viernes, 31 de diciembre de 2010

LO POR VENIR

Y mi pequeña esperanza no es nada más que esa pequeña promesa de brote que se anuncia justo a principio de abril.

Y cuando se ve el árbol, cuando miráis el roble,

Esa ruda corteza del roble trece y catorce veces y dieciocho veces centenario,

Y que será centenario y secular por los siglos de los siglos,

Esa dura corteza rugosa y esas ramas que son

como un revoltijo de brazos enormes,

(un revoltijo que es un orden),

Y esas raíces que se hunden y empuñan en la tierra

Como un revoltijo de piernas enormes,

(un revoltijo que es un orden),

Cuando veis tanta fuerza y tanta rudeza, ese brote pequeño y tierno ya no parece nada.

Es él el que parece un parásito del árbol, que parece comer a la mesa del árbol. (…)

Pero es lo contrario, es él de donde todo procede. Sin un brote que apareció una vez, el árbol no existiría.

Sin esos miles de brotes, que llegan una vez a principios de abril y quizá los últimos días de marzo, nada duraría, el árbol no duraría, y no mantendría su puesto el árbol (y este puesto debe ser mantenido). (…)

Esta corteza áspera parece una coraza, comparada con este tierno brote. Pero la áspera corteza no es nada más que un brote endurecido, que un brote envejecido. Y por eso el tierno brote perfora siempre, surge bajo la dura corteza.

Hasta el guerrero más duro ha sido un niño tierno alimentado con leche (…).

Sin este brote, que tiene aspecto de poca cosa, que no parece nada, todo esto no sería sino leña muerta.

Y la leña muerta será arrojada al fuego.

Lo que os confunde es que esta corteza ruda os desuella las manos; y no movéis el tronco ni una milésima de milímetro; (…)

Mientras que el brote no se resiste nada bajo el dedo y simplemente con la uña, el primero que pase hace saltar el brote (…).

Y el brote no resiste nada. Además es que no está hecho para la resistencia, no está encargado de resistir.

Son el tronco y la rama, y esa raíz central los que están hechos para la resistencia, los encargados de resistir.

Y es la ruda corteza la que está hecha para la rudeza y la que está encargada de ser ruda.

Pero el tierno brote no está hecho más que para el nacimiento y no se le ha encargado sino que haga nacer.

(Y que haga durar)

(Y que se haga querer)

Y por otra parte yo os digo, dice Dios, que sin ese brote de abril, sin esos miles de brotes, sin ese único brotecito de esperanza (…) toda mi creación no sería más que leña muerta.

Y la leña muerta será arrojada al fuego.

Y toda mi creación no sería más que un inmenso cementerio.

Además, mi hijo ya se lo ha dicho: Dejad que los muertos entierren a sus muertos.



Charles Péguy, El misterio de los Santos Inocentes, Encuentro, 1993, pp. 9-11.

lunes, 27 de diciembre de 2010

ISAÍAS 11

1 Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.

2 Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh.

3 Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas.

4 Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado.

5 Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.

6 Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá.

7 La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja.

8 Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano.

9 Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.

10 Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa.


martes, 21 de diciembre de 2010

EL ORIGEN DE LA PROPIEDAD PRIVADA

George Grosz, Una victima de la sociedad (1919)  
Como es sabido a través de los textos antropológicos, la mentalidad del hombre primitivo es animista. Esto significa que concibe la naturaleza como fecundada por los espíritus, que se localizan en ella, siendo ésta la causa “viva” de su abundancia.

Es muy probable que con la primera transición de las comunidades nómadas a las sedentarias se diera un paso más allá, y se concibiera que la materia se impregnaba o recibía el espíritu de aquel que la trabajaba y la hacía producir. Y esa habitación del espíritu humano en la materia, ya previamente animada a su vez, daba lugar a una abundancia aún mayor. Esta trasposición es lógica si se considera, por un lado, que el ser humano no era capaz aún de objetivar los propios métodos organizativos de su actividad mental y su plasmación en las cosas; y, por otro, si se tiene en cuenta lo que debían estas concepciones a la mentalidad animista anterior, con la cual guardaban aún profunda analogía. Pero, si se observa bien, esta fusión de lo que se consideraba el espíritu humano con la materia -que la hacía más productiva- puede muy bien ser el origen de la primera propiedad privada en las sociedades humanas, la cual debía tener un sólido acomodo en su propia concepción de las cosas. En efecto, no resulta coherente que en un contexto de mentalidad animista surgieran consideraciones pragmáticas que pudieran dar lugar, tan tempranamente, a una sanción legal de la propiedad privada, simplemente porque las consideraciones pragmáticas no tenían aún apenas cabida en ese mundo, a no ser en forma de magia. Tampoco parece plausible que pudiera justificarse y asentarse sin más una situación violenta de apropiación. Las raíces de la nueva situación debían ahondar en las profundas implicaciones entonces concebidas y sentidas del ser humano con su medio y con los recursos que éste le proporcionara. Y lo que se percibe es, como queda dicho, un fenómeno de localización del espíritu en la materia, que la hace más productiva. Esto es lo que hace ya que el ser humano, por primera vez en su historia, se encuentre «localizado» en determinados medios.

Con la aparición de las primeras grandes religiones -que lo que buscan en el fondo, aunque inconscientemente, es la afirmación última de la conciencia sobre la materia- surgen grandes divinidades (ya no tan localizadas) que, sin embargo, no anulan completamente a los pequeños espíritus animistas anteriores, que permanecerán metamorfoseados, de una u otra manera, hasta prácticamente nuestros días. Continuará, pues, presente igualmente la concepción del espíritu del hombre como animador de la materia en la forma de medios, los cuales llegarán a tomarse incluso como un «segundo cuerpo» o una extensión necesaria del mismo. Esto es, efectivamente, lo que ocurre con la propiedad privada de los medios -fenómeno hoy también perfectamente observable-: el ser humano los percibe como parte de sí mismo (su «segunda piel»), lo cual conlleva, inevitablemente, a que éste acabe verdaderamente «sujeto» a los medios; esto es, atrapado en ellos, y empleando a otros hombres como «medios» de esos medios. Es lo que nosotros llamamos el «sujeto de los medios», en el doble sentido del concepto «sujeto»: voluntad consciente y sujeción a los mismos. Aparece, pues, una doble voluntad: por una parte, los medios, en su inmanencia, tienen sus propias exigencias objetivas, que se manifiestan -para el propietario de los mismos- de una manera semejante a las exigencias de su propio cuerpo, y, para muchos de ellos, de forma aún si cabe más compulsiva. Por otra, es la voluntad consciente del propietario la que decide lo que en el fondo no puede sino decidir cuando se da ese conyugio -por utilizar la terminología gnóstica- entre la propiedad y el propietario en tanto que conciencia localizada: la de producir más y más medios.


El alienista  (1919), Kurt Schwitters

Si se llega, pues, a la conclusión de que el fundamento de la propiedad privada es la localización de la conciencia humana en un medio, de la misma se desprende, por un lado, que la propiedad privada limita -no amplía- la libertad humana, y, por otro, que ésta (la de este tipo de propiedad) no es sino una fase -por prolongada que se entienda- del desarrollo o evolución humana, cuyo objetivo es liberarse de cualquier medio que limite a la conciencia, pues ella -como ser que por excelencia se autoidentifica- no es un medio, sino un fin en sí misma.

La tercera fase en este largo proceso habrá de ser, a nuestro entender, la de nuestra objetivación en un trabajo libre, aquél cuya realización es ya un fin en sí mismo (véase nuestro artículo sobre La represión del trabajo libre). El ser humano se objetiva como libre cuando es la propia realización de su trabajo la que es válida por sí (sin ningún objetivo externo que nos convierta en «medios» de los medios o de otros hombres), por lo que su fruto se transforma espontáneamente en una ofrenda, en un presente a los otros, conscientes de que su realización es también por los otros, esto es, que no puede ser sin ellos.

También sobre el trabajo vocacional pueden consultarse los siguientes artículos: El trabajo libre o vocacional (I) y El trabajo libre o vocacional (II), además: LOS LÍMITES DEL ESTADO DEL BIENESTAS, LA JUSTICIA Y EL NUEVO SUJETO SOCIAL.

sábado, 18 de diciembre de 2010

RESUMEN DEL AFIRMACIONISMO O TEORÍA DE LO UNO (I): LA NADA ES TRANSPARENCIA

La revista digital Avalon ha tenido la gentileza de publicar en su número de diciembre de 2010 (Año II, nº 14) la primera entrega del artículo "Resumen del Afirmacionismo o Teoría de lo Uno", que se expondrá en tres entregas, y cuya autoría corresponde a Francisco Almansa González, Filósofo y Presidente de Aletheia.

El texto completo del artículo se encuentra en nuestro blog a través del enlace: http://aletheia-informa.blogspot.com/2010/09/resumen-del-afirmacionismo-o-teoria-de.html. Podéis también leer su primera parte directamente en la edición digital de la revista (http://issuu.com/revistadigitalavalon/docs/revistadigitalavalon2.14/90) a partir de la página 90 de la misma.

Reproducimos aquí, no obstante, su breve preludio y os invitamos a su lectura: 

«Es el presente artículo un resumen de un pensamiento, el afirmacionista, que tiene como objetivo poner de manifiesto que sólo desde la afirmación -entendida ésta como presencia presenciadora-, lo relativo, la negación y hasta la misma nada no carecen de sentido. Sin embargo, un resumen tan breve para una meta tan ambiciosa necesariamente ha de adolecer justamente de aquello que perseguimos con más ahínco en tanto en cuanto tratamos sobre el Ser: su transparencia. Esperamos, no obstante, que aun en la insoslayable oscuridad de una exposición tan limitada, se nos revele por ella la estrecha relación existente entre los valores que nos definen en nuestra más profunda humanidad, pues todos son presencias del orden de lo Uno, y por tanto indisociables. Esto hace que con su eclipse, o lo que es equivalente, con su disociación, cada valor acabe siendo un  puro medio en el espacio que hoy se pretende absoluto de lo instrumental.» 

DOS SABIAS REFLEXIONES

Lo que el ser humano reclama con todas sus fuerzas es la realización de su expresión más completa. Ese deseo de expresarse es el que le lleva a buscar la riqueza y el poder. Pero el ser humano debe aprender que acumular no es realizar. Lo que le revela a él mismo es la luz interior, no los objetos exteriores.

RABINDRANATH TAGORE.
(Remitida por J. C. Cuerda a la Red Consciencial de Andalucía).

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho;
los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones;
nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos;
la cosa más fácil, equivocarnos;
la más destructiva, la mentira y el egoísmo;
la peor derrota, el desaliento;
los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor;
las sensaciones más gratas, la buena conciencia,
el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos,
y, sobre todo, la disposición para hacer el bien
y combatir la injusticia donde quiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES, Don Quijote de la Mancha.

Imagen: Rabindranath Tagore.

martes, 14 de diciembre de 2010

LA REPRESIÓN DEL TRABAJO LIBRE

Santiago Ramón y Cajal
Como es sabido, el capitalismo se caracteriza fundamentalmente por la explotación del trabajo asalariado. Según teoriza Marx, en el proceso de trabajo hay un tiempo que el trabajador emplea en la reproducción de su propia fuerza de trabajo (que logra a través del salario) y otro tiempo que, no destinándose a este fin, es objeto de apropiación por parte del capitalista. Este último es el que, transformado en valor, constituye la plusvalía. Dentro del primero, sin embargo, no se incluye únicamente la reproducción de la fuerza de trabajo estrictamente, sino también las necesidades de autoidentificación y de bienestar psicológico del trabajador, ello en función, naturalmente, del grado de desarrollo alcanzado por una sociedad.

El marxismo, sin embargo, no tiene en cuenta, en general, desde el punto de vista de la evolución del trabajo, la energía «excedente», aquella que es muy superior a la necesaria para reproducir su propia fuerza de trabajo, que posee el cuerpo humano (incluso en sociedades muy poco tecnificadas). Ese plus o excedente de energía es, para nosotros, el destinado al trabajo libre; esto es, el trabajo que realiza el ser humano para la afirmación de sí mismo como tal, sin que posea, por tanto, ningún fin externo, y que es inherente, pues, a la condición humana. Es por esta razón que puede denominarse, asimismo, trabajo esencial, auto referenciado o creativo.

La teoría marxista, sin embargo, contempla únicamente la naturaleza del trabajo como dependiente (para la producción de bienes o mercancías), pero nunca como libre. Si bien,afirma Marx en general, que la economía es la esencia del hombre, también enuncia, por otra parte, que su esencia viene constituida por el trabajo. Sin embargo, si esto último es realmente así, el trabajo no debería suponer ninguna carga para el ser humano, pues sólo lo que limita a la esencia es lo que nos niega en nuestra humanidad. Y es que, en efecto, el trabajo es expresión de nuestra esencia cuando a través de él nos realizamos y nuestra realización es, a su vez, necesaria a la realización de los otros. Es decir, cuando es libre.

Por lo tanto, puede decirse que lo que se apropia actualmente el capitalismo en aquellas áreas más tecnificadas es, fundamentalmente, la parte del trabajo destinada al trabajo libre. En cambio, en sus primeras fases, como las etapas de la primera industrialización, y en el Tercer Mundo, no sólo se apropia de este último, sino también de aquella parte del trabajo necesaria para la reproducción misma de la fuerza de trabajo. Con ello se produce, naturalmente, la extenuación del trabajador, e incluso su muerte física.

Constantin Meunier, La mina (1901)
En esencia, a lo que aspira el marxismo es a que no se explote «el trabajo dependiente», cosa que pretendió lograrse, básicamente, en el socialismo, si bien en este último continuará, de igual manera que en el capitalismo, la explotación del «trabajo libre». Su límite, pues, se encuentra en la justicia del trabajo dependiente, pero sin dar un paso más allá. Sin embargo, cuando hoy reivindicamos la realización del trabajo libre no nos referimos a la realización del ocio de cada cual, sino a la creación de un modo de producción del trabajo libre, algo que no pudo ser concebido por el marxismo por su dependencia teórica casi absoluta al trabajo únicamente dependiente, y por una concepción del ser humano ciertamente aún limitada, a excepción de brillantes intuiciones que se manifiestan generalmente en lo que se ha dado en llamar etapa del joven Marx. Y ello es capital si tenemos en cuenta que el trabajo libre -que, si es tal, responde a una vocación auténtica- es, como decimos, el esencial, pues es el único que es expresión de nuestra condición humana verdaderamente singular y solidaria, y como tal, nos libera de las servidumbres de fines externos a nosotros mismos que nos reducen al papel de meros medios: el dinero, el prestigio social, el consumo, el poder de control sobre otros, etcétera.

Las sociedad capitalista actual, en el Primer Mundo fundamentalmente, ha alcanzado un límite respecto a la compensación del trabajo dependiente (casi absoluto para este sistema) -y, por tanto, respecto a su capacidad de represión del propio trabajo libre. El primero crea condiciones de estrés y de sensación de sin sentido que no pueden compensarse ya sino con trabajo libre, apareciendo otros mecanismos sustitutorios como insuficientes o meros sucedáneos, puesto que, en nuestros días, lo psicológico y lo espiritual van cada vez más de la mano. Pero la represión de algo esencial supone siempre, como consecuencia, el traslado de esa energía (que no puede ser de ninguna manera eliminada) a esferas más contingentes, que toman una importancia desmesurada, como sucede con las formas compulsivas del trabajo o del consumo. Actualmente, pues, la exigencia que se impone es la consecución, no sólo del fin de la explotación del trabajo dependiente (que, por lo demás, tiene que mantenerse en sus justos términos), sino la del propio trabajo libre (que es casi absoluta), sólo posible mediante el fin de la apropiación privada de los recursos económicos, su consecuente distribución equitativa y el fin de la competencia.

Sin embargo, como se ha apuntado, la economía actual, denominada de libre mercado, es realmente una economía represiva en relación al fin último del trabajo. El fenómeno de la represión se produce cuando una instancia inferior impide el desarrollo normal de otra realidad que es relativamente independiente. Es por ello que la instancia represiva no puede pertenecer al sistema inmanente al cual reprime, sino que actúa desde «fuera» y «abajo», por así decirlo, dando lugar tanto a carencias (normalmente de elementos esenciales) como a hipertrofias (sobre todo en elementos contingentes). El capitalismo actual es una buena muestra de ello, al presentar, por un lado, un gran exceso de bienes y por otro, paradójicamente, carencias enormes. Hoy, la propia hipertrofia económica (todo en la actualidad parece tener una expresión económica), es el síntoma de que una instancia no económica está actuando y necesita de esa hipertrofia para desarrollarse y “alimentarse”.

Nuestra tesis es la siguiente: la ley que rige el capitalismo -la ley de la competencia para la obtención del mayor beneficio- no es una ley económica de esencia social, sino natural. La ley que se trata de imponer es una ley natural que funciona a nivel de individuos de una especie, si bien no al nivel del conjunto de las especies, las cuales no compiten entre sí, sino que se afirman unas a otras. Sin embargo, dicha ley se ha convertido en rectora de toda la economía y sirve de ley represiva para la objetivación de la verdadera naturaleza del trabajo y, por tanto, para el desarrollo del trabajo libre. Y ello fundamentalmente porque, pensamos,que lo que se reprime es la ley espiritual humana por excelencia, que no es otra que la de que «la afirmación de cada uno debe ser la condición de la afirmación de todos los demás».

Karl Marx y Friedrich Engels

Afirmar que la ley que rige la economía capitalista no es, en realidad, una ley económica, sino de naturaleza inferior, es, a nuestro parecer, de importancia capital, pues es la condición necesaria para eliminar su pretendida legitimidad y razón de ser. De esta forma, se muestra -cada vez más- como necesario eliminar la competencia a todos los niveles, porque ésta no revela sino un nivel ontológico inferior. En consecuencia, la esencia verdadera, y por tanto el fin último, de una sociedad libre es el trabajo libre, pues constituye, por un lado, el que da sentido al trabajo dependiente, o aquél por el que reproducimos nuestras condiciones materiales de vida, tanto sociales como biológicas, mientras que, por el otro, al ser el que tiene un fin en sí mismo, el ser humano se siente uno con su realización. Siendo bajo esta condición cuando, recordando las palabras de Machado, no se confunde precio con valor. Pues cuando este último es la expresión objetivada de lo mejor de nosotros mismos, es imposible tasarla, y sólo cabe ofrecerla como un presente a los otros. Y sólo así la economía del interés, o economía represora, aunque sea de la abundancia, pasa a ser la economía del amor, que no es sino la del trabajo libre y la generosidad.

Francisco Almansa González.

domingo, 12 de diciembre de 2010

EL APLAUSO DE LOS HOMBRES

¿Acaso no es santo mi corazón, de hermosa vida lleno
desde que amo? ¿Por qué me estimábais más
cuando era orgulloso y soberbio,
rico en palabras y más vacío?

¡Ay!, la muchedumbre gusta de lo que se aprecia en el mercado
y honra el esclavo sólo al violento;
en lo divino creen
sólo aquellos que lo son.

Friedrich Hölderlin, La muerte de Empédocles, Madrid, Hiperión, 1983, p. 108.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

EL OLIMPO FINANCIERO Y SUS SACERDOTES.

El Coloso, pintura negra de Goya
En un artículo del 28 de noviembre de 2010 de la sección económica del periódico El Mundo, Jordi Sevilla, ex ministro socialista del gobierno de Rodríguez Zapatero, vierte opiniones y expone argumentos que, a nuestro entender, suponen un salto importante e inquietante en relación a la legitimación del poder que el hipertrófico capital financiero ejerce, sin la más mínima traba legal, sobre el destino de pueblos enteros. No obstante, sus estados y gobiernos, más en concreto, no parecen estar preocupados sino por aplacar las iras que, desde ese Olimpo invisible que llaman los «mercados», sus olímpicos mercaderes nos hacen ostensibles lanzando fulminantes rayos sobre la llamada «deuda soberana». Una deuda que, paradójicamente, se adquirió cuando debido a la hybris (desmesura y soberbia) de tales divinidades, a la manera de Faetón, cayeron por su ceguera y arrogancia, e imploraron y aceptaron lo que sus representantes en el estado les ofrecieron. O sea: cantidades de dinero pertenecientes al erario público sólo comparables con la cosmología actual y la física de altas energías por la sucesión de ceros que requiere la cuantificación de ciertos fenómenos relativos a estas disciplinas.

Ahora bien, el Flamen Dialis o sacerdote jupiterino Jordi Sevilla, nos alecciona sobre el papel de este nuevo Panteón, cuya visibilidad nos está vetada. Pues, como se sabe, los dioses habitan en cumbres inaccesibles para la mirada de los simples mortales. Pero su voluntad y sus intenciones se comunican a través de sus sacerdotes oraculares: hombres de voluntad y mente ascética, adquirida a lo largo de numerosos masters, así como por el dominio de una ardua y sagrada jerga técnico-financiero. Lenguaje realmente hermético, por el que sin faltar nunca a la verdad -pues su forja ha sido el resultado de varias generaciones de hombres de auténtica fe abrahámica en la «Mano Invisible»- se nos dice, por ejemplo, que si la economía va bien no se debe subir los impuestos a los más ricos, ya que es debido a los bajos impuestos que éstos pagan por lo que la economía precisamente va bien. Pero cuando va mal, claro está, no es el momento tampoco, pues esto equivaldría a asfixiar la inversión necesaria. ¿Qué es lo que, de hecho, acaba por asfixiar? Es algo de mal gusto traerlo a colación, pues pertenece al lenguaje demagógico, prácticamente desterrado y hasta estigmatizado por los agentes sociales representantes del mundo del trabajo, hoy también iniciados en los esoterismos técnicos necesarios para ser admitidos en la Mesa Redonda del Diálogo y Concertación Social.

Pero dejemos hablar a Jordi Sevilla, al que le es de agradecer que nos diga en simple román paladino, para que no nos quepa dudas, la nueva situación en la que la soberanía popular se encuentra, sin que la soberanía popular, por supuesto, haya contado para nada a la hora de introducir esos nuevos actores invisibles, justicieros, fiscalizadores de nuestras malas acciones, a veces coléricos y hasta en ocasiones presos de cierta locura, muy propia por cierto de los dioses olímpicos. Recuérdese que el mismo Zeus padecía raptos de locura amorosa por ciertas mortales.

Tiziano, Rapto de Europa por Zeus (1559-62)

Dice Sevilla: «Hoy, en momentos de ataque de los mercados, no es la soberanía nacional la que se pone en cuestión, sino que la nueva soberanía compartida de que gozamos en este mundo globalizado incluye a los mercados como un elemento nuevo y adicional de control de las actividades de los gobiernos nacionales y que, en esta función, complementan a parlamentos y órganos regulares de supervisión cuando estos son demasiado imperfectos. ¿Hubiéramos conocido las mentiras contables del gobierno conservador griego sin las dudas expresadas por los mercados sobre dichas cuentas?
Sometidos al escrutinio de los prestamistas, los gobiernos nacionales deben de ser más cuidadosos en sus declaraciones y, sobre todo, en sus acciones. De hecho, podemos concluir que, salvo ataques transitorios de locura, los mercados penalizan precisamente la distancia existente entre lo que se dice por parte de los gobiernos endeudados y lo que se hace. Cuanto mayor sea esta distancia, mayor probabilidad de sufrir ataques existirá, porque lo que buscan los mercados de los responsables políticos nacionales es confianza, credibilidad y seriedad, no golpes de optimismo o de pesimismo.»

Resaltemos algunas de las ideas más significativas: «control de las actividades de los gobiernos nacionales». ¿Pero no son los parlamentos, en democracia, quienes controlan a los gobiernos, pues para eso han sido elegidos? Esto parece que pertenece a otra historia. Algún ingenuo podría preguntarse que quién ha elegido a “los mercados” para arrogarse dicho poder de control. No cae en la cuenta de que a los dioses nunca se les elige; sólo se les obedece.

«Sometidos al escrutinio de los prestamistas» -lapsus linguae, pues debería haber dicho, conforme al lenguaje políticamente correcto, "inversores"- «los gobiernos nacionales deben de ser más cuidadosos en sus declaraciones y, sobre todo, en sus acciones.» Remarquemos «y sobre todo en sus acciones», pues al sistema panóptico del Olimpo financiero nada se le escapa, muy al contrario que al pueblo soberano, cuyo papel es quedarse al margen de los secretos de los Olímpicos o de sus representantes en la tierra, como estamos viendo con el caso de WikiLeaks. Análogamente a Tiresias, que perdió la vista por revelar los secretos de los dioses a los mortales, Julian Assange perderá su honor y su libertad por cometer tan abominable sacrilegio.

Ya no es el pueblo el que castigará las acciones de sus representantes, sino los mercados: «podemos concluir que, salvo transitorios ataques de locura, los mercados penalizan precisamente la distancia entre lo que se dice por parte de los gobiernos endeudados»- porque así lo exigieron los olímpicos cuando en su locura dionisíaca de beneficios provocaron la mayor catástrofe financiera de la historia- «y lo que se hace».

Cuidado, por tanto, nos dice el sacerdote oracular, ya que a los dioses no se les puede engañar, y aunque a veces padezcan ataques transitorios de locura -cosa que a los humanos no nos toca juzgar, porque nuestra razón no alcanza a comprender las leyes de lo Trascendente- nunca dejarán pasar impunemente que sus representantes en este mundo pongan en riesgo el cobro de la deuda por motivos tan imperdonables como esa sensiblería humanista que se obstina en proteger, aunque sea de manera mezquina, a aquellos que por unas u otras razones son más vulnerables.

Dijo Jesús: «que allí donde está tu tesoro está también tu corazón». Pues bien, si los olímpicos son invisibles, sin embargo su corazón no lo es: basta mirar a Wall Street y los sístoles y diástoles de sus cotizaciones.

lunes, 6 de diciembre de 2010

UNA REACCIÓN CONTRA EL RELATIVISMO MODERNO: HUSSERL

Veamos, en algunas afirmaciones, la confianza del Husserl (1859-1938) en el ser humano, especialmente a través de su capacidad racional:


«la filosofía está ahí precisamente para despachar todas las anteojeras de la praxis y, en especial, de la praxis científica.»

«Y como consecuencia ulterior da por resultado la autocomprensión última del hombre en tanto que responsable de su propio ser humano». Y «lo hace comprendiéndose como racional y comprendiendo que la razón es racional en el querer-ser-racional, que esto significa una infinitud de la vida y del esforzarse hacia la razón, que la razón indica precisamente aquello hacia lo que el hombre en tanto que hombre desea llegar en su máxima intimidad, aquello que únicamente puede satisfacerlo, hacerlo “bienaventurado”, […] que el ser-hombre es un ser-teleológico». (Edmund Husserl, La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Crítica, Barcelona, 1991, pp. 236 y 283).

Otra reacción interesante: «El espíritu y la vida están mutuamente coordinados; y es un error fundamental colocarlos en hostilidad primordial o en estado de lucha». (Max Scheler, El puesto del hombre en el cosmos, p. 115).

Contrastemos las anteriores sentencias con las de algunos representantes del relativismo de nuestro tiempo:

«Hay algo sagrado en todo ser que ignora su propia existencia, en toda forma exenta de conciencia. Aquel que nunca ha envidiado al vegetal, ha pasado al lado del drama humano.» (E.M. Cioran, La caída en el tiempo, p. 143).

«Tal vez la vida, que tiene tanto en común con otros sistemas complejos energéticamente organizados, tenga en el fondo la prosaica función de transformar energía […]. Puede que seamos, parafraseando a T. Bankhead, “tan puros como el agua de cloaca”». Dorion Sagan y Eric D. Schneider, La termodinámica de la vida, Tusquets, p. 20.

viernes, 3 de diciembre de 2010

LA LIBERTAD Y EL TRABAJO COMO MEDIOS: LUDWIG VON MISES Y ALFRED MARSHALL.

Traemos a colación aquí algunas citas que pueden ilustrarnos acerca de los  “gloriosos” fundamentos ideológicos del capitalismo, cuyos descarnados planteamientos siguen hoy plenamente vigentes. Citémoslos literalmente. No tienen desperdicio:

«Quienes propugnaban la abdicación de la servidumbre, aduciendo argumentos de tipo humanitarista, quedábanse dialécticamente desarmados cuando se les probaba que, en muchos casos, la institución favorecía e interesaba también a los pobres esclavizados. Lógica era la perplejidad puesto que un solo razonamiento válido hay contra la esclavitud, desarbolando toda otra dialéctica, a saber, que el trabajo del hombre libre es incomparablemente más productivo que el del esclavo.» Ludwig von Mises, Liberalismo, Planeta-Agostini, Barcelona, 1994, p. 39. (Los subrayados son nuestros). Von Mises nace en 1881 ¡y muere en 1973!

«El liberal se rebela contra esas monsergas. Reclama la libertad para todos los seres humanos por motivaciones de otra índole. Al postular aquélla, no invoca, desde luego, ni a Dios ni a la Naturaleza […] siendo así que lo que estamos discutiendo son problemas puramente técnicos; y, en segundo lugar, porque lo único que afirma y aprueba es que el trabajo libre es más productivo que el servil […] por hallarse convencido de que tales ordenamientos sociales reducen el bienestar de la colectividad entera, incluido el de aquellos “amos” supuestamente tan gratificados.» Ludwig von Mises, Liberalismo… cit., p. 41. (Los subrayados son nuestros).

«Carece de interés para un ideario como el liberal, basado en fundamentos estrictamente científicos, el inquirir si el capitalismo es bueno o malo […]. Porque el liberalismo se ampara en las ciencias puras de la economía y la sociología, que ni pueden practicar juicios de valor, ni menos aún practicar dogmáticamente qué debiera ser y qué no debiera ser, qué sea el bien y qué sea el mal.» Ludwig von Mises, Liberalismo… cit., p. 115. (Los subrayados son nuestros).

«Podemos definir el trabajo como el esfuerzo de la mente o del cuerpo soportado parcial o totalmente con un fin distinto del propio placer derivado directamente del trabajo. Y si tuviéramos que empezar de nuevo, lo mejor sería considerar todo el trabajo como productivo». Alfred Marshall, Principios de economía. (Citado en Barber, W. J., Historia del pensamiento económico, Alianza, 1974, p. 164).

Y, en contraste, esta cita de Hegel, anterior al “progreso” capitalista, y cuyo planteamiento, tan legítimo y plenamente humano, se encuentra hoy en el más clamoroso de los olvidos:

«Este es el infinito derecho del sujeto: que se encuentre satisfecho de sí mismo en una actividad y trabajo» (Citado por Karl Jaspers, Origen y meta de la Historia, Altaya, Barcelona, 1994, p. 153. El subrayado es nuestro).
 
Imagen: Ludwin von Mises (tomada de http://www.elrevolucionario.org/).

jueves, 2 de diciembre de 2010

CONFERENCIA EXPOSICIÓN DE LA FILOSOFÍA AFIRMACIONISTA

Tal y como se ha venido anunciando, tendrá lugar esta tarde la conferencia Exposición de la Filosofía Afirmacionista por parte de Francisco Almansa, filósofo y promotor y presidente de la Asociación Aletheia.

Él mismo es el creador de esta filosofía, que viene desarrollando hace un tiempo, y que se presenta como alternativa a la crisis filosófica planteada especialmente desde la irrupción del llamado "pensamiento débil" o postmoderno, si bien posee su origen en la crisis del marxismo como último intento para transformar la realidad.

El Afirmacionismo posee proyeccción, más mediata o inmediata, como todo pensamiento filosófico serio, en todos los ámbitos que se consideran esenciales de la realidad humana: la economía, la política o la ética, con claras aspiraciones de transformación social, algunas de las cuales aparecen expuestas en nuestro blog.
Os esperamos.

sábado, 27 de noviembre de 2010

LA FUNCIÓN “MEFISTOFÉLICA” DEL DINERO


Como es sabido, Mefistófeles es el diabólico agente de la obra dramática Fausto, de Goethe, que tienta y conduce a Fausto -escéptico y cansado por una larga, solitaria e infructuosa búsqueda de la sabiduría exclusivamente a través de los libros y las probetas- a la consecución de todos aquellos deseos que no impliquen la verdad buscada, pues eso es justamente lo que el diablo no puede darle a Fausto. Es por esta razón por la que hemos venido a denominar una determinada concepción del dinero como “mefistofélica”, precisamente aquélla que lo considera como medio para la realización mágica de los deseos. Semejante concepción se correspondería con un tipo humano que podríamos llamar “fáustico”, que es el que viene a concebir la vida como mera realización de deseos, siendo lo más peligroso de ello que acaba, a su vez, identificándose con Mefistófeles, es decir, convirtiéndose en un “comprador” de voluntades (o lo que es lo mismo, que pretende imponerse o someter a otros seres humanos de una manera o de otra, sea por medio del poder económico o político, la dominación psicológica, la acumulación de saberes sin voluntad liberadora, y un largo etcétera).

En relación a la economía, esta función que hemos dado en llamar mefistofélica del dinero crea una inevitable distorsión en la misma, puesto que una buena parte de los bienes que se producen no tiene como finalidad satisfacer necesidades objetivas humanas, sino las más subjetivas, por cuanto responden a prótesis relativas al apuntalamiento de falsas identificaciones sociales, enraizadas en la naturaleza clasista de nuestras sociedades, así como en los roles que en ella se imponen. En consecuencia, la función “mefistofélica” -o “fáustica”- del dinero, acaba con la verdadera función de la economía, que no es otra que la satisfacción material de las auténticas necesidades humanas.

Resulta asimismo de lo más común considerar la acumulación de dinero como un signo de poder. Sin embargo, cabe hacer otro planteamiento completamente diferente. El dinero es, de hecho, el reconocimiento social de los límites del poder de llevar a cabo realizaciones sin la solidaridad de los demás (necesitamos del trabajo ajeno para obtener lo que necesitamos). De este modo, el dinero representa los límites de nuestro poder y nunca es muestra de soberanía real. Por ello, la acumulación de dinero en fines puramente particulares lo que demuestra es la falta de solidaridad con las carencias de los demás y el exceso, a su vez, de carencias propias en su dimensión espiritual.

Oskar Kokoschka, Aquello por lo que luchamos (1943)
Así pues, cuanto más dinero se ambiciona, más se revela la propia impotencia y debilidad. Puede decirse sin temor, pues, que son los más débiles los que aspiran a la acumulación de dinero porque no pueden confiar en sí mismos, o -valga la paradoja-, sólo quieren confiar en sí mismos, y necesitan para ello del poder de esa varita mágica que es el dinero para suplir su propia impotencia. De hecho, por el dinero nadie se distingue verdaderamente, porque al necesitar mucho también se manifiesta que se carece de mucho.

Relacionado con este tema le recomendamos: EL DINERO.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Red Consciencial de Andalucía: puesta en marcha

Somos muchos los que venimos sintiendo que, además de nuestro propio trabajo personal y en entidades y grupos diversos dirigido al despertar consciencial, en el sentido amplio de la expresión, se hace cada vez más necesaria una labor de encuentro y comunicación entre todo@s los que compartimos tal objetivo.

En este marco, una treintena de entidades y grupos ubicados en Andalucía han considerado oportuno efectuar una autoconvocatoria para mantener un encuentro, que tuvo lugar en el día de ayer, miércoles 24 de noviembre, con un doble objetivo:

-que todos los que estamos trabajando en dicha línea nos re-conozcamos, y

-que intercambiemos nuestras iniciativas y agendas respectivas, con el fin de que cada grupo divulgue no sólo sus actividades, sino también las de todos los demás.

Y, a partir de ahí, lo que vaya surgiendo, dejando que las cosas fluyan desde la perspectiva de Unidad que a tod@s nos motiva.

La reunión sirvió para ahondar en armonía y consciencia en tales objetivos y para abrir una línea de trabajo a la que paulatinamente se puedan ir sumando otros grupos similares del conjunto de Andalucía. En este orden, la globalidad de las intervenciones y reflexiones tuvieron como telón de fondo tres grandes ejes:

-el convencimiento de que estamos ya experimentado y vamos a vivir en el inmediato futuro una aceleración de acontecimientos que, contribuyendo al despertar consciencial de cada persona y de la Humanidad, hace y hará más preciso que nunca aunar fuerzas y buscar sinergias entre los que venimos trabajando, por un camino y otro, por una u otra vía, en pro de tal despertar;

-la visión compartida de que cada grupo o entidad puede ser contemplado cual pieza de un motor -en este caso, de un motor consciencial- animado e impulsado por la búsqueda de sinergias y puntos encuentros entre la totalidad de ellos (aquello que en última instancia, como se señaló en la reunión, a todo@s nos une); y

-la voluntad de que, de este modo, se conforme en Andalucía un motor consciencial que se sume a los otros muchos que están surgiendo en tantos puntos del planeta como anuncio y plasmación de la Nueva Tierra y la Nueva Humanidad.

Bajo estas líneas se recoge la relación completa de los grupos y entidades autoconvocados.

Para mayor información o para establecer cualquier tipo de contacto, este es el email de referencia: redconsciencialdeandalucia@gmail.com
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+Asociación Ahimsa Aljarafe de Bormujos
+Asociación Alma y Vida
+Asociación Jing Chi Shen Andalucía
+Asociación Aletheia de Córdoba
+Asociación AMIRA
+Asociación Arias Montano
+Asociación Nueva Conciencia Planetaria
+Asociación para el desarrollo personal “Pangea”
+Asociación para el despertar de la conciencia: amor, verdad y libertad universal (LOAU)
+Asociación Educ-Artes
+Asociación Vía Libre
+Aula de Familia de Puebla del Río
+Centro de Psicología y Desarrollo Personal “Despertar”
+Centro Integral de Yoga
+Círculo Sierpes de Granada
+Círculo Sierpes de Sevilla
+Comunidad Los Portales
+Confidencias en el Camarote, Programa de Radio y TV
+Editorial Ituci Siglo XXI
+El Molino de Aracena
+Escuela de Terapia Gestal de Jerez de la Frontera
+Fundación Andaluza Nuevo Mundo (FANUM)
+Fundación Escuela Superior de Estudios Espirituales
+Los 11 del Rinconcillo
+Nueva Tartessos
+Mandalas de Luz, Grupo de Trabajo
+ONG Tomares Comparte
+Opus Philosophicae Initiationis España
+Proyecto Avalon
+Radio Tierra Viva
+Soka Gakkai de España
+Talleres de Oración y Vida del Padre Ignacio Larrañaga

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL SÍNDROME DE PIGMALIÓN: DARWIN Y MARX

Francisco Almansa González


El proceso por el cual la ciencia pone de manifiesto presencias antes ocultas, y que por lo mismo antes constituían límites para la acción humana -y, dado lo cual, también para su libertad-, se llama objetivación. Objetivar implica, pues, poner ante sí de alguna manera una realidad antes oculta, pero que, en la medida que ha sido des-cubierta, nos ofrece unas posibilidades antes en-cubiertas; porque ser objetivado es una y la misma cosa que ser relativizado o “localizado”. Esto supone, a su vez, que, paralelamente a esta relativización-localización, el sujeto se deslocaliza relativamente a la presencia objetivada, lo cual implica que es más libre en relación a la misma. Dicho de otra manera: la presencia objetivada ya no actúa a espaldas del sujeto.
Jean-Leon Gérôme,
Pigmalión y Galatea
No obstante lo anterior, en el proceso de objetivación se da la paradoja de que, por una parte, el conocimiento de lo antes desconocido nos hace más libres, pero por otra, esta presencia objetivada nos revela también un condicionamiento antes ignorado, y que precisamente por ser ignorado nos creíamos más libres. Pero la cuestión estriba en que, al “disiparse” la libertad ilusoria que creíamos poseer, los descubridores de tales presencias parecen quedar “cautivados” por la realidad de las mismas, considerándolas como realidades determinantes de nuestro propio poder de autopresenciarnos o autoidentificarnos. Dicho poder no es otra cosa que la esencia misma de la libertad, ya que si nuestra identidad no nos pertenece es que sólo somos un medio; pero entonces es absurdo hablar de libertad. Esta actitud frente al objeto descubierto (ya sea por el poder de la inteligencia, de la imaginación, de la intuición, etc., mediante el virtuosismo de un método, como sucede tanto en la ciencia como en el arte), es lo que denominamos “síndrome de Pigmalión”. Como se sabe, este escultor de la antigüedad quedó cautivado por la escultura que él mismo había creado. Esto suponía que lo objetivado por el creador en ese mármol sin forma se convirtió en una traba para su imaginación creadora. «¿Para qué buscar otro sitio si aquí radica todo?» En este caso de Pigmalión, es la Belleza en sí la que cree haber encontrado, en la figura de su obra. Ahora bien, no es la Belleza en sí lo que Pigmalión ha objetivado en el mármol (por lo que el amor excluyente a su obra lo limita, ya que lo que ama es una particularidad de la misma), y el que confunde lo que no tiene límites -en este caso, la Belleza- con lo contingente, se queda “localizado” en los límites de su descubrimiento o de su creación.

Dos gigantes del pensamiento como fueron Darwin y Marx fueron víctimas de sus propios descubrimientos, y en la medida que por los mismos alcanzamos mayores cotas de libertad, sin embargo, el reduccionismo de sus conclusiones contribuyó decisivamente al alejamiento de la máxima kantiana de que «el hombre es un fin en sí mismo». Pues si somos el resultado o producto de realidades que nos trascienden, como acaban deduciendo ambos (la biología en el caso de Darwin y la economía en el de Marx), justo por eso seríamos un “producto” de las mismas, por lo que nuestro fin último se nos escaparía inevitablemente, pues siempre será relativo a estas realidades. Ahora bien, son los medios los que no tienen un fin en sí mismos, y, por lo tanto, son ellos a los que su identidad no les pertenece, pues se les identifica para no ser ellos mismos. Es el caso de cualquier máquina. Así pues, la libertad que objetivamente se gana con dichos descubrimientos, hasta donde alcance su verdad, se pierde por otra parte en su afán reduccionista, pues tratan de “reducir” a una sola dimensión ontológica, a un ser que, por su dimensión esencial, que es su ser consciente, está simultáneamente más allá y en el seno de todas las dimensiones del ser, ya que es el ser que se autolocaliza.


Con Charles Darwin el ser humano queda vinculado al resto de las especies animales por medio de una solidaridad genética que no limita, sino que, por el contrario, facilita el hecho de la singularización de las diversas especies. Pero esta filiación, que constituye, desde el punto de vista del conocimiento, una avance importantísimo para el control racional y realización de nuestras posibilidades somáticas, al ser considerada como nuestra realidad esencial en tanto que seres vivos, reduce las dimensiones de lo consciente a meros instrumentos al servicio de la supervivencia. Ahora bien, como todo instrumento es un medio cuyo fin no le pertenece, es imposible hablar de libertad cuando aquello por lo cual nos diferenciamos de lo que no somos -la conciencia- es un simple medio que sólo sirve a la ciega autorreplicación de estructuras bioquímicas -los genes- que, según J. Monod, son el resultado del azar y la necesidad.

Sin embargo, el cuerpo es objetivizado por la conciencia, lo que significa para ésta mayor independencia respecto a aquél y al medio. Y esto tanto es así que se puede decir que uno de los vectores esenciales de la evolución es el control progresivo del cuerpo por la conciencia. Esto le ha permitido despojar al cuerpo de los instrumentos naturales de relación con su medio, que si bien permiten la supervivencia, por otra parte, y en la medida que son elementos constituyentes de su somaticidad, lo limitan a determinados entornos. Son, en otras palabras, inercias incorporadas, y, como tales, dependientes de un espacio natural. Con el hombre, gracias a la conciencia, estas inercias adaptativas son exteriorizadas como medios de trabajo, técnicas operativas, etc., lo que le permite actuar en cualquier medio, hasta el punto de que el propio cuerpo se convierte en el «Medio-Fin». Esto es, en el patrón universal de todo otro medio-instrumento de orden material. Es la conciencia, por lo tanto, la que libera, en el proceso evolutivo, al cuerpo, y con ello a sí misma, porque es en ella donde radica el poder de la libertad. La conciencia, pues, se autopresencia en mayor medida en tanto que libera al cuerpo de sus instrumentos naturales, esencialmente inertes, convirtiéndolo a su vez en patrón de todo instrumento inerte.

Cuando K. Marx elabora el Materialismo Histórico, creyendo, según sus propias palabras, haber puesto la dialéctica idealista de Hegel sobre sus pies, y por lo tanto en condiciones para andar, o sea, avanzar como método científico, tiene en mente aquella dimensión de lo social que para él constituye el fundamento último de todo cambio, y lo que es aún más importante, la que constituye la matriz misma de la identidad del hombre. Esta matriz no es otra, según Marx, que la economía, cuya fuerza motriz radica en el desarrollo de las fuerzas productivas. Todo lo demás serían “superestructuras”, incluyendo lo que en su tiempo se denominaban “producciones del espíritu”, y que Marx y Engels llamaron ideologías, y cuyo papel no sería otro que el de legitimar las relaciones de producción existentes en los distintos modos de producción que a lo largo de la historia se han sucedido. Ahora bien, ocurre que, excepto ese período histórico que los creadores del materialismo histórico denominaron “comunismo primitivo”, el resto de la historia la sociedad ha estado dividida en clases sociales, debido a la apropiación por parte de un grupo humano de los medios de producción; hecho que le ha permitido la explotación directa e indirecta del resto de las clases.

El mérito de Marx consiste, a nuestro parecer, en haber descubierto el papel legitimador que en gran medida las “producciones espirituales” -ideologías- realizan del tipo de relaciones existentes. Aristóteles aprueba la esclavitud; en el Bhagavad-Gita la división de la sociedad en castas recibe asimismo una sanción positiva; Adam Smith nos habla de una “mano invisible” que regula el mercado, y así un largo etcétera. Son «racionalizaciones», en el sentido del psicoanálisis, que se introducen en la mayor parte de las producciones del pensamiento, debido también a una represión, esta vez ejercida por una clase social sobre otras clases que, siendo desde el punto de vista de su esencia humana idénticas, sin embargo una se considera superior a la otra o las otras, lo cual conlleva una inevitable distorsión en la autoidentificación de todos. Dicho de otra manera, es la división social en clases lo que constituye una auténtica barrera para la objetivación por el ser humano de su propia esencia. Ahora bien, aquello por lo que no se permite que lo que tenga que presenciarse se presencie es lo que llamamos represión. Luego la simple existencia de clases constituye en sí misma una represión, pues impide, repetimos, la objetivación del Nosotros Mismos universal.

Pero Marx, aunque descubre que en las sociedades de clase “el amor a la verdad” no es tan desinteresado como parece -y éste es uno de sus mayores logros- a renglón seguido considera que la identidad humana es relativa a las relaciones de producción históricamente determinadas. Descubierto el enigma de la Esfinge, el que se despeña es Edipo. Es, pues, un factor imponderable -el desarrollo de las fuerzas productivas- el que, en última instancia, acuñará en la moneda de la sociedad la efigie que nos corresponda como identidad relativa.

Ahora bien, este determinismo económico-social surge después de un auténtico descubrimiento liberador, ya que descubierto el fundamento de la “falsa conciencia”, el camino a emprender ha de ser el de conquistar la auténtica Conciencia, aquella que nos define como «comunión de singularidades».

viernes, 19 de noviembre de 2010

CONFERENCIA DE EMILIO CARRILLO EN CÓRDOBA: CRISIS VERSUS MUTACIÓN.

El pasado día 17 de noviembre tuvimos la ocasión de tener entre nosotros a Emilio Carrillo, que nos ofreció una bella y magnífica conferencia titulada Crisis versus mutación: Expansión consciencial y economía del corazón, que nos llegó, efectivamente, al corazón. Reproducimos aquí un breve fragmento del texto que le sirvió de base.

"¿QUÉ HACER?
Cuestión de consciencia.

Antes de plantearse esta cuestión –y sus posibles respuestas- hay que asumir e interiorizar que no estamos ante una crisis, sino en una mutación del sistema dominante que lo ha transformado en absolutamente depredador en torno al eje globalización-especulación. Hasta que individual y socialmente no haya consciencia de esta realidad y de sus impactos directos, sopesar el qué hacer será un ejercicio inútil.

Y, por supuesto, no caer en la trampa de pensar de manera voluntarista que pasado un tiempo, uno o más años, las aguas volverán a su antiguo cauce. Una crisis es reversible; una mutación, no.

En cualquier caso, lo que se haga deberá orientarse a una Economía desde el Corazón (título de un hermoso libro de Paul Samuelson, editado en España por Orbis en 1984) que plasme una nueva Consciencia de Unidad (cimentada en el hecho de que todos somos Humanidad, así como en la plena integración y coherencia armónica de ésta en la Madre Tierra) y ponga la Revolución Tecnológica y la ciencia al servicio de una economía de la abundancia (energías libres…) centrada en compartir, en lugar de un productivismo tan ingente como insensato, y materialice un nuevo estilo de vida basado en el sentido común en la delimitación y satisfacción de nuestras necesidades, la armonía ecológica, la justicia y la equidad social y la solidaridad y la paz internacional.

Y junto a las propuestas de medidas que se deben que tomar, hay que articular las vías para llegar a tomar esas medidas, lo que debe pasar tanto por acciones personales, familiares y comunitarias a escala local de cambio de vida y transformación interior, pues se precisan ojos nuevos para un mundo nuevo, como por actuaciones sociales y globales dirigidas a forjar una nueva realidad que la Humanidad, en su conjunto y sin excepciones, pueda abrazar. Y la salida tiene que ser juntos, sin divisiones ni dicotomías tan falaces como estériles.

Compartir y consciencia de unidad.

Compartir implica acometer transformaciones macroeconómicas y estructurales que, desde una perspectiva de equidad social y global, fomenten la eficiencia del sistema productivo, el ahorro, la inversión y la innovación, así como el comercio justo, la cooperación y la redistribución de la riqueza a escala local y global.

Compartir supone también trabajar con prioridad en educación y en valores.

Compartir representa abordar lo microeconómico desde un nuevo prisma: por ejemplo, lo que a usted y a mí nos corresponde poniendo sensatez ante el consumismo rampante y evaluando cuáles son nuestras autenticas necesidades sin caer en la hoguera de las vanidades.

Y compartir conlleva poner a la persona, al individuo en sociedad, en el centro del sistema, desde una consciencia de unidad, pues todo lo anterior será una quimera si cada uno, cada persona, no realiza un trabajo interior dirigido a adquirir un nuevo nivel de consciencia en el espacio transpersonal.

Se trata de ser más plenamente humano en el convencimiento que nuestra personalidad individual es un logro de la evolución, pero también una limitación. Hay que comprender la realidad más allá del "yo", de un egocentrismo que nos está arrastrando al precipicio. Para salir de esa limitación tenemos que ampliar nuestra consciencia y entrar en el nivel de unidad: constatar que somos uno con todo, que cada uno tiene sentido en la totalidad; e impulsar una visión holística de uno mismo y de la realidad.

Sin este cambio de consciencia será muy difícil, por no decir simplemente imposible, dar respuesta a los problemas sociales, económicos y ecológicos de la sociedad global. Y ello conduce a la conclusión de que en el momento presente es hora de evolucionar."

Emilio Carrillo Benito.
Economista y escritor, Experto en Desarrollo Local por Naciones Unidas, Técnico de la Administración General del Estado y Profesor colaborador y visitante de diversas Universidades españolas y extranjeras. Preside la Red de la Unión Iberoamericana de Municipalistas (UIM) y la Fundación Andaluza Nuevo Mundo (FANUM).

Blog: El Cielo en la Tierra (http://emiliocarrillobenito.blogspot.com)

jueves, 18 de noviembre de 2010

LA ESENCIA DEL CORÁN

Creyentes,
no anuléis vuestras limosnas
recordando vuestra generosidad,
o mediante malos procederes,
como hacen quienes gastan su riqueza
para ser vistos por la gente,
sin creer en Dios
ni en el último día.
A lo que esto se asemeja
es a una dura piedra cubierta de polvo
sobre la que cae un aguacero
y la deja desnuda:
No pueden obtener nada con lo que han ganado.
Y Dios no guía
a la gente que (Le) rechaza.
Y el ejemplo de quienes
gastan su riqueza
intentando agradar a Dios
y fortalecen su alma
es semejante
a un jardín sobre un otero
sobre el que cae un aguacero
y hace que sus frutos se dupliquen;
o si no cae el aguacero,
[caerá] entonces el rocío.
Dios ve todo lo que hacéis.

De La esencia del Corán. El Corazón del Islam. Selección de Thomas Cleary. Edaf, 1994, pp. 48-49.

jueves, 11 de noviembre de 2010

ARTÍCULO PARA LA REFLEXIÓN: LOS CÍNICOS.

Artículo de CARLOS GARCÍA GUAL aparecido en EL PAÍS en el 30/10/2010:

Bajo el emblema del perro ( kúon) los filósofos cínicos aparecieron en la vieja Atenas como un movimiento de oposición radical a la cultura y la política de la época. Con su actitud irreverente despreciaban la civilización y todas las convenciones sociales en su audaz invitación a la anarquía, rechazando el orden, con libertaria desvergüenza. Proclamaron la igualdad de todos los seres humanos, sin distinción de clases, naciones ni sexos. Eran cosmopolitas, no participaban en los asuntos de la ciudad, aborrecían los lujos y comodidades, se burlaban de los ritos y las creencias religiosas, prescindían de los placeres refinados, gustaban del amor libre, y consideraban el trabajo y el esfuerzo fundamento de la virtud. Todo ello, como es obvio, resultaba muy provocativo en el mundo griego, incluso en una democracia como la de Atenas; y muy en contra de lo que pensaron Platón y Aristóteles. Por otra parte, no ambicionaban el poder ni pretendían cambiar la sociedad insensata de la época proponiendo un nuevo modelo antiburgués. Por más que imaginaron curiosas fantasías utópicas de diseño igualitario y anarquista. Fueron, por lo tanto, más rebeldes que revolucionarios, pensadores individualistas, sin grandes ilusiones respecto a la aceptación de sus puntos de vista por la gran mayoría de sus convecinos. (Si el sabio Bías dijo que "los más son malos", muchos filósofos pensaban que la mayoría de la gente son necios). Los cínicos fueron una secta filosófica callejera y sin escuela fija. Perduraron como alegres vagabundos de mantos burdos, alforja mínima y bastón de peregrino. A través de Antístenes conectaban con Sócrates, y después, gracias al amistoso Crates, inspiraron a Zenón y los estoicos, filósofos más respetables y predicadores virtuosos. El tipo más famoso de la secta fue Diógenes, apátrida y mordaz, que no tenía nada, vivía en una tinaja, se burlaba de todo, y escandalizaba a menudo. De él circularon pronto estupendas anécdotas, como la famosa de que, cuando Alejandro le visitó y dijo que le pidiera un deseo, le repuso que se apartara del sol y no le hiciera sombra. El buen cínico no espera nada, no desea nada; austero, apático, libre, busca una vida natural, como la del perro. En su "regreso a la naturaleza" anticipa la conocida tesis de Rousseau acerca del "buen salvaje", y resulta un evidente precursor de los afanes ecológicos modernos. Crates imaginó una isla ideal poblada de cínicos, Pera (la de la Alforja), "sin necios, ni parásitos, ni glotones, ni culos prostituidos; que produce tomillo, ajos, higos y panes; cosas que no invitan a guerras ni honores, y donde no hay armas ni dinero". Como señaló Peter Sloterdijk, el cínico antiguo es muy distinto del tipo que ahora llamamos "cínico" (para su distinción utiliza la consonante: Kynikós frente a Zynikós). El cínico moderno es más bien un hipócrita: no cree en nada y desprecia en su interior las convenciones sociales; pero disimula y se somete por comodidad y afán de medro. El anarquismo moderno es una doctrina revolucionaria y de empeño político. Surge de un anhelo de una sociedad mejor, más justa e igualitaria; es filantrópico y compasivo, si rechaza el orden actual (anarquía viene del griego an-arché "desorden") es porque confía construir otro, mejor para todos, donde reine la libertad y no la opresión, en un mundo feliz. En ese ideal pueden percibirse todavía algunos ecos de la utopía antigua.
Enviado por Serafín P. Canalejo el 9/11/2010.

martes, 9 de noviembre de 2010

EL DINERO


El dinero no es otra cosa que la expresión objetiva del desgaste sufrido por la fuerza de trabajo, ya que es el trabajo humano, como ya descubrió la teoría marxista, la fuente creadora de todo valor. Así pues, la fuerza de trabajo humana, al aplicarse a su objeto (sea cual sea éste) y transformarlo, le otorga un valor económico sobreañadido que es el que acaba traduciéndose en dinero. De esta forma, podría definirse este último como la forma social de objetivación de la forma indiferenciada del trabajo, ya que en el dinero acaban plasmándose -u objetivándose- múltiples formas de trabajo.

Pero en ese proceso, es indudable que la fuerza de trabajo sufre un desgaste, que no es otro que el sufrido por el cuerpo en el proceso de trabajo. Es por ello que en todo objeto existe siempre algo común, intercambiable, y que no es otra cosa que la fuerza de trabajo consumida en él, en la cantidad que sea. Así, cuando intercambiamos objetos en el mercado, empleamos un elemento de homogeneización de los objetos que nos permita dicho intercambio, y que no es otro que el dinero. Pero es ese desgaste de la fuerza de trabajo humana el verdadero patrón en relación al cual todo lo demás se ajusta, y, en este sentido, constituye el verdadero “valor” del dinero, su auténtica base real. Y de la misma manera que ese desgaste del cuerpo humano debiera reflejarse en el dinero a través de una medida determinada, habría que incorporar también en el producto el desgaste de la naturaleza, que requiere también su propio tiempo de recuperación, y que, obviamente, no se está hoy respetando.

De esta forma, va esclareciéndose la verdadera naturaleza del dinero: el dinero es puro espacio económico. Y es espacio porque permite el cambio sin alterar la identidad del objeto que se intercambia. En este sentido, es lo indiferenciado capaz de ser transmutado en cualquier objeto, pareciendo con ello adquirir la cualidad de un vacío primigenio del cual emana todo.

Sin embargo, al contrario que la conciencia humana, el dinero no es creador. Son el trabajo humano (indiferenciado sólo en cuanto a desgaste de energía y/o estandarización en su realización) -y, sobre todo, la capacidad creativa humana, que no es nunca indiferenciada- los verdaderos re-creadores de la realidad: son ellos los que la diferencian y crean nuevas singularidades en la misma, por lo que constituyen el elemento (también económico) esencial. Aquello que es pura indiferenciación, puro espacio carente de identidad, puro medio, como es el dinero, no puede ser nunca, aunque se pretenda, el elemento ordenador esencial. Y es evidente que considerarlo así trae consigo graves distorsiones.

Francisco de Goya, La fragua (1812-16)
Todo lo anterior conduce a la reflexión acerca de la legitimidad de la distribución del dinero. Si éste no es otra cosa que la expresión del desgaste de la fuerza de trabajo y de la propia naturaleza, parece claro que la acumulación del mismo es, indefectiblemente, una apropiación de la energía de otros. De ahí surge la pregunta: ¿qué tenemos derecho a ganar? Y, por tanto: ¿cuánto tenemos derecho a gastar?

(Relacionado con este tema recomendamos: «La función "Mefistofélica" del dinero»)

viernes, 5 de noviembre de 2010

EL ODIO A LA PALABRA

No bastaba el desprecio al discurso o al lenguaje. Se pasó del desprecio al odio. […] No basta ridiculizarla y mostrar la vanidad de esta expresión humana inadecuada... Hay que destruirla. Desestructurar el lenguaje, no sólo en el análisis teórico, sino también en la práctica, que lo descalifique y deshonre. […] Trato del acto deliberado del que controla y domina perfectamente el lenguaje y la lengua y quiere matarla mediante el ejercicio que la ridiculiza, mostrando a los ojos de todos que la palabra no es portadora de nada, que no dice nada, y que el que habla es una máquina averiada e incluso que siempre estuvo averiada. […]

El odio contra la palabra está exacerbado únicamente por el que se siente enemigo del hombre mismo. Pero curiosamente se presenta como manifestación del afán de libertad humana. La problemática es muy sencilla; primer tema: la lengua está construida, hay un vocabulario delimitado, una sintaxis, locuciones, ortografía... Es a la vez normativa y depende de normas que el hablante no ha estatuido. Nos enseñan a hablar. […] Por lo tanto se nos encuadra. Nos moldean. Nos encierran. Por el hecho de aprender una lengua, pierdo mi libertad. ¿Mi libertad para qué? Pues claro, para crear una lengua ex nihilo, mi propia lengua. Y es una privación inaceptable, una violación del más sagrado derecho, el de hacerme a mí mismo. […]

El lenguaje, instrumento de poder. En esta sublime protesta sólo descuidan una cosa: que la palabra no consiste en emitir ruidos inarticulados, a los vientos del mar, sino que es únicamente vehículo de uno hacia otro, relación de un hombre con otro hombre, y la relación exige necesariamente un código […]. Para hacerse hombre, liberado del lenguaje enseñado y condicionado por el hombre, renuncian pura y simplemente a toda relación con los demás y a lo que constituye la verdadera especificidad humana, la palabra. No se camina hacia una mayor libertad, sino hacia el cretinismo. […]

Sólo la palabra es revolucionaria, es el lenguaje que puede actualizar la esperanza humana. Y esto está implícito en su relación con la verdad. Y la clase dominante tiene que combatir en una batalla tramenda, inmensa, esta zapa subterránea. Hay que castrar la palabra, domesticarla, cribarla, desangrarla, para convertir el lenguaje en un instrumento neutro. ¡Cómo no ven que luchar contra el lenguaje construido, odiar la palabra, es hacer precisamente el trabajo de la burguesía dominante y esterilizar la única fuerza que cuestiona la clase dominante! Cuando pasamos del lenguaje de Marx al de Dada o al de Artaud, la burguesía respira con una sensación de alivio: se ha destruido el lenguaje, ya no dice nada, ¡ya no hay nada que temer, pues! ¡Qué loca estupidez pensar que destruyendo el lenguaje, haciéndolo no-significativo, se realiza una acción revolucionaria! ¡Si la propaganda funciona sólo gracias a un lenguaje, al que previamente se privó de significado!.

Jacques Ellul, La palabra humillada, S.M., 1983, pp. 233-239.

Relacionado con este autor le recomendamos:  LA PALABRA HUMILLADA; ELLUL Y LÉVI-STRAUSS

domingo, 31 de octubre de 2010

EL LOGRO DE LA OBJETIVIDAD EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES

 Rafael SanzioLas Tres Gracias
(1504-5)
Se puede decir que el infierno es allí donde nadie se reconoce, siendo el reconocimiento el poder de ser el que se es en cualquier contexto o circunstancia, que es lo que a su vez nos permite reconocernos en el sentido de estar a bien con nosotros mismos. Lo anterior vale también en plural, pues es lo que en el fondo se experimenta en cualquier colectivo que de alguna manera se reconoce: ser nosotros mismos en cualquier circunstancia o lugar, identificándonos por tanto como Uno en todas nuestras diferencias y nuestros cambios, que es lo que nos lleva al reconocimiento recíproco en el sentido antes aludido.

Uno de los ámbitos en los que se hace fundamental lograr el reconocimiento es en las relaciones interpersonales. Ello no es posible sino mediante la superación de la subjetividad en las mismas, que es lo que, en buena medida, nos impide entendernos. Así, si no establecemos reglas objetivas, aparece el “pensamiento mágico” o los “ídolos” (como los denominaba el filósofo Bacon), esto es, el laberinto insalvable de la subjetividad. Para ello resulta fundamental recordar algunas normas básicas:

Evitar la falta de reconocimiento, tanto a los demás como a lo Uno en todas sus diferencias y en relación a ellas. El mundo es Uno, en el sentido anterior, y en función de ello debe actuarse.

No podemos evitar comunicarnos. Así pues, si continuamente estamos comunicando, debemos tratar de hacerlo lo mejor posible.

En toda comunicación, la esencia de la misma son los interlocutores. Es por ello por lo que se ha de reconocer al interlocutor, aunque se discrepe de su opinión.

Ponernos también en el punto de vista nuestros enemigos. Ello significa entender sus actitudes y comportamientos, y por lo tanto poder vernos como nos ven, para llegar de esa manera a poder aproximarnos, trasmitiendo dicha actitud a los demás, especialmente a los niños.

No sentirnos nunca víctimas, sino sentirnos agentes de transformación, que es lo que debemos ser. Aquel que se siente víctima se presenta como un fracasado




GiottoLa Visitación, (1310)
No debe olvidarse que la verdadera obra de arte es la relación humana, que se convierte en patrón de todo lo demás, en canon. Es en función de ella como se mide todo lo demás, y es por ello por lo que esta relación no se puede medir, sino que se vive en plenitud, siendo en relación a ella cómo todo lo demás aparece como medio.

Así pues, la norma básica de toda relación humana es que el otro no es nunca un medio, sino alguien que posee su propio sentido, su propia significación. Toda auténtica relación humana (que se reconoce por lo anterior) es, por tanto, desinteresada, como ocurre con la contemplación de la obra de arte. De esta forma, cuando nos relacionamos con los demás conforme ellos son, y los demás con nosotros conforme somos nosotros, aparece la Relación Bella.

Relacionado en este tema le recomendamos: DECÁLOGO DE LA AUTENTICIDAD.
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