domingo, 10 de abril de 2016

LA PEOR DEVALUACIÓN: LA DE «NOSOTROS MISMOS».


Ante el derrotismo vigente en relación a los poderes más nobles que el ser humano ha recibido, y cuyo desarrollo siempre apunta a un sincero Sí Universal a la Vida, siendo por el contrario su asfixia una verdadera amenaza para ésta, queremos patentizar el contraste que con dicho derrotismo supuso una época que, con menos recursos científicos y técnicos que la nuestra, sabía, sin embargo, dónde radica el verdadero hontanar de la auténtica creatividad, que, en cuanto tal, es también cuidado amoroso por la obra recibida de los que nos precedieron.
Legado que, en sí mismo, es un testimonio de esfuerzo guiado por la fe y por la generosidad que brota de ésta cuando es en la Verdad, la Justicia, la Igualdad y la Libertad, por no citar otros valores, en quienes la depositamos.

Friedrich Hegel
«El coraje de la verdad, la fe en el poder del espíritu, es la primera condición de la filosofía. Al ser espíritu, el hombre puede y debe considerarse a sí mismo como digno de lo más elevado, nunca puede tener una estima suficientemente grande de la magnitud y poder de su espíritu, y con esta fe nada será tan árido y duro como para que no pueda hacérsele patente. La esencia al pronto oculta y cerrada del universo no tiene ningún poder capaz de resistir el coraje del conocer; ella debe abrirse a él y dejar extendidas ante los ojos su riqueza y profundidades, ofreciéndolas para su goce».

G.W.F. Hegel, «Fragmento del discurso inaugural, con motivo de la toma de posesión del cargo de Rector, pronunciado el 28 de octubre de 1816, en el Gymnasium de Bermberg (Baviera)». Citado por M. Heidegger, La fenomenología del espíritu de Hegel, Alianza Editorial, Madrid, 1992, pp. 52-53.

martes, 29 de marzo de 2016

"La puta respetuosa" de Sartre. Lectura dramatizada, introducción y debate

El pasado día 8 de marzo, la Asociación Aletheia en colaboración con la Asociación de Mujeres Basileas, organizó una lectura dramatizada de algunos fragmentos de La puta respetuosa, de Jean Paul Sartre. Dicha lectura fue precedida por una introducción a cargo de Francisco Almansa, el cual respondió asimismo a las cuestiones planteadas tras la dramatización.

Queremos agradecer especialmente la generosa aportación de las voces de Adela Arroyo (Lizzie), Adela Enríquez (Senador), Alejandro Sanz (Fred) y Juan Tiscar (Negro).

A continuación compartimos la grabación de este acto, por medio del cual hoy nos es más accesible la filosofía existencialista del autor. De igual manera, La puta respetuosa nos proporcionó una oportunidad privilegiada para reflexionar acerca de las relaciones de dominación y sumisión, motivo por el cual fue escogida con ocasión del Día de la Mujer.




jueves, 25 de febrero de 2016

'La puta respetuosa' de Jean Paul Sarte. Introducción, lectura dramatizada y debate.

Ernest Ludwig Kirchner, Calle con buscona de rojo. Escena callejera berlinesa (1914-1925)

El proximo 8 de marzo, día de la Mujer, nos ha parecido una magnífica ocasión para reflexionar conjuntamente y en buena compañía sobre una obra clave en el tema de la liberación femenina (y también de otros colectivos oprimidos): La puta respetuosa, del dramaturgo existencialista francés Jean Paul Sartre. Pero lo haremos un poco más tarde, el día 11 (viernes) a las 19:00 horas en el salón de actos del centro cívico Lepanto (Avda. del Marrubial, s/n. Junto a Biblioteca Central).
 
La introducción al tema irá a cargo de Francisco Almansa (filósofo y conferenciante). Se harán algunas lecturas dramatizadas por parte de mujeres y un coloquio a raíz de todas las cuestiones que vayan y nos vayan surgiendo.

La asistencia es libre. 

Organiza: Asociación de Mujeres Basileas (Córdoba).
Colabora: Asociación Aletheia.

sábado, 13 de febrero de 2016

WISTON CHURCHILL Y LAS "TRIBUS INCIVILIZADAS"

El que reproducimos a continuación es un texto extraído de un libro de entrevistas a Noam Chomsky: La era Obama y otros escritos sobre el imperio de la fuerza. En él aparece un notable pasaje histórico que, como él mismo dice, no aparece nunca en los libros de historia, y que vincula estrechamente la política británica con el imperialismo de naturaleza racista. Es éste:


Winston Churchill (1874-1965)


«Tomemos el ejemplo de los kurdos. ¿Qué hicieron los británicos con los kurdos? He aquí una pequeña lección de historia que no se enseña en las escuelas inglesas, pero que conocemos gracias a documentos desclasificados. El Reino Unido había sido la potencia dominante del mundo, pero la primera guerra mundial debilitó su poderío. Cuando se examinan los documentos internos secretos, se descubre que después de la guerra los británicos estuvieron debatiendo cómo iban a continuar gobernando Asia ahora que no tenían fuerzas militares suficientes para ocuparla realmente.

           La propuesta era optar por el poderío aéreo. La fuerza aérea era entonces algo incipiente, surgido a finales de la primera guerra mundial. Y la idea era usar la fuerza aérea para atacar a la población civil. Se les ocurrió que sería una buena forma de reducir costos de aplastar a los bárbaros. Winston Churchill, que entonces era ministro para las colonias, pensó que eso no era suficiente. Recibió una petición del mando de la fuerza aérea de El Cairo solicitándole autorización para usar gas venenoso, y aquí cito textualmente, "contra los árabes recalcitrantes". Los árabes recalcitrantes de los que estaban hablando eran en realidad kurdos y afganos, no árabes, pero, como sabéis, de acuerdo con las normas racistas, todo aquel a quien se quiere matar es un árabe. Así que la cuestión era: ¿Debemos usar gas venenoso? Tened presente que estamos en tiempos de la primera guerra mundial: el gas venenoso era entonces lo último en atrocidades. Era lo peor que alguien podía imaginar. 

            Pues bien, este documento circuló por el Imperio británico. El Ministerio de la India se oponía, pues consideraba que el uso de gas venenoso contra los kurdos y los afganos podía causar problemas en la India, donde ya tenían bastantes problemas. Habría levantamientos, la gente se pondría furiosa, etc. En Inglaterra no iba a importarle a nadie, por supuesto, pero en la India sí. Esto indignó a Churchill, que dijo:

No entiendo estos escrúpulos respecto al uso de gas... estoy totalmente a favor del uso de gas venenoso contra las tribus incivilizadas... No hay necesidad de usar los gases más letales; pueden emplearse gases que causen grandes inconvenientes y propaguen un terror intenso sin causar efectos permanentes graves en la mayoría de los afectados... No podemos consentir bajo ninguna circunstancia que no se utilice cualquier arma disponible para conseguir terminar con rapidez el desorden que prevalece en la frontera.
Eso salvará vidas británicas. Usaremos todos los medios que la ciencia ponga a nuestro alcance.

            Pues bien, esa es la forma de lidiar con los kurdos y los afganos cuando eres británico. ¿Qué pasó después de eso? Pues lo cierto es que no lo sabemos con exactitud. Y la razón por la que no lo sabemos con exactitud es que hace diez años el gobierno británico instituyó lo que se denominó una política de "apertura gubernamental" para hacer más transparente su funcionamiento, ya sabéis, para fomentar la democracia y que la población sepa lo que hace su gobierno. Y el primer acto de esta política de apertura gubernamental fue sacar de los Archivos Nacionales (y, posiblemente, destruir) todos los documentos relacionados con el uso de la fuerza aérea y el gas venenoso contra los árabes recalcitrantes, es decir, contra los kurdos y afganos. De modo que tenemos la fortuna de no tener que saber con exactitud cuál fue el resultado de este pequeño ejercicio churchillian.

            Los británicos, en cualquier caso, se salieron con la suya. Hubo muchos tratados de desarme en esta época. En esos años, después de la primera guerra mundial, se hicieron muchos esfuerzos para reducir la guerra y demás. Los británicos consiguieron minar todo intento de prohibir el uso del poderío aéreo contra la población civil. Los grandes estadistas británicos estaban muy satisfechos con este éxito. En 1932, en un documento interno, ese famoso y honorable estadista que fue Lloyd George elogió al gobierno por haber logrado, una vez más, bloquear cualquier límite para el uso de la fuerza aérea: "insistimos en reservarnos el derecho de bombardear a los negratas", dijo. Sí, así se hace. Y ese es el Reino Unido, la otra gran democracia.»


CHOMSKY, Noam (2011), La era Obama y otros escritos sobre el imperio de la fuerza, Pasado&Presente, Barcelona, pp. 125-127.

lunes, 25 de enero de 2016

SOBRE EL TRABAJO. EL TRABAJO COMO EXPRESIÓN DEL SER HUMANO


Reproducimos a continuación un fragmento de un capítulo del libro La ecología del trabajo. El trabajo que sostiene la vida, publicado recientemente por la editorial Bomarzo. Dicho capítulo se titula 'Relaciones entre ser humano, trabajo y naturaleza desde una perspectiva histórico-antropológica', y su autora es Rosa María Almansa. En él se investiga sobre la naturaleza del trabajo libre y su contraposción al trabajo dependiente o enajenado:

Aunque Marx hace depender el ser históricamente particular de los seres humanos de las relaciones sociales de producción que puedan darse en cada momento, en sus Manuscritos de 1844 se remite a un ser «genérico» del hombre que no es, en definitiva, sino una forma de ser común y compartida que le permite trascender sus condiciones particulares de existencia. Este carácter que denomina genérico es su propia universalidad, su capacidad consciente de situarse más allá de su propio hacer, de objetivarlo, no siendo, por tanto, uno con él, como es propio del animal. En esto justamente radica su libertad: en el carácter reflejo de su propia conciencia o autoconciencia. Esto es fundamental porque otorga un sentido al hacer humano, esto es, al trabajo o «vida productiva». Puesto que somos esencialmente seres autoconcientes, la «vida productiva» se convierte en expresión de la «vida genérica»; esto es, «la actividad libre, consciente, es el carácter genérico del hombre»[1]. Luego es propio de nosotros –y, en consecuencia, exigencia radical-, la objetivación en nuestro trabajo y en su producto. Y esto significa no solo capacidad de aprehender ambos en su totalidad, sino de proyectar en ellos un sentido y un fin, que a su vez deben estar en consonancia con la naturaleza propia de los otros seres.
Según el propio Marx de los Manuscritos, la reducción de este ser genérico del hombre a puro medio de vida, junto con la consideración de la naturaleza como algo ajeno a nosotros mismos (más allá, según dice, de su vivencia como «cuerpo inorgánico» del hombre), es lo que da lugar al trabajo enajenado. Con el trabajo, que es expresión de nuestra universalidad y capacidad de proyección, participamos activamente en el quehacer social, en la elaboración colectiva, y por tanto damos expresión a nuestro ser netamente realizador. Pero desde el momento en que éste es asumido preferentemente como un medio para un fin externo a él mismo (como pueden ser la simple obtención de una retribución económica, o el logro de un estatus), pierde su naturaleza libre, y podemos hablar ya de trabajo enajenado, dependiente o relativo. Lo que se quiere subrayar es que cualquier trabajo debe poder afirmarse por sí mismo, independientemente de las utilidades centrales o marginales que lleve consigo, ya que únicamente lo que se hace por sí puede considerarse como verdaderamente libre.
Por otra parte, solamente lo que es libre encuentra la principal satisfacción en la realización misma del trabajo, siendo ésta la auténtica recompensa obtenida (lo que no obsta, naturalmente, para que sea retribuido). Pero en todo caso esa retribución no sería el fin primordial o más perseguido en su ejecución, y, en condiciones de libertad (esto es, no sujetas a necesidad o dependencia, que puede ser de diversos tipos), aquélla estaría subordinada a la realización que pudiéramos denominar «gratuita» del trabajo (puesto que encuentra la principal gratificación en sí mismo). A este tipo de trabajo es al que podemos denominar libre o vocacional, pues es el que permite la realización de nuestra singularidad; y en cuanto que nos permite ser nosotros mismos, nos hace también más libres[2].
Pero aquello que es más sí mismo también necesita menos de otros para ser; es decir, no parasita identidad, encontrando en el ser sí mismos de los otros –y, por tanto, en las realizaciones que les son propias- una satisfacción genuina. Por lo tanto, no necesita consumir naturaleza más allá de lo necesario para la reproducción óptima de su fuerza de trabajo, con vistas a, en última instancia, poder dar más de lo que se ha tomado, en el sentido de transformarlo en algo universal; esto es: que pueda ser utilizado o gozado por todos. Y, al contrario, como ya se expuso más arriba, la pulsión permanente de llevar a cabo realizaciones que son siempre por otra cosa (ya sea dinero, estatus o reconocimiento de cualquier tipo, que siempre es frente o a costa de otros), nos conduce a afirmaciones que, más bien, son de representaciones o imágenes falsas de nosotros mismos. Estas últimas, precisamente por carecer de ser, resultan insaciables, y, en definitiva, enormes consumidoras de recursos. En tanto que tales, son asimismo privadoras a otros de los recursos que les son esenciales, puesto que introducen una enorme distorsión en las prioridades y mecanismos sociales de producción.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, se puede además afirmar que:
1. Toda producción de bienes materiales, así como las formas de distribución y cambio inherentes a la misma, sólo son relativas a la afirmación de la singularidad humana y natural, considerada la primera tanto al nivel del individuo como al nivel del Nosotros.
2. Todo el proceso de la vida social se sustenta con la energía humana (fuerza de trabajo) consumida en el trabajo humano necesario para el mantenimiento de dicha vida social y con la energía tomada de la naturaleza.
3. El gasto de energía en ambos casos ha de ser conforme al objetivo de restituir a ambos sistemas a sus condiciones óptimas iniciales. No se puede gastar más energía que aquella que permite la regeneración óptima del sistema.[3]
En otras palabras, el fin de la economía o metabolismo material de una sociedad debe encontrarse subordinado, en última instancia, al reconocimiento y potenciación del ínsito ser singular del ser humano y de la naturaleza –en buena medida reprimido o agostado en ambos-, y que se manifiesta en su potencial creador, que se afirma por sí mismo, sin interés, por tanto (en nuestro caso), en recibir compensación o reconocimiento de mérito alguno por él. Y esto último puede muy bien verse en el carácter ejemplarizante de figuras singulares que pueblan toda la trayectoria histórica. Su trabajo o actuación no solo fue (y es) desinteresado –y, por tanto, sus vidas austeras o frugales-, sino que, por lo general, trabajaron, precisamente, para potenciar la singularidad –que es lo mismo que decir la libertad- de los otros y de la propia naturaleza y todos sus seres. Saber reconocer el valor de tales «excepciones» -más importantes, por cierto, que la «norma» o regularidad para cualquier ciencia- resulta fundamental a la hora de establecer las bases de una nueva –y urgente- antropología.
En estas circunstancias, seguir considerando al ser humano como un ser «de necesidades» resulta no solo contradictorio, sino contraproducente, pues lo sitúa en una condición dependiente que le impulsa imperiosamente siempre a tomar (o a pensar que ha de hacerlo). Desgraciadamente, no contribuye a contemplarlo como una realidad entitativa capaz de tomar posesión de sus propios límites y, por tanto, llevado espontáneamente a respetar la autonomía relativa propia de otras singularidades. Afirmar que el hombre «necesita» de la libertad, o que posee «necesidades como potencial», esto es, que tiene «necesidad» de plenitud[4], es algo así como decir que necesitamos ser lo que ya de hecho somos (aunque se admita que dicha cualidad ontológica no haya alcanzado su consumación históricamente). Y el ser, como nos recuerda Heidegger, es realidad, es desbordamiento, no carencia[5].


[1] La referencia para estas reflexiones, especialmente en K. MARX, Manuscritos…cit., pp. 111-112.
[2] Una de las raras reivindicaciones por parte de un economista en pro de una humanización del trabajo (no únicamente en el sentido de  hacer aceptable el trabajo, sino en el de que sea el propio ser humano el patrón de todo trabajo, teniendo seriamente en cuenta su relación con los fines de la existencia del hombre), en E. F. SCHUMACHER, El buen trabajo, Madrid, Debate, 1980.
[3] F. ALMANSA, «Principios para una nueva economía. Principios económicos del Afirmacionismo», Aletheia. http://aletheia-informa.blogspot.com.es/2010/11/principios-para-una-nueva-economia.html. 4 de junio de 2011. Se trata de una exposición de veintitrés puntos en total, siendo los citados los tres primeros.
[4] Una buena muestra de esta postura, del que se extraen las referencias en el texto, es el libro de J. SEMPERE, Mejor con menos. Necesidades, explosión consumista y crisis ecológica, Barcelona, Crítica, 2008.
[5] «El crear como comunicar; es importante aquí prestar oídos de la manera precisa. Todo crear es comunicar [Mit-teilen: com-partir] esto implica que el crear funda, establece o, como dice Hölderlin, instituye en sí mismo nuevas posibilidades del ser. El crear comparte y reparte un nuevo ser al ente tal como ha sido hasta el momento. El crear como tal, y no sólo su aprovechamiento, es un regalar.» M. HEIDEGGER, Nietzsche, Barcelona, Ariel, 2013, p. 313. (Cursivas en el original).

domingo, 3 de enero de 2016

TALLER: LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD


El próximo día 16 de enero (sábado), se celebrará en Sevilla un TALLER que tendrá por tema central: La instrumentalización de la sociedad. La actividad está organizada conjuntamente por las asociaciones 'Iniciativa Cambio Personal, Justicia Global' de Sevilla y por Aletheia. El taller constará de dos ponencias introductorias, a cargo de Francisco Almansa (filósofo y conferenciante) y de sesiones de debate abiertas a los participantes.

Adjuntamos el esquema de la actividad más abajo. Los interesados en acudir pueden escribir para ello, hasta el día 8 de enero, al correo de Iniciativa (personayjusticia@gmail.com) o al correo de Aletheia (aletheia@asociacionaletheia.eu). 

Su realización tendrá lugar en la sede de Iniciativa: 
Avda. Cristo de la Expiración, s/n - Bajo del Puente del Cachorro.41001 Sevilla  




TALLER «LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD».

HORA DEL ENCUENTRO: 10.00 HORAS DE LA MAÑANA.

ESQUEMA:

Iª PARTE:

10:15 h.-11:45 h.: Exposición

1. Qué es un instrumento y qué una realidad viva.

2. Diferencia entre sociedad instrumental y sociedad libre.

3. La evolución natural y social como control objetivo de la instrumentalización.

11:45-13:45h.: Debate

IIª PARTE:

16:00 h.-17:30 h.: Exposición

1. Un ejemplo de sociedad instrumental: la sociedad capitalista.

2. Formas de trascender la sociedad instrumental y el sujeto social para llevarlo a cabo.

17:30-19:30: Debate



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