado competitivo monopolista, sustraída al control del Bien Común ejercido por el Estado, es un error. 3º) Una economía que produce resultados positivos únicamente para unas minorías y negativos para las mayorías, es un error. 4º) Una economía que se rige por la dinámica propia del egoísmo, del lucro, de la ley del más fuerte, y que impide unas relaciones individuales y comunitarias basadas en la justicia, el amor y la solidaridad, es un error.

No hay duda de que la sociedad capitalista es una sociedad enferma, llena de contradicciones. Pero la raíz del mal está en que el capitalismo hace imposible una ética personal y comunitaria y corrompe las actitudes y los valores más genuinos del ser humano.

Todos sabemos cómo la orientación hoy más arraigada en sociedad y en la cultura es la que pretende hacernos creer que la felicidad consiste en tener: adquirir propiedades, cosas, lucrar, conseguir poder. Eso es producto de la estructura y cultura más estrictamente capitalistas y, sin embargo, lo consideramos como lo más natural. Ser egoístas, avaros, soberbios, dominantes, lo consideramos indicadores de nuestra identidad humana.

Pienso que esta orientación es antinatural, pues la realización de la persona no está en el tener sino en el ser. Los grandes valores no se desarrollan en el servicio al dinero sino en ser justos y fraternos, crear relaciones de amor y liberación, no ser frívolos ni insensibles al sufrimiento ajeno, no vivir pendientes del reconocimiento y del aplauso social, dedicarse a satisfacer las necesidades primarias de los seres humanos y luchar para suprimir todo cuanto los hace sufrir. Esas son las señas que constituyen la auténtica identidad humana.

El momento actual de la crisis neoliberal globalizada:
Poco a poco nos hacen creer que la crisis se va superando. Pero suena cada vez más en nuestros oídos una cantinela inquietante: esta crisis la están resolviendo no los gobernantes sino los oligarcas y economistas. Ha habido un tiempo en Europa en que el principio político, representativo de la voluntad popular, actuaba con arreglo a las necesidades y derechos de la sociedad; ahora quien gobierna es el principio económico, guiado por objetivos que nada tienen que ver con los de la sociedad en general. Los propósitos del principio económico doblegan a sus intereses a los propósitos del principio político. [....]

¿Quién es ese nuevo sujeto? ¿Son agentes de instituciones vacías de legitimidad, delincuentes de cuello blanco con los técnicos ajenos a los deseos de los ciudadanos?

Este nuevo sujeto transcurre y se organiza al margen de lo político, al margen de la ética, al margen del consenso de los ciudadanos, al margen de un proyecto ético de igualdad, justicia y libertad universales. Una economía humana globalizada debe estar supeditada a las necesidades básicas de la población y no a los intereses de unas minorías que, envueltas en el egoísmo de su opulencia, viven de espaldas a la sociedad.

Aparece entonces el punto preciso de esta crisis: no se trata como es obvio de una crisis económica sino ética, la economía no está en crisis o, si lo está, es por la ausencia de ética. Es una crisis ética, humanista, espiritual la que padecemos y, por negar las exigencias de esa ética, resolveremos vanamente la crisis. La crisis se trata de apuntalarla con el fin de que este nuevo sujeto vuelva a conducir el rumbo de la humanidad, pero en realidad se la oculta de nuevo en sus verdaderas causas, dejando herida la realidad, con tendencia a una mayor desigualdad e injusticia. No se la resuelve.
 
El momento segundo de la teología:
Estoy convencido de que son muchos entre cristianos los comportamientos individuales y muchas las prácticas institucionales que no responden al espíritu del Evangelio. Por unas u otras razones, al Evangelio lo tenemos secuestrado o desvalorizado.


Resulta más que claro que entre Evangelio y capitalismo, teología y globalización neoliberal no hay coincidencia, sino oposición. Son dos proyectos, dos dinámicas, y dos escatologías distintas. La del capitalismo apuesta por el egoísmo, el lucro, la ambición, el poder y el éxito. La del Evangelio apuesta por el amor, la justicia, la generosidad, el compartir, el servicio fraternal y la humildad.
 
El reino de Dios es ya para este mundo y tiene que ver grandemente con la política:
La utopía de Jesús es que el reinado de Dios se instaure progresivamente en la vida e historia de los hombres. Los imperativos de la justicia, del amor, de la libertad, de la paz y de la felicidad son imperativos para el momento presente. Si El hubiera renunciado a hacer efectivo su programa, no hubiera cuestionado el contenido de otros programas – el político y religioso de entonces- y no hubiera sido censurado, perseguido ni ejecutado. La ambición de los poderes que no sirven al pueblo utiliza siempre la política y la religión no para asegurar el bien y los derechos del pueblo, sino para defender su propio bienestar y privilegios, lo cual les lleva a tergiversar o vaciar la religión de su verdadero sentido.

Los evangelios nos dicen que Jesús anuncia una “buena noticia” o, lo que es lo mismo, la cercanía del “proyecto o reinado de Dios”. Ambas expresiones quieren decir que Jesús anuncia una sociedad alternativa, que exige un cambio individual y un cambio de las relaciones humanas sociales. Surgirá así el hombre nuevo.
[...]

Y concluyo con este poema del mismo Pedro Casaldáliga:

Yo me atengo a lo dicho:
La justicia:
a pesar de la ley y la costumbre,
a pesar del dinero y la limosna.

La humildad,
Para ser yo, verdadero.

La libertad,
para ser hombre.

Y la pobreza,
para ser libre.

La fe, cristiana,
para andar de noche,
y, sobre todo, para andar de día.

Y, en todo caso, hermanos,
yo me atengo a lo dicho: a la esperanza.
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