jueves, 4 de abril de 2013

UNIDAD

Traemos a este blog unas hermosas y lúcidas palabras sobre la acuciante necesidad de Unidad del filósofo y psicólogo Norman O. Brown , cuyo libro, El cuerpo del amor, es una de las obras fundamentales del pasado siglo.

«Hoy por hoy, en nuestro mundo, sólo hay un problema político: el de la unificación de la humanidad. La Internacional será la especie humana. "Para que sean uno -ut unum sint". Ésta es la última plegaria de Cristo antes de la crucifixión y fue asimismo la última plegaria del difunto Papa Juan XXIII; debe estar al lado de la plegaria de Freud en El malestar de la cultura. Porque en verdad no se logrará el uno hasta que se reconozca que Freud, Marx y el Papa Juan XXIII hablan al unísono; o Freud, Marx y el Papa: la cosa es reunirlos. Juan, X, 16: "Tengo también otras ovejas, que no son de este aprisco, las cuales debo yo recoger, y oirán mi voz; y de todas se hará un solo rebaño, y un solo pastor".»


«La meta de la psicoterapia es la integración psíquica; pero no hay integración del individuo separado. El individuo se obtiene mediante división; la integración del individuo es una empresa estrictamente autocontradictoria, como se pone en evidencia en los fútiles intentos de los psiquiatras por definir "qué es lo que entendemos por salud mental" en la persona individual. La meta de la "individuación", o el reemplazo del yo por la "personalidad", oculta engañosamente la drástica ruptura entre el principium individuationis y el principio dionisíaco, o embriaguez, de unión, o comunión, entre hombre y hombre, y entre hombre y naturaleza. La integración de la psique es la integración de la especie humana y la integración del mundo con el que estamos indisolublemente unidos. Sólo en un mundo puede haber el uno. La voz interior, la salvación personal, la experiencia privada se basan, todas ellas, en una distinción ilusoria. La conciencia es tan colectiva como el inconsciente; sólo hay una psique, yo-cósmica, en relación con la cual todo conflicto es endopsíquico, y toda guerra, intestina. De aquí que cuando Caín mató a Abel, se mató a sí mismo: "pues el alma, que no pertenece a la categoría de las cosas separadas entre sí, sino que corresponde a la categoría de cosas que forman una sola totalidad, debe padecer necesariamente lo que parece hacer".

NORMAN O. BROWN, El cuerpo del amor, Planeta-De Agostini, 1986 (edición original de 1966), pp. 90 y 96.

3 comentarios:

ignaciano dijo...

Muchas gracias y muy interesante. Saludos de ignacio.

Asociación Aletheia dijo...

¡Fíjate que se plasmaron estos pensamientos en 1966 y cómo andamos todavía! ¡Qué bonito pensar que solo existe ese problema político: el de la unidad de la humanidad, ¿verdad?!
Saludos. Rosa.

Olga i Carles (http://bellesaharmonia.blogspot.com dijo...

Sólo hace falta el desprendimiento y el desapasionamiento por el orgullo.
Desnudarnos y ser capaces de sentir que Somos la Luz del mundo.



Gracias.

Abrazos, besos y sonrisas.

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